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Narrativa
04 07 2016
Solo una partida de ajedrez (novela) de Gustavo Antonio Aponte

Un docente que enseña en penales conoce a una hermosa prostituta colombiana de la cual se hace cliente y luego amigo. La relación deviene en la posibilidad de convivencia por pedido de ella, tornándose un vínculo afectivo entre ambos. Camila, la prostituta, le confiesa que se encuentra prófuga de la justicia por estar acusada de formar parte de una banda narco criminal internacional. Tras tomar conocimiento de esta situación, el docente se percata que en cierta forma, él está siendo vigilado por la policía para dar con la mujer y otros integrantes de la banda que se encuentran también prófugos. A los días de enterarse de la situación legal de ella, la policía la arresta y la lleva detenida al mismo penal donde él dicta clases. El profesor queda inmerso en una maraña conformada por sus sentimientos encontrados; por un lado su deseo de ayudarla, el temor a quedar implicado en la causa judicial, el reconocer que fue usado por ella y la necesidad de demostrar su inocencia para aquellos que puedan investigar su vínculo con Camila. Esto lleva a que cada acción del profesor tenga que ser analizada minuciosamente para rehuir a consecuencias funestas y con el objetivo de evitar ser judicializado. Su vida se transforma en una suerte de angustiante partido de ajedrez.

Copyright: Gustavo Antonio Aponte

ACERCA DEL AUTOR
Gustavo Antonio Aponte

Gustavo Antonio Aponte, Buenos Aires (Argentina), 1967. Hizo sus estudios en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) carrera de la Licenciatura en Ciencias Biológicas y Profesorado en Educación Media y Superior de Ciencias Biológicas. Como biólogo se desempeñó dentro del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Como docente, comenzó su carrera en 1992 en escuelas secundarias del partido de La Matanza (prov. de Buenos Aires, Argentina), para luego transformarse en un docente universitario. Desde hace varios años, se desempeña como docente de computación en talleres extracurriculares en cárceles federales destinados a presos, dentro del programa UBA XXII.