Arte
02 06 2020
¡Abajo las máscaras! de Olga Luna por Bernard Vasseur

Olga Luna es una artista que no sabe quedarse quieta. Siempre de viaje y lejos de su casa, por todo el mundo, porque no se resigna a reducir su arte a una mera búsqueda plástica, sino que quiere convertirlo en un experimento social y una práctica generosa de la fraternidad.
Por supuesto, Olga tiene tras de sí una magnífica obra. Pero sin acomodarse ni siquiera un poco en la repetición de lo que ha funcionado, sigue queriendo enriquecerlo con nuevos hallazgos. Conoce la pintura, sabe ponerse delante de su caballete, sacar su paleta y extender sus colores en el silencio de su estudio. Su talento es elogiado en muchas exposiciones, su habilidad es reconocida y su arte múltiple tiene muchas facetas. Sabe trazar toda una geometría sensual que parece querer saltar fuera de su lienzo y dar a quien la mira la ficción de un relieve que no tiene (¡la artista aquí ya juega con nuestras ilusiones!). “Que nadie entre aquí si no sabe Geometría” decía Platón (a quien no le gustaban los pintores ni otros creadores de imágenes) en el dintel de su Academia en Atenas, para preparar al banquete especulativo de la filosofía, pero, en el estudio de Olga, los triángulos, los rombos y los prismas de colores, aunque están muy presentes, nos entusiasman más bien en una ronda alegre del lado de la ropa de Arlequín.

(Ensayo tomado del catálogo “Capita” de la exposición de Olga Luna del 1ro de febrero hasta septiembre de 2020 en la Casa de la cultura Elsa Triolet, sita en la pequeña ciudad de Saint-Arnoult-en-Yvelines, a 14 km de París. El texto fue traducido del francés por Javier Lillo del Valle).

Copyright: Bernard Vasseur

ACERCA DEL AUTOR
Olga Luna

Olga Luna (Lima, 1947) reside en París desde 1972. Realizó sus estudios en la Escuela Normal Superior de Bellas Artes de Lima (1962-1968) y después residió en Madrid (España), donde llevó a cabo investigaciones en el Museo del Prado (1969). Prosiguió sus estudios en varios países europeos y de Asia, antes de instalarse en París en 1973. Después de haber explorado diferentes tipos de figuración, Olga Luna incorporó en sus obras elementos geométricos abstractos y, desde de 1985 utiliza regularmente arcilla en sus composiciones. A partir de 2001, su trabajo sobre los materiales, las formas y la luz la condujo a realizar una serie de obras en torno a la temática del Arlequín.