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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Homenaje
4 7 2009
Postales porteñas (relato) por Rudy Gerdanc

“Siempre seré feliz en el lugar donde no esté”

—¿Adiviná quién dijo eso? —preguntó Anselmo.
—Mm, parece dicho por un argentino —vaciló Florence.
—¡No, che! Es de un compatriota tuyo, Carlitos Baudelaire.
Anselmo habla francés, escribe en castellano y sueña en argentino. Es uno de esos especímenes atípicos dentro de la extensa gama de exilados. Es de los que compraron un billete Baires-París-(Baires). Pertenece al grupo de los exilados involuntarios, aquellos que sin proponérselo se fueron quedando. De los que salieron por diferentes motivos: becas, turismo, aventura, a probar suerte, a ver qué pasaba, a buscar la felicidad eterna, el lugar ideal o encandilados aún por el Siglo de las Luces, y empezaron a echar raíces y ahora tienen el sentimiento de no ser de aquí ni ser de allá.
Postal I: Toma de la Plaza San Martín, unos jóvenes piropean a dos chicas, al fondo la Torre de los Ingleses frente el Muro de los Caídos en la Guerra de las Malvinas, más atrás Retiro y el Puerto. Florence escribió: “Esta ciudad es un poema, y todos sus habitantes son unos verseros.”
—¿Así que te vas a turistear a Buenos Aires?
—Sí, cuéntame algo de tu ciudad....
—Para mí es muy ingrato hablar de mi propia ciudad, es tan traumático como querer ser objetivo al hablar de mi madre; cómo hablar de ella sin caer en edípicos clichés. Por algo somos la ciudad más psicoanalizada del planeta y poseemos la única Villa Freud del mundo.
Ya verás cuántas contradicciones, cómo debajo de ese cielo límpido existe una ciudad aparente que, por mirar hacia Europa, le da la espalda a América Latina. ¿Sabés una cosa? en los manuales escolares nos enseñan que la Argentina es un “crisol de razas”, sin embargo aplicaron la xenofobia contra los anarquista y el asilo político a los nazis.
Postal II: “La peatonal calle Florida, cabezas que suben y bajan, parece un hormiguero pateado.”
—Si seguís derecho por Florida llegás a Plaza de Mayo, ahí está la Casa Rosada, el Cabildo y la Catedral. Te sugiero ir un jueves y verás a las Madres de los Desaparecidos pidiendo aún justicia. Hacia la izquierda vas a ve el reciente Puerto Madero, reciclaje de un puerto activo, de cuando éramos “el granero del mundo”.
Hoy en día, los antiguos galpones y hangares son oficinas multinacionales, restaurantes de lujo y departamentos privados. Por la dársena pasea la burguesía porteña haciendo alarde de megalómana ostentación.
Postal III: Puerto Madero “Si hay pobreza, que no se vea.” Florence. Esa máxima me recuerda cuando la dictadura militar, para el Mundial del’78, levantó muros alrededor de las Villas Miserias, pensó Anselmo.
—Hacia la derecha subís por la Avenida de Mayo. Esta avenida dividió franquistas de una vereda y republicanos de otra; sobre los republicanos,  vas a encontrar el Tortoni, tomás un café en la misma mesa de Borges, Roberto Arlt, Marechal, Macedonio Fernández y tantos otros.
El Tortoni es un café de 100 metros de largo. Se entra por una vereda y se sale por la otra. Es admirable el estilo, la decoración, las pinturas, los billares, y su peluquería privada.
—Si decidís continuar, después del Congreso y la Confitería El Molino, agarrás derecho por la Avenida Rivadavia. Vas a descubrir lo poco que queda  —allá arriba, entre fluorescentes afiches—de una floreciente arquitectura, y cómo los innúmeros ángeles -cagados por otras criaturas aladas- observan impotentes conspiraciones y conjuros ciudadanos. Bueno, si seguís vas a recorrer los cien barrios porteños, pero dejalos para otro día.
Postal IV: Vista panorámica de San Antonio de Areco. Don Segundo Sombra. “Argentina se me presenta como el fiel reflejo de Sodoma y Gomorra”.
Anselmo le había prevenido: —Tratá de no hacer cambios bruscos, antes  adecuá tus sentidos a la nueva dimensión de la Pampa. Podés sufrir alucinaciones a causa del vértigo horizontal. Mejor paseá un sábado a la noche por Corrientes, la calle de los insomníacos, los que no defraudan la noche, con bares, librerías, disquería, teatros y cines; donde mirar el reloj es una ofensa.
Observá bien los cafés, es como ir a misa, cumplen una fusión social de extrema religiosidad.
Postal V: La Piedad “Un detalle curioso, ¿por qué los clientes jamás se sientan en las mesas del centro, sino que va ocupando los laterales, de preferencia la ventana?”.
—Quizás a los solitarios les gusta mirar pasar el mundo o esperar a alguien que jamás llegará, a las parejas de enamorados mostrar su amor, a los poetas detallar la noche y a los lectores abstraerse donde haya más ruido, responderá Anselmo al regreso de Florence.
—¡Verás qué ruido! El porteño es un conversador apasionado, emotivo, efusivo, propenso a la exaltación. Sus charlas, circulares o ramificadas, son sin fin. El objetivo es arreglar el mundo, o al menos el país; después..., después caen en el desánimo, la depresión, la resignación.
—A la mañana siguiente, tempranito, te tomás el 152 hasta el Riachuelo, y estás en La Boca, recorrés el barrio de inmigrantes italianos, Caminito, la feria artesanal y al Museo del pintor Quinquela Martín.
Postal VI: “He pasado medio día aquí, en el museo. A la tarde descubrí el lirismo futbolero del domingo, donde todos hablan y nadie se entiende. La calle era una marea humana. Terminé trepada a un ombú.”
 Postal VII: muestra una larga parrillada, con kilométricas tiras de asado, chorizos y cantidad de vísceras. Florence escribió: “Los argentinos tienen muchos tabúes pero a la hora de comer, los insumos sexuales son los más codiciados: las señoras saborean los testículos del novillo y los señores las glándulas mamarias de la vaca. ¡Tiens! otro motivo de psicoanálisis: castración y destete.”
 —Que no te sorprenda, los argentinos estaban predestinados a comer 1 kilo de carne por persona, si te fijás bien la silueta del país tiene la misma forma que un bife. Te aclaro que cuando en la lista del menú encontrás: “un matrimonio para dos”, quiere decir chorizo y morcilla para dos personas. Hay un hecho curioso, casi contradictorio, y debe ser a causa de su sentimentalismo, no comemos el corazón porque parece que pertenece al tango, sin embargo se lo damos al gato.
—Como postre, pedí dulce de leche.
Postal VIII: “En busca del sabor perdido.”  Fabricación tradicional de dulce de leche en el Cotolengo Don Orione.
—El argentino modesto dice que el origen del dulce de leche es incierto pero está convencido que es un invento argentino —como tantos otros inventos, como “Dios es argentino”—y que su indiscutible sabor nacional es gracias a la vaca. Por favor, traéme un tarrito; hablar de esto melancoliza el paladar. ¡Ah! y un paquete de yerba, el mate se me está secando.
—Mirá, sinceramente yo creo que la ciudad no está preparada para el turismo, al menos para el turismo en masa, como aquí en París, pero es  hospitalaria, hace culto a la amistad y serás acogida con las mejores galas. Dejate llevar, como en el tango, Buenos Aires es 2 x 4. Es cierto, no te hablé del tango pero esa es otra historia. 
—Todo lo dicho es el resultado de la más sincera imagen que produce mi recuerdo, y cada palabra lleva el peso de un significado personal.
Se despidieron y Anselmo cayó en el desánimo, la depresión, la resignación.

acerca del autor
Rudy

Rudy Gerdanc, Buenos Aires, 1956. Estudios de Ciencias Económicas y Ciencias Antropológicas. En 1986 se instaló en Francia.Sus cuentos fueron leídos en la radio y publicados en diferentes revistas en Argentina, México, Francia y España. En 1998, publicó su primer libro de cuentos Pasiones compartidas, Editorial Grafain, Barcelona, en francés, Passions Partagées, Editorial Barde la Lézarde. Su último libro El Pacto Carnal/Le pacte charnel apareció en el Mercado de la Poesía en 2008, Editorial Barde la Lézarde. París. Trabaja como bibliotecario y animador literario en el Centro de Formación Benoît-Frachon de la CGT. Finalista del XI Certamen Internacional de Narrativa Corta “Jara Carrillo”, Murcia, (España) y 1er Premio en el Concurso de Cuentos Voces del Chamamé, Oviedo, (España). 1995. Sus cuentos aparecen en las antologias: Cuentos Migratorios. Linajes Editores, México, 2000. Siete latinoamericanos en París. Editorial Popular, España, 2001.