resonancias.org

Arte
02 12 2010
Michel Houellebecq: ¿crítico de arte? por Jean-Luc Chalumeau
« volver

En resumen, en tiempos de marea baja para la literatura, el ex adepto del turismo sexual en los países del sureste asiático se habría vuelto un autor recomendable, cuya obra sería ahora susceptible de suministrar dictados para los alumnos de colegios y liceos. Algo me llamó la atención al pasar por la sección dedicada a las Bellas Artes de la tienda Virgin Megastore de los Campos Elíseos: ahí es donde se encuentra el libro estos días, en una pila enorme entre las obras de arte contemporáneo. ¿Se habría convertido entonces Houellebecq en crítico de arte, y no habría que tomarse en serio la mención “novela” anotada en la cubierta?

El protagonista es de hecho un artista-pintor, llamado Jed Martin, y el libro empieza con la descripción (prometedora) del cuadro que está pintando: “Jeff Koons acababa de levantarse de su silla, con los brazos hacia adelante en un impulso de entusiasmo. Sentado frente a él, en un sofá de cuero blanco parcialmente cubierto con sedas, algo replegado en sí mismo, Damien Hirst parecía estar a punto de emitir alguna objeción; tenía la cara rojiza, sombría, ...” El cuadro se titula “Damien Hirst y Jeff Koons se reparten el mercado del arte”. ¡Todo un programa! Pero la obra será destruida. Se puede leer en la página 208 que “el proyecto tenía una pertinencia histórica, se trataba de un testimonio bastante acertado acerca de la situación del arte en un momento dado. Ha habido, en efecto, una especie de reparto: por un lado lo divertido, el sexo, lo kitsch, la inocencia; y por otro lado, lo escabroso, la muerte, el cinismo...” Esta forma de retratar al dúo formado por Koons y Hirst resulta interesante, en todo caso provoca el apetito del lector interesado en el arte actual.

En la página 371, Houellebecq precisa su pensamiento por boca de Jed Martin: “El valor mercantil del sufrimiento y de la muerte se había vuelto superior al del placer y del sexo, y es sin duda por esta razón que Damien Hirst le había arrebatado a Jeff Koons unos años antes su primer puesto en el mercado internacional del arte.” Desde luego, esto se vuelve apasionante (y aún más cuando la intriga policiaca, bien construida, mantiene al lector en vilo). Se llega así a la página 395 esperando una explicación de los mecanismos del arte mundial a principios del siglo XXI. Decepción: respecto al retrato de Houellebecq en persona, realizado por Jed Martin, y que acaba de alcanzar la suma astronómica de doce millones de euros, el pintor, deprimido, suelta: “No hay que buscarle sentido a lo que carece de él.” Supongo que se trata de la conclusión del autor, que me parece un poco corta. Hay explicaciones acerca de los excesos, sin duda increíbles, del mercado del arte contemporáneo: Michel Houellebecq las ignora aparentemente. Es una lástima, pero al fin y al cabo, a pesar de la opinión de los libreros de Virgin Megastore, no es sociólogo ni crítico de arte.