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Arte
03 05 2011
Arte callejero en Buenos Aires por Marcela Mazzei
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Desde la vereda palermitana, un viejo Citröen pincelado de colores anuncia Década salvaje. Street art revisited, la muestra colectiva que reúne en una galería a cinco artistas que tuvieron un rol protagónico en el desarrollo del arte callejero local, un movimiento que incluye la música experimental y el audiovisual y que cumple una década desde el episodio detonante en su relato fundacional: la crisis de 2001.

Mientras que en el Norte, entre los subterráneos de Nueva York que un día en los 70 amanecieron cubiertos de tags —seudónimo de unos pandilleros armados con aerosoles—, a la nominación al Oscar de Exit to the Gift Shop, el documental del grafitero anónimo Banksy, el street art o arte callejero se instaló como una forma de expresión viva, original y muy atractiva incluso para el mercado del arte hace ya bastante tiempo, en la Argentina fue la crisis económica y social de hace una década la que funcionó como una catapulta para muchos jóvenes que salieron a imprimir en las calles su protesta en forma de esténcil o ponerle simplemente color a una realidad gris.

Por aquellos años, los artistas de "Década salvaje…" Nasa, Tec, Chu, Defi y Pmp –ausente en la inauguración por una paternidad inminente– se animaban a salir a pegar afiches y vaciar aerosoles en las ochavas hallando en el arte callejero un medio para expresarse. "Tiene que ver con tus ideas, comunicar lo que tenés en la cabeza. Así empecé en la calle, un lugar que está bueno para mostrar lo que hacés", definió Nasa, el día de la vernissage, con una multitud de la tribu urbana acompañándolos en la vereda.

La muestra, que se pudo ver hasta el 25 de abril en Gachi Prieto Gallery (Uriarte 1976, Buenos Aires), se gestó un par de años atrás: "En marzo de 2009, la curadora Angie Roytgolz me presentó a estos artistas, que trabajan en las calles de Palermo, Colegiales, Belgrano aunque ahora se están expandiendo", relató Gachi Prieto, la galerista. "Entendía que era importante trabajar el adentro y el afuera: que estos artistas puedan mostrar dentro de una galería, que se maneja de una manera más convencional", definió Prieto, que apuesta a la libertad con que trabajan. "Más allá de sus profesiones (diseñadores, arquitectos, de bellas artes), la pintada es libre, espontánea y poco a poco van consolidando su trabajo individual en el taller".

A los esténcils, afiches, brochas y latas de pintura de la obra en las calles, en esta muestra se suma la experimentación con otros soportes, como las "cajitas que contienen instantes" de Defi, pequeñas instalaciones con delicadísimos detalles que remiten a recuerdos. "En la calle trabajé más que nada con fotocopias grandes, gigantografías, y cuando empecé a pintar cuadros trasladé la pintura de los cuadros a la calle –detalla. Entonces el trazo de un cuadro tomó tamaño, hasta que lo fui dejando y llegué a otros objetos".

Con el estigma de la transgresión en su movimiento fundador, el arte callejero alcanzó su propio estatus estético, definido por un lenguaje con tantas variables como centros urbanos lo adoptaron. "En cada ciudad se desarrolla un estilo particular. Acá no hay un estilo sino que hay varios, pero son propios de la ciudad", explica Chu, que describe el trabajo del equipo como "arte en sí: somos artistas que nos gusta hacer muchas cosas". Como movimiento global, el arte callejero local –aunque no exclusivamente– se identifica con el italiano BLU. "Es amigo nuestro, hace varios años que visita Buenos Aires, adora la ciudad, y es el más interesante y potente, porque maneja conceptos fuertes, a gran escala y con una buena técnica. Todos los demás están lejos", sentenció Tec delante del mural que los cinco pintaron juntos para esta muestra.

Inserto en el mercado del arte, el street art enfrenta sus dilemas ahora en conservar su especificidad y, por ejemplo, no confundirse con las agencias publicitarias que los veneran por la calidad expresiva y el atractivo estético de su tarea, y porque congregan a los jóvenes urbanos: todos atributos con los que algunas marcas buscan asociarse. Y aunque ya está presente en las galerías, todavía no ha pisado fuerte los museos. "En otros países, los artistas argentinos participan de muestras en museos importantes. De hecho, este grupo viajó a muestras internacionales y en agosto están invitados al Museo de Arte de San Pablo".

¿Qué queda en sus trabajos de ese espíritu de vandalismo con qué nació el arte callejero? Para estos artistas, su transgresión es positiva; lo que consideraban transgresión es darle color a una cuidad gris, opacada. Y aunque pintar en la vía pública no está demasiado reglamentado en el país y puede surgir la pregunta de si es o no legal, en la realidad no es un problema. De hecho, en la Argentina, a diferencia de otros países, los artistas no son perseguidos, la policía no los interrumpe ni los lleva presos, tienen mucho tiempo para pintar y la gente le da la bienvenida a este tipo de expresiones. En general hasta los vecinos les piden que pinten sus casas, porque trabajan con detalle, llenan los muros de color y eso es valorado. Hay un cambio de este registro de vandálico a otra cosa.