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Arte
01 06 2012
Christo: Arte y grito de libertad por Javier Claure
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Christo estudió tres años en la Academia de Artes en Sofía. Durante su vida estudiantil trabajó en el campo. Así entró en contacto con los campesinos ayudándoles a sembrar, a exponer sus tractores de varias formas, a poner murallas de alambre alrededor de los corrales y a cubrir enormes paisajes con lona. Posteriormente confesó que fue precisamente, en ese tipo de tareas, donde aprendió a tener una visión más exacta de los espacios geométricos de un paisaje, y a pensar en función de líneas, curvas y figuras caprichosas. Desde muy joven se destacó por su talento artístico. A principios de 1957 decide abandonar Bulgaria y tras una corta estancia en Praga logra llegar a Paris.

Christo y Jeanne realizaron proyectos gigantescos y, por consiguiente, es fácil de perderse en cifras y cálculos matemáticos. La geometría euclideana, que describe la teoría de la estructura de espacios, cumple una función importante en el arte de esta pareja. Por lo tanto superficies, puntos, círculos, triángulos, rectas, contornos y ángulos van tomando fuerza para sorprender a los sentidos del espectador que se encuentra frente a la belleza creada por estos artistas.

Con paciencia y tenacidad han logrado cubrir enormes espacios con telas de distintos colores y cuerdas de nylon. El mensaje que lleva cada trabajo, según la pareja, es ocultar el objeto, realzar sus cualidades internas y el simbolismo que representa. En consecuencia, el objeto adquiere una nueva expresión ante la fantasía de quienes admiran la transfiguración que manifiesta su arte. Sin embargo, nunca admitieron que esas imágenes poéticas creadas a la intemperie, sean calificadas como simples envolturas de objetos, de monumentos, de paisajes o de construcciones.

Durante más de 40 años han trabajado con mucho empeño y, pese a las enormes dificultades jurídicas que exigía cada proyecto, han dado vida a su arte; trocando la percepción del espacio. Sus obras se expresan en términos de proyectos que aparecen y desaparecen. Es decir, es un arte en función del tiempo y del espacio en todo el sentido de la palabra. El hecho de exponer sus obras un tiempo limitado, los lleva a situarse en una posición muy particular. En este sentido, sus proyectos se diferencian al trabajo de un escritor, poeta, escultor o cualquier otro artista; cuyas obras permanecen en el tiempo.

Cada proyecto, de Christo Javacheff y Jeanne Claude, se realizaba en un lugar público, en un paisaje o en una plaza de un país que ellos escogían. Esto implicaba lógicamente una serie de trámites a largo plazo, a veces tomaba años obtener el permiso de las autoridades. Sus trabajos involucraban a obreros, estudiantes de arte, abogados, ingenieros, arquitectos y gente entendida en el medio ambiente.

Una vez conseguido el permiso, se proseguía con el encubrimiento del objeto, edificio, monumento o terreno escogido. En 1995, después de 24 años de esfuerzos y papeleos con las autoridades alemanas, lograron cubrir el Parlamento en Berlín con 100.000 metros cuadrados de tela brillosa color plata y cuerdas de nylon. Fue uno de sus proyectos más espectaculares, ya que generaba muchas controversias, especialmente antes de que el Parlamento Alemán pasara a ser un símbolo de unión entre las dos Alemanias divididas después de la Segunda Guerra Mundial. Se debatió mucho el asunto, hasta que finalmente recayó una mayoría de votos en favor de los artistas. Quizá los procesos políticos y sociales, que se dieron con el advenimiento de la caída del Muro de Berlín, repercutieron positivamente para que este trabajo se lleve a cabo. Los medios de comunicación difundieron, ante los ojos del mundo, esa gigantesca envoltura que nadie lo esperaba.

Otra cualidad de la pareja, era la capacidad de financiar sus proyectos que costaban millones de dólares. En un mundo cada vez más globalizado es difícil vivir del arte. Muchos artistas talentosos no tienen recursos económicos para hacer conocer sus trabajos. En cambio Christo y Jeanne, se daban el lujo de rechazar donaciones porque iba en contra de la esencia misma de su arte, afirmaban. Con el dinero recaudado de la venta de postales, dibujos, litografías y posters de sus diferentes trabajos financiaban nuevos proyectos. Además, pagaban a la gente que trabajaba junto a ellos.

Christo Javacheff asegura que cada proyecto significaba un amplio grado de libertad, ya que nadie podía comprar ni ser dueño de su arte. Ni ellos mismos poseían los objetos, edificios o espacios que utilizaban. Así pusieron en tela de juicio una nueva forma de romper los convencionalismos y bordearon, de esta manera, los límites del arte.

Algunos de sus trabajos:

En 1967, lograron cubrir con 2.430 metros cuadrados de tela el Museo de Arte (Kunsthalle) en Suiza.

En 1969, "Costa cubierta" (Wrapper Coast) en Australia. Durante diez semanas cubrieron con tela 2,4 kilómetros a lo largo de la costa australiana.

En 1970, en las cordilleras de Colorado, hicieron una instalación. Una especie de "incendio artificial". Con 12.780 metros cuadrados de tela color naranja cubrieron un enorme espacio, dándole un aspecto de cascada de fuego.

En 1972, "Murallas corredízas" (Running fence), en Estados Unidos. Se levantaron, en California, unas vallas de 5,5 metros de altura en 39,5 kilómetros cuadrados. Luego se cubrió la instalación con 200.000 metros cuadrados de tela blanca transparente.

En 1980, "Las islas rodeadas" (Surrounded islands). Con 603.850 metros cuadrados de tela rosada, amurallaron unas islas a las afueras de Miami.

En 1991, "Los paraguas" (The umbrellas), en Estados Unidos y Japón. En 29 kilómetros cuadrados, se instalaron 3.100 enormes paraguas azules alrededor de avenidas, iglesias, parques, escuelas y viviendas.

En 1995, el Parlamento de Berlín fue cubierto con 100.000 metros cuadrados de tela brillosa color plata y cuerdas de nylon.

En 2005, "Las puertas" (The Gates), un sueño que se hizo realidad después de 26 años. En el Parque Central de Nueva York, instalaron 7.503 puertas de 5 metros de alto, forradas con tela de color naranja.