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Arte
06 10 2014
La trascendencia mágica de las tapicerías de Oswaldo Vigas por Héctor Loaiza
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Después de la revolución impresionista del siglo XIX, los artistas del siglo XX buscaron inspiración en las obras artísticas o artesanales de las culturas llamadas "primitivas". Orientaron sus búsquedas hacia otras latitudes, el arte africano, el arte de las islas oceánicas, el arte precolombino de México, Guatemala y Perú para salir de las normas del arte occidental. Picasso revolucionó el arte contemporáneo con su lienzo Las señoritas de Aviñón, al integrar en sus tres figuras desnudas los rostros disímiles que estaban inspiradas en las máscaras del arte primitivo africano. La obra del escultor inglés Henri Moore (1898-1986) lleva también la impronta de las esculturas monumentales del arte sagrado tolteca y maya.
Desde el comienzo de su carrera artística, Oswaldo Vigas se inspiró en temas de su propia realidad, explorando en la faz oculta del pasado de nuestro continente. Se apropió de mitos para tocar las fibras de la memoria ancestral venezolana y latinoamericana que está poblada de dioses, manifestaciones mágicas e "irracionales". Su larga estadía parisina de 1952 a 1964 afianzó ese objetivo y, según el crítico español José María Moreno Galván, "redujo los demonios de su tierra natal a su forma esencial". El mismo artista describe el paisaje espiritual subterráneo de nuestro continente: "[...] está poblado de señales y advertencias oscuras. Signos telúricos, magia o exorcismos, son componentes hondos de nuestra condición. Los símbolos nos revelan, nos sitúan y comprometen dentro de un mundo de efervescencias inquietantes...".
Pero el arte de Vigas no se limitó a reivindicar sus aspectos "exóticos", sino a mostrarnos el alma oculta de nuestra realidad mediante un lenguaje contemporáneo. Esta posición estética está simbolizada por la imagen de la serpiente Ouroboros que se muerde la cola, es decir, el pasado dando caza al presente.
En su labor plástica, utilizó todas las técnicas, el óleo, el acrílico, el mural —dejó tres obras en las paredes de la Ciudad Universitaria de Caracas—, la escultura en bronce, el grabado y la cerámica.
Esa tarde caraqueña, al admirar sus tapicerías que eran el resultado de un trabajo colectivo sobre la base de un boceto hecho con pintura al agua, el artista hacía tejer las tapicerías por los artesanos de Aubusson en el centro de Francia. En esta pequeña ciudad se concentraron los tejedores desde el siglo XV y fue reconocida recientemente como la capital mundial de la tapicería. De este modo, en las tapicerías de Vigas convergen el arte contemporáneo y una antigua técnica artesanal europea.
¿Qué se puede comentar de la excelencia de esas obras, que por sus dimensiones están destinadas a cubrir los muros de lugares públicos y seducir la mirada del espectador? Hay que destacar su colorido -como los grandes pintores, Vigas fue un colorista sin par. Las siluetas descarnadas que pueblan sus tapicerías, plasmadas con pincelazos rápidos, nerviosos, provocan una explosión de colores para invitar al amante del arte a realizar una introspección sobre el inconsciente colectivo de Latinoamérica.
En las tapicerías de Vigas, las amalgamas cromáticas, los trazos sabiamente dosificados nos revelan una cierta libertad controlada por el artista. Formas y evocaciones que transforman al pintor en un chamán, en un maestro de juego, que organiza y dirige la elaboración colectiva de las tapicerías.
El conjunto de su obra es la prueba irrefutable de que el arte puede volver a poner de relieve mitos y leyendas, armonizarlos y transformarlos mediante el talento y el saber hacer del artista en obras de arte universales.
La veta descubierta por Oswaldo Vigas en su serena dosificación de hilos y colores, continuará revelándonos sus formas, planos y trazos, recuperados de la memoria cósmica de nuestros primitivos, para sugerirnos una de las más ambiciosas aspiraciones del arte moderno, que es la trascendencia mágica.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Nació en Cusco (Perú). Vivió en Buenos Aires de 1959 a 1962. Estudios en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos de Lima. Sus cuentos fueron publicados en revistas literarias. Reside en Francia desde 1969. Publicó en francés “Le chemin des sorciers des Andes”, Robert Laffont, París, 1976, “Botero s’explique”, La Résonance, Pau (Francia) en 1997, “El camino de los brujos andinos” en Diana de México, 1998 y la novela “Diablos Azules”, Editorial Milla Batres, Lima, 2006. La edición francesa de la novela “Démons bleus à Cuzco”, Éditions La Résonance, Pau (Francia), 2009. La reedición en español de "Diablos Azules" fue publicada por Éditions La Résonance, Pau (Francia), 2010. Acaba de publicar la voluminosa novela en francés “Le Nomade stellaire” (El Nómada Estelar), Éditions L’Harmattan, París, 2018. Desde 1976, es miembro de la Société des Gens de Lettres (SGDL) de París y de la Société Civile des Auteurs Multimédia (SCAM). Entre 1981 y 1999, ha colaborado en semanarios y revistas de París y en diarios latinoamericanos con artículos sobre literatura y arte. De 1998 al año 2000, fue director de la revista en francés Résonances que —a partir de enero de 2001— se convirtió en el website, Resonancias.org.