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Poesía
02 12 2014
Involuntario Sometimiento y otros poemas de Omar Gutiérrez
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Involuntario Sometimiento

Uno se viene dando cuenta de tantas cosas cuando abre el rostro,
y el rostro de los otros se refleja en el de uno.
Que la cabeza tiene sombra impropia, posee condición de perro y cualidad de fuego; que le hacen falta unas buenas alas con que cave el cielo
Y huya dentro, corra, tomen nombre propio las palabras que del labio no se sueltan.
Pero la inquisición tiene dedos de más, índices por cierto todos, todos de uñas torvas
Con las que luego han de encajar o vestir a sus propios paladines de herejía (24 Quilates);
Y en mohoso adagio se sublevan con la saña del colono, en este reino.

Corsarios esquían, en patines, los átomos frescos, paridos recién:
¡Ah botín de neuronas doradas, ah insondable quid su despojo!
Allí hay cabezas cortadas de hombres,
Vestidos de ciencia insurrecta,
Abrazos pausados en yeso,
Noches. Humor. Jugos gástricos de risa.
Buhoneros de sueños y charlas. Leyendas de dioses y niñas.
Mercados de amores y sal. Conciencias chapeadas de bronce.
Joven morralla de mitos.

Su blasón ante todo, señores,
Es un fan encerrado en un rito,
Que asoma y oculta en los verbos
Que hila el cerebro en gran red.

Retruécano. Revelación. Mirada que enturbia la paz apagada.
Paces cobardes que enturbian miradas: gatos de estambre jugando con almas en bola.

Mejor nos emancipamos gritando.

Se vienen una dando cuenta, que las tardes se las saca a secar,
Que uno es la noche, la versión de algún hombre, la aversión de otros más.

Y la boca se seca en desuso.

 

En una ágora madrileña

Un paso
Día aquel fue principio de días,
Todas las plazas eran esa plaza,
Tú eras la mujer en todas las mujeres.
Un siglo visual pasó a entretenerme: el desliz de tu vestido
Entre los pliegues del calor

Dos pasos
Madrid: apodo, claro de sol, manual para ser frágil.

Tres pasos
Rosa albina alguna campanea frente a ti y te obscurece
En un coloquio loro entre primate y evolución: Ella-tú. Rosa-mujer.

Cuatro pasos
Gente tartamuda convergiendo donde tú,
Vértice de carnes rojas,
Vórtice de embarrados espejismos.
Ella, inmutable, en disección de miradas.

Cinco pasos
Veo tus ojos
De agua pisoteada por España: Aglutinando a sus hijuelos en sus venas.
Me apuntas y soy reminiscencia de los otros ¡tan solo de los otros!
Que caminan junto a mí.
Hay fractales en tu pupila erecta

Seis pasos
Funesta aclaración, cuando con vista vacilante, para la basura,
Envuelves la atmósfera sabuesa, viciada, ávida, que te corrompe.
Imantado en aquel desecho me rehúso a tu merced,
Y preparo mi coartada...

Llegué
Entre exequias marchitadas,
Moros bajo tu piel guerreando,
Yo, sangre esculpida entre ángeles griegos,
Me desgarro entre los pasos de la gente,
Empujo, salto... ahí estás tu, toda sentada,
Toda epístola cifrada.

Te abrazo, y tal casi todas
Las cosas buenas en extremo,
Tan solo eras
De todas las transeúntes,
Un reflejo comunal.

 

Soledad

Llovizna que sola te desmoronas,
Sobre reacias cabezas indiferentes.

Sonrisa de mar que sola, te desdibujas,
Entre gradientes pechos de burbujas.

Casa de oración que rubia huyes
Entre alas de espíritus florales,
Hacia un pasado donde el sol, sombra tuvo.

Rajas tu rostro,
cántaro macho
y cuidas tus pedazos de caer  en silencio.

En papel flechas dibujadas
Hieren con ígnea y marcial maestría
La unión que nos repara.

Solemne la soledad arguye
Su nombre propio entre los hombres
Y el tedio que bien sofoca la calma toda,
Mal no la recibe el alma ociosa    tan solo al pervivir.

 

Pneuma Vitae

Desmoronaba la tarde
Sus reflejos últimos:
Alboreábase su muerte,
Bajo suave arrullo verde, esquina con azules, tirados trazos;
Tanto así, que invitaba
Al malsano pensamiento,
Cuya savia cruel horadaba, la calma fase que me arrobaba;
Balsa de remos idiotas: el ventilador que gira a la deriva,
Cabeza arriba,
En suerte de altamar silente:
Rompen tan solo sus aspas
El fémino aíre lloviznado.

Es tarde ya,
La noche babea,
Alucinando con sueños que los hombres
En las frutales neuronillas vaporizarán.

Mi cuerpo a-nudo,
Todo collar tristísimo
Hecho furia sedada, al,
De la nocturna borrasca que se asoma a mi ventana,
Cuello que en mi cuarto acalla:
Me enredo a su benéfica penca,
Que mi juventud dilata;
Y justo ahí, por tan solo un efímero suspiro,
Una chispa diamantina de verdades, me la encaro: Libertad.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Omar Gutiérrez nació en Guadalajara, Jalisco (México), en 1991. Es pasante de la carrera de Turismo y una de sus actividades preferidas es combinar el quehacer turístico y la producción literaria, que, en sus palabras “es una maravillosa fusión de expresión, epifanías, alumbramientos, pasión, introspección y libertad”. Su entorno rural le ha dado un influjo positivo ofreciéndole no solo inspiración sino una meditabunda reflexión respecto al contexto que determina el material literario.