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Arte
01 04 2016
Gérard Fromanger ve el mundo como pintura por Harry Bellet
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Esta no es la mayor retrospectiva de Gérard Fromanger: 65 obras y dos películas, mientras la de Villa Tamaris en Seyne-sur-Mer (Var), en 2005, expuso 200; o la que inauguró en el año 2012 la Fundación de Helena y Edouard Leclerc en Landerneau (Finisterre) exponiendo 172. Pero he ahí que ésta se realiza en el Centro Pompidou, lo que es muy significativo, y su curador, Michel Gauthier, ha evitado hábilmente la trampa de un colgado de cuadros cronológico mediante la agrupación temática de las obras. Resultado: una impresión de abundancia bastante regocijante. Y una nueva mirada a una obra que se debe definitivamente extraer de la figuración narrativa con la que el artista coqueteó: es mucho más compleja, y su alcance más general.

No participa además en la exposición fundadora del grupo "Mitologías cotidianas” muestra colectiva organizada en 1964 en el Museo de Arte Moderno de París. Los lienzos de esta época son por lo demás raros: la mayoría ha desaparecido en el incendio de su taller —el accidente hizo decir a su amigo, el poeta Jacques Prévert, que de las cenizas emergió el color rojo. Subsisten, sin embargo, algunos testimonios entre los cuales los retratos excelentes y teatrales de Gérard Philipe triunfando en el drama “El príncipe de Homburgo”.

Uno de ellos se muestra en la exposición que enaltece no obstante a otra producción de esa época: no son óleos sobre tela, sino pintura industrial sobre tablas de madera cortadas y ensambladas. Son la continuación de la ruptura con su entonces marchand, la poderosa galería Maeght, que esperaba de él que trabajara de la manera cómo Giacometti pintaba. Como reacción, Fromanger desdeña la atractiva factura expresionista que hubiera podido garantizarle éxito, y decidió trabajar con colores lisos y planos lo que hará durante toda su vida.

Sus colores rojos
Al mismo tiempo, empezó una reflexión sobre las fuentes, los recursos, los medios y las paradojas de la pintura. De este modo, en el ensamblado titulado “Primera sombra en el cuadro”, realizado en 1964, construye, cortando madera, una fachada con una ventana y una escalera en relieve, en las que pintó la sombra roja de una silueta femenina. El guiño está dirigido tanto al “Desnudo bajando una escalera” de Marcel Duchamp como también a la antigua leyenda griega que consideraba que el dibujo fue inventado por una mujer cuyo amante debía partir a la guerra y, para conservar un recuerdo de él, ella dibuja la sombra de su cuerpo proyectado en una pared. Con un detalle, que parece no tener importancia: la pintura roja no se detiene en la parte baja del muro, continúa deslizándose en la tableta que forma una especie de acera antes de desbordar y gotear hacia afuera. A su serie llamada "Los petrificados" no le faltan atractivos.

Más lógico es el título de la siguiente serie, "El cuadro en cuestión", que indica claramente las preocupaciones de Fromanger por esa época. Ahí también, la pintura gotea: “Mi cuadro gotea”, proclama una pintura aparentemente abstracta cuyo color rojo —siempre— desborda fuera del bastidor. Lo que podría ser un accidente deviene a veces una ventura, como por ejemplo, “El sol inunda mi lienzo”, donde un hermoso astro amarillo se hunde en el resto del cuadro al mismo tiempo que lo ilumina. En la siguiente serie, "Los paisajes cortados" utiliza los elementos figurativos los más sencillos —una puesta de sol en el horizonte, atravesado por una nube, se atenúa en todos los aspectos y bajo todos los ángulos posibles. Como vemos, la pintura política, que es una característica de la figuración narrativa, está muy lejos de su obra.

Su compromiso, Fromanger lo practica entonces más bien con actos y no con cuadros. Muy activo en la Exposición izquierdista del Salón de los pintores jóvenes, desempeñará también un papel en la aventura del taller popular de la Escuela de Bellas Artes que, en mayo de 1968, concibió y diseñó miles de carteles para apoyar a los trabajadores en huelga. Fue quien, después de la evacuación del lugar por la policía, realizó la última y famosa imagen, “La policía se muestra en Bellas Artes, Bellas Artes se muestran en la calle”. En ese lugar también se imagina pintar con colores rojos no en un cuadro, sino en el blanco y azul de la bandera francesa. La pintura se convierte en sangre. La idea fascina al cineasta Jean-Luc Godard. Juntos dirigen “Le Film-Tract N° 1968” cuando la operación se lleva a cabo en tiempo real: tres minutos, el tiempo para que la pintura se convierta en símbolo. Por esa misma época, Fromanger crea esculturas extrañas, medias burbujas (rojas, por lo general) en metacrilato translúcido. Las expone en la calle, para que los transeúntes puedan ver la vida en color rojo. En cada base está inscrito el nombre de una fábrica ocupada por los obreros, Soplo de Flins, Soplo de Sochaux, etc. Una vez más, estamos en las antípodas de la figuración narrativa.

De gran lucidez
Lo que acarreará la confusión está por venir, con la serie “Bulevar de los italianos” en 1971. Grandes lienzos, pintados con colores lisos, que muestran a los transeúntes de París. Ahora bien, este es un proyecto que tiene todas las premisas del arte conceptual. Al principio, le pide a un fotógrafo, Elie Kagan, de tomar vistas de la gente que va a almorzar o, ya sea como lo prevé en el “Protocolo, de la Ópera a Richelieu-Drouot por el bulevar des Capucines en París. Entre las 12 h 30 y las 13 horas, el 5 de febrero de 1971”.

A cada una de estas fotos, en las cuales no tomó parte, Fromanger asignará un color desde el negro de marzo al azul "Thalo”, pasando por una amplia gama de matices, ocre amarillo, anaranjado de cadmio, verde óxido de cromo o azul cobalto. Servirán de base al camafeo con el que realizará los fondos de sus lienzos, las boticas, fachadas de cine, la parte delantera de un salón de té, graciosamente llamado “El libertino". En cuanto al rojo, es reservado a las siluetas de los transeúntes, anónimos, pero muy visibles.

¿Y la política en todo esto? Está allí, bajo nuestras narices, donde está la vida cotidiana. Explica todo eso en el documental (comentado en Le Monde del 20 de febrero), que le ha consagrado su amigo Serge July, delante de los frescos que los hermanos Lorenzetti pintaron alrededor de 1338 en Siena, ilustran la alegoría del buen y del mal gobierno: “Mostraron al pueblo en el trabajo, pintaron lo que estaba pasando en el mundo: son pintores políticos”.

Conserva, sin embargo una gran lucidez sobre los límites del compromiso de los artistas, "La pintura no es un poder, admitió en una entrevista publicada en Le Monde en 2008. Tiene que ver con los dramas del siglo, la actualidad, por supuesto. Pero no es un poder. Tenemos que dar batallas, pero batallas para reír. Abstractos contra figurativos, geométricos contra líricos, no es nada serio. En cambio, podemos hacer la guerrilla, eso revitaliza las situaciones”.

La historia a veces nos da verdaderas patadas con botas. Algunos escogen entonces el silencio de las pantuflas, otros reaccionan más vigorosamente, lo que se hizo durante la primera Guerra del Golfo en 1991. Esto le hizo pintar un cuadro monumental de más de 9 metros de largo, titulado “De todos los colores, pintura de historia”, a la que dedicó un año de su vida. El cuadro resume su obra de ese entonces: muchos de sus temas recurrentes como su silueta trabajando, pincel a la mano, que se entrechocan de frente en el lienzo. Pero se nutre principalmente de las imágenes de un mundo en guerra que la televisión —que Fromanger no deja de ver— recibía de las autoridades militares.

Y después, en un último cuadro, fechado en 2015. Se yuxtaponen dos mundos, una muchedumbre de siluetas, en paseo, parejas tomados de la mano, madres empujando los cochecitos de niños, caminan, avanzan. Más abajo, otro grupo, uno compacto, amontonados en una balsa neumática recargada. No hay comentarios, sino el título: la pintura universal. El carbón black...

Gérard Fromanger. Centro Pompidou, Galería del Museo Nacional de Arte Moderno. Todos los días, salvo los martes de 11 a 21 h. Entrada 14 euros (con el resto del museo). Catálogo: 144 páginas, 29,90 euros.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Gérard Fromanger, Pontchartrain (Francia), 1939. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de París. En 1956, se incorpor al grupo de la Exposición de Pintores Jóvenes, convirtiéndose en uno de los organizadores. Durante las movilizaciones de mayo de 1968, es el principal animador del Taller popular de la Escuela de Bellas Artes. Se acerca a los artistas que cultivan la figuración narrativa. Vive y trabaja en París y Siena (Italia. Entre 1966 y 1968, cuestiona el cuadro mediante conjuntos de piezas de madera tallada y dejando gotear la pintura glicerofalica fuera de las formas (series del Cuadro cuestionado y Paisajes cortados). Expone los soplos semiesféricos: Soplo en metacrilato translúcido y coloreado en las calles de París (1968). Los transeúntes pueden ver el paisaje urbano en color. Entre 1968 y 1969, dirigió películas-panfletos con Jean-Luc Godard en Londres, Estocolmo y París. A partir de 1971, utiliza fotos de transeúntes, coches, vitrinas de la ciudad y los proyecta ampliados sobre su lienzo. Figuras pintadas generalmente en colores lisos de rojo cadmio oscuro ("mi gusto por el rojo es omnipresente"), sólo conserva la silueta, mientras que los decorados y los personajes secundarios son más detallados (serie Bulevar de los italianos, 1971). Sigue un conjunto de pinturas de carácter político y social, ejecutado con la misma técnica, pero con variaciones de colores brillantes (Vida y muerte de un minero de 1972; La muerte de Cayo Graco, 1975). También hizo retratos de sus amigos (Michel Foucault, 1976; Serge July, 2005). A finales de los años setenta y ochenta, produjo una serie de pinturas con motivos geométricos y con planos sobreexpuestos, hilos de colores entremezclados, escrituras y figuras, combina abstracción y figuración (serie: Todo está encendido; Retrato del descubrimiento; Quimeras). Desde los años ochenta y noventa, sus pinturas se convierten en cuatricromías, Rizoma, y Anverso y reverso. Retratos y paisajes que representan una síntesis de su obra que le hacen decir: "La pintura no existe, hay sólo pintores. Y, todavía, instantes de pintura".