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Narrativa
01 10 2016
El Cacao por Salvador Mery Peris
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Cuando entré en la Redacción del Mundo Grafico Valenciano, no pensaba que me iban a dar un trabajo tan apasionante. Rosita la telefonista y recepcionista me comentó:
—El Señor Eustaquio te espera en su despacho.
Siempre llevaba conmigo mi cámara fotográfica una Agfa Billy I Igetar 8,8, una buena cámara, recién salida al mercado. Su compra fue gracias a mi padre. Interventor de un Banco, una gestión suya la trajo a Valencia, desde Alemania.
En el despacho del Director, éste inmediatamente me dijo:
—Te vas de viaje.
Con gran sorpresa le pregunté a dónde.
—Te vas a África.
—¡África! —grité yo con un poco de miedo pero con mucha alegría.
Me explicó el motivo.
—Sabes que en Valencia hay muchísimas chocolaterías. Antes el chocolate lo traían desde América, ahora lo traen mayoritariamente de África. Tienes que hacer un reportaje fotográfico de las plantaciones de Cacao de África. Irás a Costa de Marfil, el país de mayor producción de cacao de África. Tienes que estudiarte como llegó el cacao desde América Latina hasta allí. Será un viaje largo. Quiero que lo hagas rápido, dentro de lo posible, ya sabes que las aguas bajan revueltas, políticamente hablando. La gente quiere reportajes un poco más distendidos. En nuestra época (en los años treinta) los viajes son largos y costosos. Tenemos un patrocinador como es de suponer: Chocolates Pujol Hernández. Es una empresa de Torrente en auge, te pagan el viaje, te han traído una nueva cámara de fotografías, que junto con la tuya tendrás bastante. Puedes llevarte la que tenemos de reserva en la redacción, no es muy buena pero para una emergencia te servirá. Sales mañana al puerto de Sevilla, desde allí te trasladarás a Costa de Marfil. El barco se llama la Nueva Sevilla, tardarás unos seis días en llegar, permanecerás en Costa de Marfil unos veinte días, y otros seis días de vuelta, con los dos días para llegar a Sevilla, he calculado un mes más o menos.
-Un mes, tendré que decírselo a mi familia. Dónde tengo que ir, a que plantación.
—Bueno ellos quieren que vayas a su plantación que se llama, plantación España. Han desforestado más de cien hectáreas para la plantación del cacao, cuando llegues al puerto el gerente te recogerá y empezarás a fotografiar toda la elaboración del cacao.
—Quieres decir que es un reportaje más o menos publicitario.
—Pues sí.
—Tú te crees que esta modesta redacción puede mandarte un mes a África con todos los gastos pagados? Pues estás tú bueno.
Llegué a casa con las tres cámaras fotográficas, preparé el baúl con ropa ligera. También fui a la farmacia a comprar quinina contra la malaria. El médico del Periódico me había preparado unos medicamentos con más quinina y otros para combatir los males africanos. Nunca había tenido miedo a las enfermedades, tampoco nunca había salido de Valencia.
El viaje fue un poco pesado. El barco España estaba lleno de trabajadores españoles que iban a trabajar a las plantaciones de cacao. Ingenieros agrónomos, industriales, mano de obra agrícola y una enfermera que era de Cádiz.
Me mareé todos los días en el barco, gracias a Rosa la enfermera de Cádiz que me ayudó a pasar mis malos momentos. Me dijo que su novio se había muerto por unas fiebres, le habían hablado de la plantación valenciana, se puso en contacto con ellos, le propusieron un buen contrato de cinco años.
—Me permitirá desarrollarme en mi profesión y alejarme de unos recuerdos que me están doliendo mucho, quizás encuentre al amor de mi vida, pero esa no es mi intención.
Algunas noches de luna llena, unas partidas de cartas, algunas broncas, varias fotografías que creo que son muy buenas, ¡cómo pasan las horas en un barco! Parecía que no llegásemos nunca. Cuando llegamos al Puerto de San Pedro, uno de los más importantes bajé del barco un poco mareado, me encontré a Enrique, el gerente de la Plantación, quien conducía un camión al que subimos varias personas, después de los saludos pertinentes. Él con voz autoritaria nos dijo:
—Pónganse cómodos, el viaje es largo nos vamos a Korhojo.
Después de unas larguísimas horas en el camión, llegamos a la entrada principal de la Plantación Torrente, donde estaba la fábrica de chocolates de los Pujol. Al entrar vimos una casa como las que hay en el sur de Norteamérica. Sería un presagio a como estaría el trabajo en esta plantación. Nos recibió el sobrino de los Pujol que era el dueño, encargado, director de la plantación. Saqué la cámara y comencé a hacer fotografías, a la casa donde estaría hospedado hasta mi regreso a casa. Lo que me llamó la atención era la gran cantidad de mujeres que estaban en la plantación, unas salían de la casa supuse que eran las encargadas de atendernos, otras llevaban unas cestas grandes encima de la cabeza, unas llenas otras vacías. Empecé a fotografiarlas.
Me recibió el sobrino en su despacho. Me ofreció todo lo que estaba a su disposición, solo me dijo que no podía fotografiar los correctivos que hacían los jefes de las cuadrillas. Jefes que siempre eran blancos. La mayoría eran españoles, sobre todo de Castilla. Los valencianos tenían una categoría superior. Como eran paisanos tenían un cometido mayor. Me comentó que era una producción de todo el año, se recogía el cacao, me explicó el proceso de recolección, tras separar el fruto del árbol, se procede a partirlo a mano, y separar la pulpa y la cáscara de los granos de cacao, que es la parte valiosa del fruto. Es importante que el grano quede limpio de pulpa y cáscara para que el proceso de fermentación llegue a buen término. Los granos de cacao, limpios y separados, pasan al proceso de fermentación, tradicionalmente realizado bajo hojas de plátano. También se usan otros métodos, como la fermentación bajo cubiertas o en cestas. Este proceso que dura entre cinco y siete días es fundamental para que el fruto del cacao desarrolle todos sus aromas finales.
Tras la fermentación, se procede a secar los granos de cacao. Este proceso eliminará gran parte de la humedad del grano para conseguir una buena conservación del cacao. El secado puede durar varios días.
Después de esta explicación, de dejar mis cosas en un habitación con una gran mosquitera, de secarme el sudor que me había acompañado durante todo el recibimiento en el país. Cámara en ristre me puse a pasear por la hacienda. Los hombres recolectaban el fruto del cacao, las mujeres lo llevaban a los secaderos. Trabajaban rápido, con mucha destreza. La hacienda era inmensa, hoy pasearía, mañana pediría un coche para recorrer toda la hacienda. Cuando a alguna mujer le caía alguna de estas cestas recibía algunos latigazos para que lo recogiera cuanto antes, no me estaba permitido fotografiarlo, lo hice sin que se enterase el encargado que me acompañaba.
Me llevó a los barracones donde dormían los trabajadores, sólo pude fotografiar uno donde habían unas camas rústicas con colchones de paja, los otros cuatro no me dejaron fotografiar, pero vi por una ventana que solo habían unas mantas extendidas en el suelo. Hice fotografías en comidas multitudinarias hechas a propósito de mi llegada. Ningún trabajador me hablaba directamente.
Cuando llevaba algunos días me di cuenta de que era todo teatro, era una plantación de esclavos del siglo XX. Rosita me lo corroboró, las mayores curas eran de cortes por las herramientas para sacar el cacao y de latigazos. También había una gran desnutrición en todas aquellas personas que trabajaban de sol a sol. Emprendí el viaje de regreso con muchísimas fotografías para publicar y otras para guardar. El reportaje fue un éxito. Las fotografías eran el reflejo de un paraíso, el chocolate era la bebida de los dioses, y de la gente de Valencia. Caras sonriendo, grandes extensiones de plantas de cacao. Las otras fotografías las guardé, publicándose en un periódico años después. La fábrica de chocolates Pujol y Cia cerró después del reportaje que publiqué. Fui despedido del Mundo Gráfico y me enrolé en las milicias republicanas de Valencia.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Salvador Mery Peris, escritor autodidacta, nació en Valencia (España) en 1961. Estudió bachillerato, Licenciatura de Historia Contemporáneo y es especialista en Museología. Publicó un libro en ediciones Hades el título “Cuando la lluvia es solo lluvia “. Se ha publicado la segunda edición. Ganador de varios premios de MIcrorelatos. Premio de la editorial la Semilla Amarilla de Chile. Premio de Microrelatos Emilio Carrere del Pardo, Madrid. Varios premios en diversidad literaria. Colaborador del Periódico La Voz de Tu Comarca y la revista de literatura Scribire.