resonancias.org

Arte
02 02 2017
Combas: lo opuesto al buen gusto, por Philippe Dagen
« volver

El caso de Combas no es de los más fáciles. La exposición de este artista en Aviñón, que reúne a doscientas cincuenta obras, es una prueba de lo que decimos. Sin embargo, un lienzo de Combas es reconocible desde lejos, más fácilmente que cualquiera de los pintados por los artistas franceses más prolíficos. Un dibujo continuo, saturado y sinuoso, trazado en negro, más frecuentemente en blanco o en color a veces, define figuras y circunscribe planos ocupados cada uno de ellos por un solo color; por lo general, sin matices o modulación matizada. De acuerdo con estos especiales grafismos y cromatismos, Combas hace parecer humanos a los animales, pinta las peleas, los conciertos de rock o los dramas amorosos. En los intersticios entre el cuerpo y las cosas, añade palabras, frases y pictogramas, ya que tiene horror del vacío y concibe al lienzo como una superficie plana sobre la cual cuenta historias, y no como un espacio de tres dimensiones en el que las leyes de la perspectiva gobiernan.
Sus personajes tienen rasgos cómicos, excesivos y caricaturizados. Las inscripciones se caracterizan por su estilo de jerga y sus aproximaciones gramaticales y ortográficas, que se encuentran en muchas leyendas de sus obras. Por ejemplo, entre las más leves: “El juego consiste en tragar; he dicho tragar, no comer. Si lo consigue, gana mucho dinero; si pierde, se hace cortar la cabezota. Teniendo en cuenta la evolución de las costumbres, este juego puede ser célebre en el año 2000”. En el lienzo, varios personajes —entre ellos, un guerrero homérico con un micrófono en la mano y un coloso amarillo y verde con el bíceps tatuado con la imagen de una mamá y un corazón— se enfrentan con un hacha y una lanza. La obra data de 1984.

Nada tiene de autodidacta
Todo esto es bastante conocido, tan conocido que uno tiende a preguntarse lo que una exposición más puede aportar después de la retrospectiva pletórica de 2012 en el Museo de Arte Contemporáneo de Lyon. Sin embargo, la exposición de Aviñón muestra todas las obras de Combas coleccionadas por Yvon Lambert, que fue su "marchand" desde 1982 hasta a mediados de la década de 199O, y que ha conservado no solo decenas de lienzos, sino también cuadernos de dibujo de sus obras sobre cartulina, artesanías y dibujos humorísticos diversos.
Marchand bien informado, Lambert ha constituido así una antología en la que hay varias obras importantes del artista, incluyendo una serie de lienzos dedicados en 1988 a la guerra de Troya. Sin duda, no hay un conjunto de Combas comparable a este. Se concentra en el período comprendido entre 1978 y 1991, la época de la formación y el desarrollo del arte de Combas y de su rápida notoriedad bajo el nombre de "figuración libre". Esta denominación hoy solo es una referencia temporal. Otros miembros del grupo —Hervé Di Rosa y principalmente François Boisrond— adoptaron otras orientaciones.
Están en la exposición desde luego los elementos necesarios para observar cómo nace y crece un estilo, ejercicio que los historiadores de arte se complacen en estudiar. Y es allí donde parece que el caso de Combas es más complejo de lo que parece. Nacido en Lyon en 1957, vivió su juventud en Sète en el seno de una familia obrera, modesta y numerosa. Nada había que lo predispusiera cultural o económicamente a convertirse en un artista, lo que también sucedió con Di Rosa, su amigo desde 1978.
Por eso, Combas no tiene nada de autodidacta, como Gastón Chaissac, con el que a veces se le compara. Desde 1974 hasta 1977, estudió en la Escuela de Bellas Artes de Sète y después en Montpellier hasta finalmente obtener su diploma en la Escuela de Bellas Artes de Saint-Etienne, que es una de las mejores escuelas de Francia. Ese mismo año, se trasladó a París y allí se encontró con el mencionado Di Rosa, que era alumno de la Escuela de Artes Decorativas, donde Boisrond también estudió.
Así, cuando el artista francés Ben le da al pequeño grupo de tres, Combas, Boisrond y Di Rosa —convertidos en cinco con Catherine Viollet y Remi Blanchard— el nombre de "figuración libre", introdujo un error de vocabulario. "Libre" no significa ser bruto, ni inculto, ni autodidacta, ni ingenuo. No más que Jean-Michel Basquiat, su contemporáneo, que visitó varios museos de Nueva York en compañía de su madre siendo adolescente. Estos artistas no ignoran las técnicas y las referencias de la historia del arte, incluyendo el más contemporáneo. Desde 1982, Combas expone en Nueva York en la galería de Holly Solomon y, desde 1983, en la de Leo Castelli, que era entonces el maestro de ventas de arte: Combas se encuentra a los 25 años en el centro de la escena plástica internacional después de haber recibido una educación artística completa.

Crónica social
No obstante, ni su larga educación ni esta posición brillante no cambian su arte. Adquirió un gran dominio técnico, pero igualmente se encuentra cómodo con un pedazo de cartón o con un lienzo de varios metros. Pero este saber no cambia nada en profundidad. Está al servicio de una narrativa que se asemeja más a la crónica social y a la autobiografía y eso en una época en que ambas están desterradas de las artes visuales. Preponderan en éstas los principios y las formas —simplificando— salidas de las corrientes minimalistas y conceptuales.
Combas hizo más que escuchar los cursos, pero se deslizaron sobre él como el agua sobre las plumas de un pato. Solo retuvo lo necesario: los métodos de dibujo y pintura. Es su paradoja: un artista a la vez muy bien formado y totalmente dispuesto a utilizar la parte teórica de esta educación. Reacio, pero no indiferente. Cuando vemos en Aviñón las obras de Combas, las más precoces, sospechamos que el artista tuvo un gran placer en no pintar lo que estaba de moda en esa época. En los triángulos de abstracción rigurosa, trasplanta sexos inmensos. A la prosa sutil y mecanografiada del arte conceptual, sustituye los juegos de palabras tontos e historias como: "Nos estamos culeando sobre la arena, el cielo es gris”. Como poesía, no hay nada mejor.

La cólera y el sufrimiento
Combas no busca poesía ni gracia. Cuenta el mundo del que ha salido y que conoce de memoria. Inventa en su arte el realismo brutal y trivial como el mundo mismo. Todo lo que ya no era válido en el arte regresa de repente. Resurge en lo burlesco, lo grotesco, lo obsceno y los temas de lo cotidiano: la humillación de los trabajadores inmigrantes, el alcoholismo de los pobres, las historias de amor condenadas a lo sórdido, el vandalismo, la violencia, las drogas, las peleas callejeras...
Si se toma tiempo para admirar sus obras de la década de 1980, se descubre en ellas un detallado mundo que no habíamos visto en pintura desde hace muchas décadas. La irrupción de su obra, a lo opuesto del buen gusto de cierto modernismo burgués  —el que Daniel Buren encarna en Francia— ha producido una conmoción que ha proyectado a Combas al primer plano. La intensidad que se siente frente a sus obras es la de la cólera, que no habían salido de los depósitos de Yvon Lambert desde hace algunos años. No puede considerarse que sea un azar para que dos de los géneros en los que Combas sobresale en estos años sean, por una parte, la pintura de lucha y, por otra, la del sufrimiento físico. Su Crucifixión y su Saint-André mártir de 1991 están consideradas como dos de las grandes obras trágicas de nuestro tiempo.

"Los Combas de Lambert”. Colección Lambert, 5, rue Violette, Aviñón (Vaucluse). De martes a domingo, de 11 a 18 horas. Entrada: 8 € a 10 €. Hasta el 5 de junio de 2017. Collectionlambert.fr.

 

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Nacido en 1957 en Lyon (Francia), Combas pasó su infancia y adolescencia en Sète. Desde 1980 vive y trabaja en París. Combas aporta al mundo del arte a principios de 1980 una nueva pintura figurativa. Presente en el escenario artístístico en 1979, creó un movimiento que el artista francés Ben llama "La Figuración Libre", agrupando a Rémi Blanchard, François Boisrond y Hervé Di Rosa. Su pintura es muy libre: habla de la sociedad, la violencia, la sexualidad, el sufrimiento, sus pequeñas alegrías, su pequeñez, su grandeza... Se inspira de la música rock de la cual el artista es un entusiasta aficionado, las imágenes populares, los libros infantiles, los manuales escolares, de la cultura popular accesible a todos. En 2010, las obras de Robert Combas entraron en la colección de la galería Lacan de París. El pintor icónico de la “figuración libre” se convirtió en un grabador fino realizando una serie de obras importantes. Fiel a su cultura popular y su sentido de la provocación, su iconografía es más que todo libre e inspirada. "Combas manipula las imágenes de la vida cotidiana, mezclando en ellas referencias históricas y mitológicas. Cultivando un estilo inspirado en el cómic y el grafiti, crea un ambiente informal. Su pintura es a veces humorística, a veces violenta y sensual." (Fuente: diccionario Le Petit Larousse - Edición 2005).