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Poesía
16 10 2017
El abanico expresivo de la poesía de Leire Escalada
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TARDE, MUY TARDE

Hoy la noche llegó tarde
y los pájaros se escondieron
detrás de la Luna
y su plumaje sombrío
se fundió con el duende de la noche.
Era tarde, muy tarde.
Y los grillos no salieron a cantar
a las estrellas,
y yo no me entregué a la noche
y me dispuse a soñar entre aullidos y tormentos.
Era tarde, muy tarde.
Y deconstruí el cielo de la noche
y uní mi voz a sus letras
y ellas se unieron a mi garganta,
pero las rayas de mi mano
se sabían erguidas
y ya era tarde para escribir
lo que yo llamo poesía.

 

POSTGUERRA

Por primera vez deseo la noche
porque allí muere el llanto del día,
ruido constante que transporta el hilo del viento
desde cada garganta.
Rompe el cielo y lo atraviesa
como un haz hasta el corazón,
no para hasta que vuelve a sangrar.
Mi madre le sirve carne a mi padre,
la guerra es dura,
los pájaros lo saben
porque emigran con el grito en su entre sus alas.

En las calles gélidas y solitarias
los hombres comienzan a extinguirse.
Johnny, el pequeño de los Porter,
tiene la boca cosida y anda desnudo.
La gente no es ella misma. Y yo no soy yo,
soy actriz de mis gestos,
pero no tengo manos.
Huele a lluvia que moja charcos de oscuridad.
¡Cómo desearía unas botas para jugar!

Me adentro en una senda silvestre.
Rozan mi rostro algodones de diente de león.
Me pregunto qué boca los habrá escupido
y si han hecho lo mismo con mi niñez.
Las flores son estacas marchitas
que se alojan en mi cuerpo y provocan la náusea.
Debajo de la sombra de los abedules,
encuentro una muñeca
con la ropa rasgada
y el cabello cortado
como una puta deplorable
con las manos sobre la cara.

 

RESURGIR

Morir
en cada instante
que derrocha alma
en cada mirada al corazón
que desvela lenguas.
Morir
en todos los deseos,
todos los anhelos
Morir
para nacer
en cada frase que pronuncias
para describir la poesía.

 

PROFUNDIDADES

Es difícil saber lo que hay en el fondo del lodo cuando estás en la superficie.
Me adentro; tomo el lodo y me cubro las heridas.
El interior es cruel:
en sus entrañas se jacta y manipula
para que el desvalido hable debajo de su lengua y enmudezca.
El interior no entiende de piedades.

El frío del barro hace que me estremezca,
es húmedo,
resbaladizo
y se cuela en las heridas.
Avanza como el agua de un río q
ue desemboca en alguna parte desconocida
y no deja ruido.
Mana por mis recuerdos
sin miedo a perderse en el olvido
hasta el punto de llegar al corazón.
El fondo duele porque no tiene profundidad
y es fondo.
Tengo miedo y le digo al doctor que no creo que vaya a sobrevivir.
- «Lo harás, todos terminamos haciéndolo.»
-Afirma contundente mientras toma el bisturí
y aumenta la profundidad de la herida.
«Respira hondo».
Fueron las últimas palabras que escuché.
Mis pulmones se llenaron de un gas que me adormeció
y mientras cerraba los ojos,
recordé a una niña jugando detrás de una casa roja,
debajo de la sombra de los abedules,
mientras la lluvia dorada y oblicua
le acariciaba los párpados
y le retiraba el barro restante.

 

EXTRAÑOS

Acto primero.
Cuarenta individuos de raza negra
se aventuran en el mar.
Una mujer aprieta la mano de su marido,
le mira y dibuja en su rostro la muerte.
El tiempo cae como arena encerrada
en una cápsula.
Asisto a un espectáculo de caída libre
en el mar de la incertidumbre.

Acto segundo.
Un grito desde el fondo
desvela el silencio de los árboles
y sus hojas se retuercen
detrás de sus raíces
buscando asilo en otra garganta.
La furia de las olas se levanta
para llevarse el grito,
pero yo no me lancé a salvarlos,
sólo contemplaba su sombra en el fondo.
Un pájaro dibuja candados en mi mano.

De repente, el silencio que susurra
la culpabilidad del mar.
El agua se torna negra,
como si un petrolífero
hubiera derramado su interior
y la blanca espuma
abraza la orilla de los muertos
en su cuerpo.

«Ya van doscientos treinta y cinco y todos se resumen a uno».
No siento dolor,
mi cuerpo es exterior,
contempla el espectáculo desde lo ajeno.
«Lo ajeno» la delgada línea que me diferencia de esa cifra.

Último acto.
Ahora la silueta de los siniestros
en el mar,
sus voces
en otras gargantas.

 

EL OLVIDO

Las palabras que salen de mi boca
no crean poemas,
recuerdan tu figura esbelta,
como mosaicos
recrean las piezas
y a pocos pasos de tí se funden,
se hunden,
porque dejaron de ser barco
en el mar escrito de mi memoria.

 

METAMORFOSIS

Danzan como delirios
en las copas mutiladas
de los árboles en invierno.

El viento toca una sonora sinfonía,
abriendo las cortezas de los árboles
crea así su melodía.

Los frutos caen con crudeza
sobre la nieve que enfría
las raíces de sus madres.
Mi hijo recoge los frutos
y los trae a casa.
Algunos tienen oquedades
de las que se advierten
gusanos como serpientes, y otros,
se pudren por el mismo viento
que abrió las heridas de sus árboles.
Las manos del viento pueden estrangular
el fruto si no se emplean en la dirección
correcta.

Puedo ver cómo lloran debajo de su
semilla. Yo también lo hago.
Cierro los ojos y me veo en sus entrañas.
Siento que soy ese fruto
cuando escribo poesía.

 

NÁUSEA

El recuerdo del pasado no volverá
y tus lágrimas se convertirán en cenizas entre mis manos.
La esperanza deambula perdida
por un cementerio de versos exhaustos.
Mi hermano llora con ellos.
Su infancia no le permitió llorar antes.

Mis pies se funden
junto al recuerdo de su inocencia
y las manos me sirven para sollozar
aquello que me fue arrebatado.

Mi hermano sigue llorando.
Él llorará por siempre.
Y tendrá las uñas pintadas de rojo
y la boca seca,
y las manos húmedas,
que servirán para calmar la sed
de otros que viven con los pies fuera de la náusea.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Leire Escalada (Santurtzi, Vizcaya, España, 1997) es estudiante de Lenguas Modernas en la Universidad de Deusto, donde inició su primer contacto con los talleres de literatura. Desde pequeña ha mostrado un interés notable por el mundo de las letras, especialmente por la escritura. Durante su etapa en el instituto, colaboró con un cuento corto en la revista del colegio, y a los 16 años empezó su gusto por la poesía. Desde entonces no ha parado de escribir y de leer a autores como Alejandra Pizarnik y Chantal Maillard. En sus versos predomina el verso libre y el misterio de la sencillez, que deja detrás de sí un amplio abanico de interpretaciones e incógnitas en sus poemas. Actualmente está trabajando en su escritura para intentar publicar su primer poemario.