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Arte
02 01 2018
Jaime Franco: la estructura de sus pinturas en barro
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Un tímido acercamiento a la ingeniería le permitió a Franco hace unos años darse cuenta que, tal vez, como dice SOM, “un ingeniero debe diseñar una estructura que un arquitecto se avergüence de cubrir”. Pues, retomar sus estudios de ingeniería a través del arte lo llevó a desarrollar una gran destreza para develar la estructura detrás de toda obra. Franco considera que en todo el universo y dentro de todos los trabajos valiosos que el hombre ha hecho, en la música, en la literatura o en la pintura, siempre hay una estructura detrás que merece ser rescatada. Al respecto, Franco explica:
“Tengo una capacidad para percibir una estructura que de pronto para mucha gente no es importante. Inicialmente me dejo llevar por la intuición, pero son objetos que son un pretexto para indagar en el concepto de que es algo que veo inherente a la naturaleza y a las creaciones humanas valiosas. Me interesa lograr traducir una esencia casi platónica para que las cosas funcionen estética y funcionalmente. Son elementos que me permiten poner eso de presente, que en el fondo todo tiene una estructura, un orden”.
La obra de Franco parte de acercarse a objetos arquitectónicos que, normalmente, no han existido. Sus pinturas son representaciones de proyectos que nunca se desarrollaron o incluso espacios que son descritos en la literatura. De esta manera, el interés desprevenido del artista por objetos tridimensionales inexistentes lo llevan a generar una interpretación propia de diferentes imágenes, las que luego modela como maqueta virtual, completa y reconstruye de acuerdo a su imaginación.
Imágenes como Los Desposorios de la Virgen (1504) de Rafael, han sido protagonistas de una primera etapa de creación. Desprovisto de atracción religiosa, Franco se apropia del “tempietto” de Rafael siendo esta una representación pictórica de gran reconocimiento en la historia del arte. La arquitectura del cuadro se vuelve protagonista del trabajo de Franco, quien busca explorar nuevas geometrías e interpretar pero, sobre todo, desnudar al edificio de todos aquellos elementos de los que puede prescindir manteniendo su esencia.
Como la mayoría de sus pinturas, Barrena es una obra de gran formato trabajada directamente sobre el muro como soporte. La magnitud de la pieza da una referencia casi habitable a la estructura representada. Franco acerca al espectador y le sugiere cierta participación del trabajo al darle una experiencia a través de la escala del “tempietto” transformado.
“Siempre me ha parecido interesante sentirse dentro de la obra, estar dentro de ella”.
Trabajar sobre el muro bien puede dar la escala del trabajo que el artista busca. Sin embargo, este también es otro lenguaje trabajado por Franco para conectarse con la arquitectura. –Arquitectura sobre arquitectura-. Los espacios utópicos trabajados por el artista no sólo son traducidos por sus herramientas y los gestos de su mano. Allí la honestidad del soporte también habla a través de colores, efectos y texturas.
“Mi aspiración es lograr una intervención que sea justa. Que no acabe con el objeto, que permita que el trabajo deje notar o haga resaltar más esa naturaleza del soporte. No busco que sea algo impuesto para cubrir el muro, sino que haya un diálogo entre ambas cosas, algo que conviva y mantenga un valor reconocible y con sentido en la obra. Podría encontrar la naturaleza del muro como algo perfecto, pero pretendo un gesto que resalte y contraste precisamente con esta característica”.
Franco ha llegado a los muros, a las estructuras y a los espacios utópicos una forma muy intuitiva donde se ha dejado llevar por sus características tan precisas. Pero, como toda estructura, a su trabajo no le es indiferente un factor temporal. La realización de cada pieza comprende un proceso de construcción y destrucción, de pintar y demoler, dónde se entiende la validez del acto de envejecer o incluso de desaparecer. Sus obras son hechas en barro, principalmente por su flexibilidad y su noble manipulación. No obstante, la temporalidad entra en juego cuando el artista decide borrar con agua su pintura del muro.
“Con barro puedo hacer una cantidad de cosas, después borrar y solo queda una sombra y después hago otra encima. Es esa naturaleza del barro que permite construir edificaciones y que de forma muy orgánica todo puede volver a su origen y volverse a construir. Pero en última instancia, con barro están hechos todos los ladrillos con los que hemos construido nuestros edificios, barro cocido”.
Capa a capa, una memoria en el proyecto queda plasmada con transparencias sobre el muro. El objeto también se transforma y cambia de perspectiva hasta lograr el encuadre y la formulación ideal. El interés de Franco por encontrar la estructura del objeto despoja a cada edificio de los elementos que son ajenos a su esencia. Es un diálogo permanente donde la tierra media la unión entre la arquitectura como dibujo y como soporte.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Jaime Franco, Cali (Colombia), 1963. Entre 1981 y 1983, realizó estudios de Ingeniería en la Universidad de los Andes, Bogotá. Se trasladó a París para continuar su formación en el Instituto Pierre et Marie Curie. En el ambiente artístico parisino se interesó en el arte y se inscribió en L’Ecole Supérieure de Beaux Arts. En 1989, hizo una exposición individual en la Galería Casa Negret de Bogotá. En 1991, alcanzó éxito internacional exponiendo en las Galerías Yoshii de Nueva York, Tokio y París. En 2007, entre sus más recientes exposiciones están “Construcciones Ilusorias” en la Galería El Museo de Bogotá e “Inferno” en la Galería Santa Fe del Planetario Distrital de Bogotá. Su obra figura en importantes colecciones como la del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la de la Biblioteca Luis Ángel Arango (Bogotá), Museo de Arte Moderno de Bogotá y Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali.