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Número Especial
17 05 2018
I. Kenneth White, el bardo del nomadismo intelectual y de la geopoética por Héctor Loaiza
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El poeta pensador —como suele llamarse— ha contado trozos de su infancia y adolescencia en Fairlie, en la costa occidental de Escocia, sobre todo sus paseos en las landas (la vegetación atlántica húmeda), pobladas de abedules. Para el adolescente, esos territorios eran sus etapas mongoles, su Oriente. Le atraía el gran silencio, tan solo interrumpido por los graznidos de los pájaros. Hasta ahora, considera que sus textos, especialmente sus poemas, están impregnados de ese silencio. Ahí debía haber nacido su atracción por la naturaleza. Estudia la geología y la arqueología de ese territorio y empieza a leer las obras del ensayista estadounidense Henry Thoreau (1) y la obra poética de Walt Whitman.

Con el fin de ganarse algunas monedas, va de puerta en puerta para hacer firmar el registro electoral a los vecinos. Se sorprende cuando un anarquista, naturalista, vegetariano y orientalista se niega a firmar dicho registro. El anarquista posee una biblioteca con libros orientales u orientalistas (hindúes). Kenneth White encuentra a uno de los “Upanishad”, el Chandogya y se sorprende por una frase: “tú”, “eres”, “eso”. Es un lenguaje que corresponde a su experiencia del silencio en las landas, del vacío y el viento; y en la playa, los ruidos de las olas. Había leído a fondo la Biblia, con su Dios despiadado, sus historias tortuosas y el adolescente descubre en los textos hinduistas un espacio cósmico, vasto, donde puede respirar.

Entre los dieciocho y veintidós años, durante sus brillantes estudios en la Universidad de Glasgow, se consagra a leer en alemán toda la obra de Nietzsche. Era conocido entre sus compañeros como el “nietzscheano”. Escribe un texto que fue publicado por la Nietzsche Society de Inglaterra, en el volumen The Wanderer and his Charts. Por otra parte, se absorbe por completo en la historia de las ciudades y las civilizaciones según los grandes historiadores: Edward Gibbon, Arnold Toynbee, Andrew Gordon y Childe. El libro “La decadencia de Occidente” de Oswald Spengler (2), que despedía todavía vapores sulfurosos y era controvertido, le interesa al joven Kenneth White. Los lectores del inicio del siglo XX fueron fascinados por la concepción cíclica de las civilizaciones de Spengler que —como los seres vivientes— nacen, crecen, decaen y mueren. Se siente atraído por la noción del nómada de la segunda parte del libro, “Perspectivas de la Historia Universal”. Le intrigaba la imagen del intelectual urbano desarraigado en el contexto del fin de una civilización. La soledad del nómada, sus vagabundeos en una urbe tentacular y su impresión de estar al borde de algo le atraen. Lo que también explica su interés por la novela “Voyage au bout de la nuit” del escritor francés Louis-Ferdinand Céline, autor tan discutido en Francia (3).

Sigue estudios superiores de lenguas antiguas (latín y griego), lenguas modernas (francés y alemán) y filosofía en la Universidad de Glasgow. Lee además la literatura urbana, de Baudelaire a Dostoievski. Se pasea de noche por las calles de su ciudad natal, por entre las ruinas de la civilización industrial y siente ser la encarnación del nómada urbano de Spengler. Busca, por otra parte, los rastros en sus lecturas de “El lobo estepario de Herman Hesse y “Los Trópicos” de Henry Miller. Por esa época, empieza a construir su propia figura, la del nómada intelectual.

Interrumpe sus estudios en Glasgow durante un año para seguir estudios de alemán y filosofía en la Universidad de Munich (en la entonces R.F.A.). Allí, se consagra a profundizar en la filosofía de Heidegger. Por casualidad, lee un libro del maestro japonés de budismo zen, Suzuki, y descubre el respeto del japonés por la naturaleza y la manera como la cultura japonesa había afinado esa veneración.

Al regresar de Alemania, le atrae la vida intelectual parisina, ya que en Francia hay más avances de las ideas que en los países anglosajones o en Alemania. Al terminar sus estudios, recibe un diploma de Magister Artium de primera clase en francés y en alemán, y obtiene una beca por dos años para seguir estudios en París. Ya había empezado a escribir poemas en Glasgow y es en la capital de Francia donde publica sus primeras prosas y poemas en revistas literarias que tuvieron una buena acogida en el ambiente intelectual, sobre todo del poeta surrealista André Breton que reconoce en ellos un “elevado acento novedoso”.

Se fue a vivir a París en 1959 para estudiar y escribir una tesis sobre la relación entre poesía y política dentro del contexto del surrealismo. En 1962, con el pago de los trabajos de traducción que ha hecho, compra una vieja granja, Gourgounel, en las montañas de Ardeche, en el sur de Francia, con landas, bosques y rocas. Se recluye en la vieja granja durante los veranos y los otoños siguiendo el consejo de Nietzsche, se aísla temporalmente, recupera energía y elude las obligaciones. Allí estudia literatura y filosofías orientales (budismo chan, taoísmo). Comienza a escribir un manuscrito que más tarde se convertirá en “Lettres de Gourgounel”.

Vuelve a Glasgow en 1963. Como asistente y profesor-asistente, enseña la poesía del siglo XX así como a los enciclopedistas. De noche, como en su época de estudiante, recorre los bajos fondos, los subterráneos y laberintos de su ciudad natal. Publica en París, en 1964, su primer poemario en francés, “En toute candeur” (Con todo candor) (4), con un prefacio del traductor Pierre Leyris. El ambiente literario parisino reconoce que es un libro anunciador de una obra. El prologuista lo describe de este modo: “Joven, por supuesto (tiene veintiocho años). Directo y calurosamente vivaz. De un caminar ágil y saltarín que evoca los paseos a pie y hace pensar: ¡el buen compañero de caminata! A la vez, serio y alegre, fervoroso y lleno de humor. Apasionado de este mundo y rechaza simplemente cualquier otro. De buena gana intransigente. Completamente rebelde a la seudo fatalidad de la Historia”. En el texto que Leyris le pide escribir para presentar sus poemas, pone un título bastante expresivo, “Las colinas matriciales”. El poeta ha escrito: “He aquí un hombre que llama al mundo: las colinas matriciales. Un antropólogo podría decir que el hombre que habla así debe ser un viejo de por lo menos tres mil años.”

Su libro de prosa “Letters from Gourgounel” (1966), dos poemarios “The Cold Wind of Dawn” (1966) y “The Most Difficult Area” (1968), son editados en Londres y recibidos por la crítica inglesa como “fuera de las normas de la literatura contemporánea”. Rompe con Gran Bretaña, llega a Pau (Francia), al pie de los Pirineos en 1967, y le nombran lector de inglés en la Universidad de dicha ciudad. Crea un grupo literario y publica una revista, pero estas actividades son mal vistas por las autoridades universitarias. Por su participación en las manifestaciones estudiantiles de mayo de 1968, lo separan de su cargo. Pero al año siguiente obtiene un puesto de lector y después de profesor asociado en la Universidad de Paris VII, donde su conocimiento del budismo tibetano, del zen, del taoísmo y del hinduismo le permite fundar el Seminario de investigaciones Oriente-Occidente o el Seminario de la Montaña fría.

Vive en la Ciudad Luz en siete buhardillas —pequeñas ermitas urbanas—, donde escribe “Les limbes incandescentes”. Se ve en el título la mirada diferente del poeta que transforma la realidad sombría de las buhardillas en lugares luminosos.

En Pau, reside en un apartamento con una magnífica vista de los Pirineos, le acompaña su esposa, Marie-Claude Charlut, profesora de inglés, que ha empezado a traducir algunos de sus textos al francés. Esos años pirenaicos son en extremo fértiles, los manuscritos se acumulan en su escritorio. Espíritu receptivo a los seres humanos y a las ideas, cultiva la amistad de otros poetas, escritores, artistas e intelectuales.

Permanece en silencio, sin publicar ningún libro, durante nueve años en su apartamento de Pau, que él llama caverna, como la de Bodhidharma (monje budista tamul, fundador en China de la escuela Chan). Durante ese largo período lo pasa en la soledad y en el estudio. También acostumbra pasearse por las montañas pirenaicas. Ve en los picos nevados “la perfección y la sabiduría”. Expresa esta admiración por el paisaje en su “Prosa para el puerto de Marie-Blanque”:
      “Es invierno en la montaña profunda, la nieve cae con gruesos copos. Aquí, en el puerto de Marie-Blanque, caminamos lentamente. (…)
      El puerto de Marie-Blanque no tiene nada de grandioso. Es un pequeño puerto sin importancia. No se hace proezas en él. Buscamos otra cosa…” (5)

Por fin, en 1976, se edita en París “Les limbes incandescentes” (El nimbo incandescente o El libro de las siete buhardillas) (6). La crítica reconoce que su prosa y sus poemas aportan un viento fresco, saludable para los espíritus amplios y para los friolentos, una corriente de aire muy desagradable. En el prefacio anuncia su intención: “En el trasfondo de este libro, más que una concepción de la literatura, hay una manera de practicar yoga tibetano llamado ‘bardo’ —sin embargo, no se debe esperar ningún milagro”. Con esta prosa narrativa inaugura una serie de libros autobiográficos, relatos de viajes que cultivará a lo largo de los años. Tras haber leído y estudiado la obra de James Joyce, sobre todo su obra cumbre, “Ulises”, no le atrae escribir ficciones —sean éstas novelas o cuentos— y no soporta las intrigas novelescas. Para dar una idea de su estilo incisivo, citamos un fragmento: “Biblioteca Nacional. La más imponente colección de retorcidos, de cuerpos en ruinas y gárgolas. Una monja, enrollada en una mortaja que debe haber albergado una decena de cadáveres —su nariz pálida, desportillada, soporta anteojos de doble focal— escruta con cuidadosa atención las vías del Señor. Un albino granujiento cuyo cuerpo debe haber pasado por una máquina secadora corretea por todos lados, perdido en el mundo. Una mujer de figura de cartílago masticado expresa una obscena jubilación cada vez que depositan sobre su escritorio libros gordos como bebés…”

En sus conversaciones con Erik Sablé, transcritas en “L’Ermitage des brumes” (La ermita de las brumas) (7), que contiene muchas informaciones sobre el autor, éste ha declarado: “La práctica poética es un gran yoga. En el sentido de que es un yoga más amplio. La tentativa es a la vez de dar densidad a su existencia, a su estar en el mundo y unirse con el Universo. Lo que significa remediar a la separación del sujeto y el objeto, del yo y el mundo, que ha marcado a la modernidad.”

Su primera prosa narrativa, publicada en Londres en 1966 sin mucho éxito, al ser editada en francés en 1979, con el título “Lettres de Gourgounel” (8) tuvo una gran acogida por parte de los lectores. Fue el primer libro que leí de Kenneth White y fue una revelación por su estilo conciso y profundo, reflejo de su modo de vida y de su equilibrio. Según el autor, todo lo que se ha publicado de interesante en el siglo XX fue una tentativa de volver a las fuentes. Dos de sus autores preferidos han tenido encaminamientos similares: el surrealista André Breton (que se interesaba en el Oriente) se sumerge en el inconsciente y Heidegger sondea el pensamiento griego, remonta hasta las fuentes de su lenguaje.

Su vida pasada en una cabaña de las montañas de Ardeche podría ser resumida en la frase escrita por Confucio en el Ta-Hio: “Mira hacia arriba y ve los signos del cielo, mira hacia abajo y ve las líneas de la tierra.” “Lettres de Gurgounel” son las memorias de un hippie errante, que nos narra su descubrimiento de los hombres, del paisaje y las fuerzas telúricas en el pueblito de Gurgounel, cuyo nombre al pronunciárselo en francés o en español gorgotea en la garganta. El poeta pensador narra hechos simples, sensaciones y observaciones que representan una autoiniciación a una nueva lectura del mundo. El estilo es tan diáfano como un antiguo texto budista y nos hace pensar también en la exploración fenomenológica de un Carlos Castaneda. Después de haber leído la obra, uno tiene la impresión de mirar de una diferente manera a la Naturaleza. Es por eso que "Lettres de Gourgounel" ha sido un libro indispensable para una diversidad de lectores, desde los "marginales" que se refugiaban en las montañas de los Cevennes hasta el ambiente más sofisticado de París. “Escribí ese libro, confiesa en su conversación con Erik Sablé, durante tres semanas de tempestad, en un estado de exaltación y concentración extraordinaria”.

La obra "Derives" (9) es el relato de un recorrido por diversas ciudades de Europa, detrás de la percepción poética, haciéndonos conocer sus lugares predilectos y mostrándonos personajes excepcionales: poetas, músicos de rock, junkies y sus encuentros femeninos. De este modo Londres, Glasgow, Edimburgo, Dublín, Ámsterdam, Anvers, Barcelona, Marsella y Túnez nos son descritas con la "mirada" sagaz del bardo. Practica una insólita vía para el despertar de los sentidos, a través de la caminata; del paseo sin finalidad alguna y del viaje. Su búsqueda se emparenta a la de Victor Segalen (10) sobre quien ha escrito un ensayo erudito: "Segalen, theorie et practique du voyage" (11). Se identifica con esta frase del también poeta y explorador: "Soy errante en todas las ciudades y en todos los puertos estoy por partir". Ve en Segalen un creador cuya obra fue dominada por la nostalgia de los dioses exóticos, como si su origen bretón lo hubiera predispuesto al paganismo.

Kenneth White es el creador de la geopoética, aunque ahora lo dude, ya que hay tantos ensayistas que pretenden la paternidad de dicho concepto. Hasta el rapero francés Mac Solaar habla de geopoética en las entrevistas que le hacen los medios. Siempre hubo en su vida y en su práctica los globos terrestres y los mapamundis. Al dar vuelta a un globo, una tarde de invierno descubrió la meseta de Albatros, a lo largo de Centroamérica. En su libro “Le plateau de l’Albatros” (12) reivindica antes que nada “el sentido poético del mundo”. Durante un viaje en 1979 por la costa norte de Saint-Laurent, Ontario (Canadá), cuando iba al Labrador, la idea de la geopoética se precisa en su mente. Analiza la situación histórica a su manera, pero partiendo desde un terreno radicalmente diferente. Propone una posición más amplia frente al mundo, una relectura de la Tierra, una renovación del lenguaje en todas sus formas para explicar esta otra manera de estar en el mundo.

Con respecto a la renovación del lenguaje, en el prefacio de “Une stratégie paradoxale” (13) escribe: “Toda poética es en primer lugar una resistencia al lenguaje público, al discurso social, al flujo ininterrumpido de estereotipos y reflexiones apresuradas, de categorías gastadas y de pensamientos-reflejos. No mencionemos (…) toda la inflación verbal que reina en el ambiente mediático, ambiente que constituye un sub-mundo donde las expresiones que, tradicionalmente poseían un sentido y una energía, son subempleadas, subtraducidas (…). Frente a la inflación mediocrática del lenguaje, hay que reinventar un vocabulario, volver a la base…”

En “Le plateau de l’Albatros” describe algunos itinerarios individuales (La Pérouse, Humboldt), rinde homenaje a la obra de algunos compañeros de caminata (Cendrars, Thoreau, Kazantzakis y otros). Elabora la primera cartografía del concepto de la geopoética desde los puntos de vista científico, filosófico y literario, y la sitúa en el contexto socio-cultural, la ecología o la posmodernidad. La geopoética es un “campo” que ha tomado forma al cabo de largos años de nomadismo intelectual. A la historia de la literatura, René Daumal (14) prefería la de los cataclismos. Kenneth White también se siente atraído por el paisaje cataclísmico de la tierra con toda su rareza y su belleza.

 

NOTAS

(1) Henry Thoreau (1817-1862), nacido en Concord, Massachussetts, EE.UU., estudió en la Universidad de Harvard. Iniciado al trascendentalismo por su amigo el escritor Ralph Waldo Emerson, regresó a Concord después de haber terminado sus estudios. Ayudado por otros amigos, se construye una cabaña de madera, donde vivirá solo, practicando un modo de vida sencillo, descrito en su libro “Walden o la vida en el bosque” publicado en 1854.
(2) “La decadencia de Occidente” por Oswald Spengler, SLU Espasa Libros, Madrid, 2011.
(3) Louis Ferdinand Céline (1894-1961) es un escritor controvertido en Francia. Criticado pour una gran mayoría de intelectuales por haber ensalzado al nazismo, hasta devenir un agente de influencia durante la Segunda Guerra Mundial y un antisemita obsesivo. Admirado como genio literario por su estilo elíptico y sus panfletos cáusticos por los premios Nobel de literatura Mario Vargas Llosa y J.-M. G. Le Clezio. En “Voyage au bout de la nuit”, el autor utiliza el lenguaje oral e introduce el argot, la jerga popular.
(4) “En toute candeur” (poemario) por Kenneth White, Mercure de France, Paris, 1980.
(5) Extraído de “Un monde ouvert” (antología poética) por Kenneth White, Éditions Gallimard, Paris, 2006.
(6) “Les limbes incandescents” (prosa) por Kenneth White, Éditions Denoël, Paris, 1976.
(7) En “L’Ermitage des brumes”, entrevista larga de Kenneth White por Erik Sablé, Éditions Dervy, Paris, 2005.
(8) “Lettres de Gourgounel” (prosa narrativa) por Kenneth White, Les Presses d’Aujourd’hui, Paris, 1979.
(9) “Dérives” (prosa), primera edición Maurice Naudeau, París 1978, última edición Editions Le mot et le reste, Marsella, 2017.
(10) Víctor Segalen (1878-1919) nació en Brest, en el norte de Francia. Fue médico, arqueólogo, novelista, poeta y explorador. Publicó trabajos sobre China, poemarios inspirados por Tahití y el Tíbet, novelas y una obra de teatro.
(11) “Segalen, théorie et pratique du voyage”, Alfred Eibel, Lausana (Suíza), 1979.
(12) “Le plateau de l’Albatros” (ensayo) por Kenneth White, Éditions Grasset, Paris, 1994.
(13) “Une stratégie paradoxale” por Kenneth White, Presses Universitaires de Bordeaux, Burdeos, 1998.
(14) René Daumal (1908-1944), autor de la novela inconclusa “Le Mont analogue”, relato verídico sobre el viaje de un grupo de amigos para descubrir una montaña misteriosa en el hemisferio Sur.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Kenneth White, Glasgow (Escocia), 1936. Cursó estudios (letras francesas y alemanas, latín y filosofía) en la universidad de Glasgow, y los termina con la distinción Magister Artium de primera clase en francés y alemán. Marcha a Francia con una beca en 1959. En París escribe “Limbes incandescents” y en una casa en la montaña de Ardéche, “Lettres de Gourgounel” que fue un best-seller en 1979. Publicó después “En toute Candeur” (poemas y texto biográfico), París (1963) y tres libros en Londres. Vuelve a publicar en París en 1976, poesía, ensayos, prosa narrativa con traducción francesa (White escribe en inglés, con excepción de los ensayos). Son seguidamente traducidos a varios idiomas: alemán, holandés, italiano, búlgaro, rumano, serbocroata, macedonio, polaco, español... En 1979, White sustenta en La Sorbona una tesis de Estado sobre el "nomadismo intelectual". En 1983, es nombrado catedrático de la Universidad de París-Sorbona. Luego escribe "libro-itinerario" (waybook), como “Travels in the Drifting Dawn” recorre Europa de norte a sur y de oeste a este. En “La route bleue”, es el norte de América, las riberas del San Lorenzo y la meseta del Labrador. Ha recibido varios premios como el Médicis Étranger, el Grand Prix du Rayonnement Français de l'Académie Française y el premio Aleramo en Italia. Entre sus últimos libros editados están “Le passage extérieur”, poesía (2006), “Le rôdeur des confins”, prosa (2006) y “La carte de Guido”, relato de viaje (2011). Vive desde 1983 en la costa norte de Bretaña.