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Poesía
07 10 2018
Mario Araéz García: El diario poético de los perdedores
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I

Tengo a mi psique rodeada de cadenas,
al autor de mis poemas viendo si se promocionan.
Las escaleras donde no corté mis venas
estaban deseando acabar con mi persona.

Y yo escribiendo en plena tormenta,
deseo y temo a la muerte por igual.
Mi cuerpo fue cruzado por flechas de ballesta
y para que no gritase me pusieron un bozal.

El cielo me influye,
y no soy yo quien se pone a escribir:
mi mente se diluye.
Huye de esos días
en los que no pasa nada
y todo está muerto
como si fuera un lunes.

Asimilándolo, recojo el rescoldo,
sabiendo que lo que se fue,
seguro que no vuelve.  
Soy juez y parte, el sentido arrojo,
para ver si mi yo irracional
me absuelve.

 

II

Tú y yo una entelequia,
dame anestesia,
tristeza encubierta,
estoy lleno de miseria.
Cicatrices abren
pero no hay enfermero,
estos días sufro  
como en la cuesta de enero.
Versos sin escribir
están proscritos,
de mi corazón al tuyo,
del tuyo hasta el mío.
Mi delito no sé cuál fue,
estoy viviendo entre barrotes
mientras busco la fe.
Me esperara la soga o el garrote vil,
la paz que no llega, la vida a tirones.
Solo quedará de mí,
aquello escritos
y dos o tres canciones.
El sonido, el grito, el cielo azul,
cierro la boca, beso la cruz.
La cama vacía, apaga la luz,
la oscuridad, el ataúd.

 

III

Algún día me iré y no me encontraréis,
porque lo que soy,
no es todo lo que veis.
Seis
veces me perdí,
pero cinco me encontré
y la última que fui,
solo yo me busqué.
Alguien hundió la proa de mi vida
y en el naufragio
solo estaba mi álter ego.
Aquel ruido que sonó
fue imperceptible,
pero fue suficiente
para sentir el miedo.
Las carencias, aquel color gris
y todo aquello
que cuestiona tu existencia.
Al final me pudriré,
y de flores marchitándose
nacerá un nuevo invierno.

 

IV

La lluvia nos limpia, nos purifica,
somos la escoria, el ser suicida.
Se quita la vida
y la gente ya no ríe. Llora
penas que jamás existieron.
La camisa planchada y en la mesa
un vaso de ron blanco.
Al otro lado están los sueños,
un poemario deshechado
que jamás será leído.
Tengo a tu sirviente en el punto de mira,
que traiga lo que pido
o juro apretar el gatillo.
Es una amenaza falsa,
porque solo estoy escribiendo
el diario de los perdedores.

 

V

En aquella fosa sórdida
yace la inmediatez del alma.
Del fango nacerán flores,
donde la muerte nos hizo libres.
Después de todo
no habrá nada,
solo el recuerdo
y algunas rosas mustias.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Mario Aráez García es un joven escritor nacido en 1998 en Quart de Poblet, Valencia (España). Se dedica a escuchar, observar, tocar y escribir. En su tiempo libre estudia Ciencias Políticas en la Universitat de València (UV) y Derecho en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

 

 

 

 

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11 06 2019