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Poesía
01 02 2019
Hojas de vida de Rocío Valdeavellano por Héctor Loaiza
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El libro está dividido en cuatro partes: “Nuevos sonidos”, “Desde las esteras”, “No solo de pan”, “Cruzar el río” y “Tiempos”. Pero hemos preferido agruparlos como “Poemas intimistas” y “Poemas comprometidos”. Escritos con un estilo claro, sencillo y moderno, sin caer en la adjetivación ni en la retórica de quienes se inician a la poesía, Rocío Valdeavellano nos transmite las impresiones de toda su existencia al servicio de quienes necesitan ayuda. Por eso mismo, su poemario Hojas de vida es impermeable a los ataques o a las críticas de los puristas, los cultores de una poesía narcisista.

 

POEMAS INTIMISTAS
Empieza preguntándose el dilema existencial para lanzarse a la aventura de la vida. Sus poemas son optimistas, reflejan lo que la autora es en realidad. Ha vivido una infancia feliz, en una familia unida que vivía en el distrito de Miraflores.
En otro poema, propone su anhelo interior que nos quitemos el antifaz en nuestras relaciones y nos mostremos desnudos espiritualmente, con nuestras virtudes y defectos. Para ella, su más caro anhelo es la fraternidad entre los seres humanos, que la compara a un “amor refrescante”. Con respecto a los inicios de la exploración espacial, se plantea el papel del ser humano en el cosmos que ha permanecido intocable durante milenios, como antes la naturaleza en nuestro planeta.
En su poema “Insatisfecho” expresa su fascinación por el poeta o el intelectual que vive atormentado por la banalidad, que busca otra salida y se siente desconsolado porque su rebeldía no ha sido comprendida por los demás.
Rocío Valdeavellano se interroga sobre el papel que cumple la poeta y expresa sus ansias de cantar al mundo y protegerlo con su canto. En “Versos quejumbrosos” concluye que la superación de la angustia puede ser lograda por el cultivo de la poesía.
Con una cita de Jesús, en su poema “Amar”, dice que el amor es sacrificio para dar vida. También escribe poemas en francés —ya que ella lo domina por haber sido educada durante su adolescencia en una institución religiosa de París— para expresar su deseo de cantar por una esperanza compartida.
En “Certeza” confiesa su descubrimiento del ser anhelado con quien establece puentes de amor para balbucear juntos y encontrar un sentido. Nos confía su descubrimiento de la lectura, leía mucho durante años sin saber “hacia donde apuntaban las palabras”. En la madurez, lee con un nudo en la garganta porque sabe la intención que esconden.
Sobre las arrugas que aparecen en nuestros rostros, estigmas de los instantes que nos han marcado, aconseja que sean borradas aprendiendo a amar. Exhorta a saber callar para realmente comprender el lenguaje del silencio, para entender al otro. Cuando se ha aprendido a enmudecer, se llegará a entender el significado de la quietud. Solo así se puede afirmar que, al fin, se está pendiente del otro.
En su poesía “Insuficiente” describe su encuentro con el alma gemela y su deseo de “ser acogida / de encuentro amistoso / de amor no absorbente: discreto”. En dos poemas consagrados al amado, describe la ética que debe prevalecer para construir una “Trama interior” con el fin de llegar hasta el amor no exclusivo sino libre. Termina aconsejando “encontrar / las formas más adecuadas / para amar a cada quien”.
Cabe destacar un poema, escrito en francés y castellano, sobre su anhelo de conservar lo mejor de los trozos de su vida, lo más imperecedero. En “Arte de amar” manifiesta su convicción de que el amor es eterno.
Confiesa también su relación con la poesía, que ella considera como una misión, un gozo y una locura. Solo a través del arte poético recupera el vigor necesario para seguir viviendo.
En un conmovedor poema destinado a su hijo, Paul Ernesto, le hace la confidencia del instante de felicidad materna, de cómo lo sintió vivir en sus entrañas. “Naciste / y estuviste / entre nosotros / como un rayo de luz / que iluminaría / desde entonces / nuestro caminar”.
Su retrato de la vejez de su madre es enternecedor: “Tus manos / ya no tejen / Tu memoria / es cada vez más ausente…” Constata que ella se prepara “callada y / serenamente / Para el Gran Encuentro”.
En “A esta alturas de mi vida” hace el gran balance de su existencia, la duda que siempre le ha poseído entre el compromiso con el sufrimiento del otro y el cultivo solitario de la poesía. Siempre ha querido ser una artesana de la palabra.
En la última parte del poemario, describe el origen de su poesía que brota desde las zonas más profundas de su memoria que llama “la oscuridad de tus cavernas”, compara sus versos como destellos de luz.
En uno de sus poemas, deja un mensaje a su nieto, Amaru, proyectándose hacia el porvenir: “¡Cuántos pasos darás / en caminos a veces llanos / a veces empinados (…) / tendrás caídas / y te levantarás”.
Sobre la amistad profunda entre dos mujeres, destacamos el poema “Humanidad” dedicado a Mati Caplansky, la primera psicoanalista peruana, personaje de relieve en el ambiente intelectual limeño por su simpatía y su amplitud. Rocío Valdeavellano se refiere a una conversación con su amiga varias décadas atrás, “delante de una taza de café / (…) me dijiste: Te voy a ahorrar diez años de psiquiatría”. Le escribe: “Diez años de psiquiatría pueden ahorrarse / con una actitud amorosa delante de una taza de café”.

 

POEMAS COMPROMETIDOS
Desde sus primeros poemas considera que los seres humanos somos intrínseca y definitivamente comunicación. Afirma que la más grande ambición de la humanidad debe ser la fusión, completa y urgente, fuera de los cánones conocidos.
Vemos con el avance del tiempo la lente y firme mutación de la poeta al compromiso total con sus semejantes. Hay que señalar su poema “Conversión” donde alude a su sufrimiento interior antes de su encuentro con el pueblo que vive bajo techos de esteras y que la convirtió definitivamente por su dolor y su terrible miseria.
Dedica un poema a una religiosa francesa, a la hermanita Teresa, explicando que la vida es “acto de abandono”. Tras una jornada ayudando a los pobladores de las barriadas limeñas, trata de escribir sobre lo que ha vivido ese día. No obstante, el sopor le invade en la noche. Se rebela entonces contra esa debilidad de su cuerpo que le impide seguir batallando mediante las palabras por una vida mejor para los necesitados.
En sus poemas, ha retratado a mujeres y hombres extranjeros que han ido al Perú con intención humanitaria, diseñados con trazos rápidos y firmes. Ha plasmado la satisfacción y la alegría de la experiencia de grupo, dedicada a un luxemburgués, en su tarea de ayudar a los habitantes de las casuchas con techos de estera. Rinde homenaje a una joven canadiense de la clase pudiente, que empezó su itinerario en los arenales de Collique, identificada plenamente con las luchas de los pobladores y terminó librando una desigual batalla con la muerte. Evoca los cincuenta años de una religiosa que se consagró a los habitantes del Perú profundo, en Cajamarca, en el terremoto de Ancash y al final se arraigó en Cusco.
En otra poesía, critica a la arrogancia del pretendido revolucionario que ignora a la rosa pálida y a sus hojas plegadas. Hace la diferencia entre la vía que ella ha adoptado, que es opuesta a la jaula del militante.
Su batallar contra la injusticia la convierte a partir de los años 1970 en luchadora por la liberación de la mujer. Es patética su descripción en un poema de la vida en una barriada que lleva el título “En esas estamos”.
Se pregunta si podrá caminar con la poesía en la ruta revolucionaria. “¿Y si aprendiéramos a conjugar lo poético con lo político?” se vuelve a preguntar. Merece sus mejores versos la “Mujer pobladora”, la compañera de lucha de las barriadas, la “valiente alumbradora de nueva carne y sangre proletaria”. “La mujer que recibe palos, a la que le hacen hijos / que todo lo soporta por sus hijos”. Y termina con una conclusión prometedora: “Vamos mujer, porque en esto tenemos que ver tú y yo / porque llegó nuestra hora”.
En un poema “Ni una menos” describe el drama de la mujer peruana. Desde hace medio siglo, las mujeres de su pueblo le han relatado: “las increíbles, / trágicas historias de sus vidas. / Cada una ameritando una novela”. Concluye: “durante décadas he sido partícipe y testigo / de mujeres liberándose / abriendo nuevos surcos / mujeres combatientes / creadoras.”
Sugiere que los largos años en que el gobernante autócrata y populista Fujimori permaneció en el poder significaron el exilio para ella. Lo representa como al “Emperador de las tinieblas” cuyos acólitos se mostraron más sagaces que los hijos de la luz.
En “Nuevos tiempos” reivindica el papel de “la mujer del Nuevo Testamento” que vencerá a la soberbia instalada en el mundo y de este modo la humanidad entrará en otra etapa de su historia.
En la parte titulada “Cruzando el río” ha agrupado sus poemas que defienden la naturaleza y el planeta. Muestra a la Tierra golpeada por sus propios moradores. Se rebela contra la economía marrón que ensucia y destruye el medio ambiente y afirma que los pueblos del mundo aspiran a una economía baja en carbono, alta en justicia y en el respeto de los derechos de la Madre Tierra.
Lanza un mensaje al Homo sapiens para que derribe el “Credo del business”, el Reino de la codicia y se sacuda de la arrogancia —que diríamos faustiana— para rehacer el camino. Se insurge contra las fiebres del oro negro, el amarillo, el blanco (extraído de las hojas sagradas de los incas y que ha instaurado la corrupción, el narcotráfico y la violencia) y el oro verde, el predominio de los billetes verdes.
No podía faltar un homenaje a la vida del padre Gustavo Gutiérrez, ensayista de la Teología de la liberación, “Siguiendo a Jesús siempre / en tu firme opción / por la causa del pobre”.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Rocío Valdeavellano es peruana. Psicóloga con estudios de maestría en sociología, es consultora social de diversas instituciones y docente de la Escuela de Líderes Sociales del Instituto “Bartolomé de las Casas”. Ha trabajado muchos años en iniciativas de educación, alfabetización y promoción organizacional con barrios populares de Lima y otras ciudades del Perú. Confundadora y ex Directora del Instituto de Desarrollo Urbano CENCA. Ex Coordinadora Nacional de la Red Jubileo Perú e integrante de los movimientos contra la opresión de la deuda externa en América Latina. Impulsora del Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC), del que ha sido Coordinadora Nacional y de cuya Asociación Civil es actualmente Presidenta. Autora y Coautora de libros sobre temas educativos, sociales y ambientales (Vivienda Social, Deuda externa, Buen Vivir etc..), ha colaborado y colabora como articulista en diarios y revistas de ámbito nacional e internacional. Sus escritos expresan diferentes momentos de su vida y la de su país. Ella afirma lo poético como una dimensión humana y repite, con Gabriel Celaya, que “la poesía es un arma cargada de futuro” .

 

 

 

 

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11 06 2019