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Narrativa
01 02 2019
Cuerpo de Espíritu (fragmentos) por Pedro Merino
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Gary tosió un poco. Había tragado un poco de agua. Volvió a coger el objeto. Le resbalaba entre sus manos.  Pudo asirlo por una parte que se había dejado coger como si fuera un pez ciguato o borracho. Por un instante creyó que el objeto cobraba vida o tenía algo similar a baterías en su interior que lo hacía moverse. Al rato lo perdía. Se le perdía a través del roce con las yemas de los dedos. Febles no podía creer que pudiera ser un pez extinguido o una nueva especie aún por descubrir. Juró que jamás había visto algo así, atrapado entre arrecifes y luego emerger y moverse por las ondas del mar y las suyas, sí, y las suyas.
Se mueve, ¿se mueve?
No, tío. Es la corriente marina.
Gary se reía como un muchacho que había encontrado un juguete extraviado. Solo que ahora tenía que hacerlo suyo. De su propiedad.
Claro que sí, repetía, es mío, mío. Lo encontré yo.
Para que sea tuyo, expresó Febles, tienes que nadar hasta aquella orilla.
Dónde... ¿allá?
Febles le señaló un punto de la costa por donde podía acceder a un trillo. Desde el bote tenía una mejor ubicación del itinerario. Le pidió calma a su sobrino. Que no lo abandonaría, pero que no podía subir el objeto a bordo.
Al cabo de unos instantes, Gary se dio cuenta que el objeto reposaba sin preocupación como él. Se había dejado domesticar como una mascota. Solo faltaba que hablara o emitiera un gemido.
Comenzó a nadar como un profesional, con estilo libre, a la vez que empujaba con su cabeza el objeto. Febles lo siguió mientras pudo. Por detrás del bote Gary nadaba en dirección a una parte de la costa donde no se divisaba a ningún bañista.
Febles desistió. Ya no podía cubrirlo más. Pensó que era copartícipe de un robo. De algo que tenía que devolver. Recordó las veces cuando su sobrino le hablaba de la fragata española Navegador. También dudó que ese raro objeto perteneciera a ese barco español. Volvió a pensar en  tantas cosas que le dio unos dolores de cabeza. Creyó que todo le daba vueltas: el bote, los guardacostas, su privilegiada licencia de pescador, los bañistas, un buzo furtivo que vio rondar próximo al bote y muy cerca de Boca Chipiona, su sobrino, y otra vez el mentado objeto que no sabía su estructura, pero que ´podía ser un baúl de media braza, sí, debe medir media braza´.  
¡Recuerda envolverlo bien!, le gritó a Gary.
Casi no lo escuchó. Seguía nadando a estilo libre mientras empujaba el objeto con su cabeza. Supuso que debía envolver el regalo del mar en un saco de yute que Febles le había tirado dentro de una mochila. Apenas llegara a la costa tenía que envolverlo. No quería que nadie lo viera llegar. Al dar pie sacó el saco de yute. Metió el objeto cilíndrico dentro del saco y lo encestó en la mochila. Comprobó que la táctica de Febles iba a dar resultado. Que sí cabía el objeto en el saco de yute. Que la mochila camuflaba  el interior, el regalo del mar. Entonces respiró feliz. Pero caviló que aún no tenía seguro ese antiquísimo objeto. Tendría que andar por la calle; esperaría que su ropa se secara; abordaría un ómnibus público y luego llegaría a casa. Solo  hasta allí, hasta su casa, estaría seguro.
Jamás imaginó que un huracán le iba a evitar comprar equipos de inmersión para buscar lo que había encontrado, asido entre arrecifes.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Pedro Merino nació en 1967. Graduado en la Universidad de La Habana en 1994. Poeta y "contador de historias". Fue miembro del Proyecto Cultural Banco de Ideas Z, en La Habana, desde 1995 hasta 2002, mediante el cual tuvo promociones digitales y en papel reciclado. Publicó cuentos en las revistas cubanas Somos Jóvenes y Extramuros. Obtuvo el Premio de Novela Breve Juan March Cencillo 2003 en España con "Quinta de la Caridad (Operación Fula)". Tiene inéditas varias novelas policiacas.