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Narrativa
01 02 2019
Venimos por la loka (fragmento) por Gerardo Luis Rodríguez
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Gardel hecho un moño de risa. Las manos de la noche empezando a colorear desde las 100 bujías su rostro de papel 1900, donde un par de ojos oscuros Tacuarembó, ponían en suspenso el vaso de cerveza y la cabeza del tendero embobado en la voz del morocho del Abasto, enmarcado, moldurado. Ahora que nosotros nos bebemos el “a mí me pasa lo mismo que a usted” y pensamos en ese Gardel de vuestra mala suerte y muerte, buscada en los bares y no sabemos qué será de nosotros al amanecer al vuelo del tango Caminito, ¡ché que me moja los sentimientos! Sí, Gardel y la bohemia, ché.
Entremezclado al “garufa” de Gardel, una voz desde un rincón venía a lo “BBC de Rusia para América latina”. La morena en el claro oscuro de los muros, Irene, ocupada en fumarse el indio piel roja, en lanzar sus ojos negros de magnetos, en hacer fumarolas y espirales vaporizadas por los azules o los violetas de los reflectores. En picarme el ojo al ritmo de “samba pa’ ti” de Santana en los encantos sobre el parqué del señor Pissa de Grecolandia, segundo piso, ahí entre la 12 y la 13 de la calle 24, cerca de la UNincca. Irene, que venía de las clases nocturnas con el profe Mesa y otros manes del Instituto de validación de Bachillerato de la 17 bogotanal, de aquellos años de la insurrección total, del prohibido prohibir, sobre todo del "hagamos el amor no la guerra", años de paz y amor, "peace and love", hippies y traba colombiana. Convergencia espontánea de la JUVENTUD AL PODER, anarquistas con Pink Floyd, guerrilleros de música andina y trova cubana, erosionando la quiebra de la maquillada Autoridad—Autoridad estatal, militar, institucional, familiar.
Irene, la gitanilla rusita, socializadora, ondulatoria como la guitarra y la organeta, contorsionista a lo conga soronga, con su cintura mágica Santanaba, esa cintura se desintegraba a lo kuántiko con geometrías erótico-magnéticas del poder en las caderas de Irene, la chochota más "comuneros" de la Juco, que socializó el goce y gozábamos como pianistas improvisados con Sócrates en unos solos acompañados de sonidos de botellas de aguardiente tiiiti tin lin-lin, de vino xueee xue, y de la cerveza grouu grouu al unísono y los sonidos eran mucho saxo y cerveza en otro mundo de serpentinas naranjas-rojas. Un flash en lo invisible y esa chiquillla y su melena gira gira gira cabellos y caballos que se desatan en ese cuerpo de la diosa del baile sensual y después ella era ferviente mosquetera; una para todos, ofreciendo encima de la mesa, ante las vergas erectas y vibrantes, su kopa a lo Isadora Duncan, su klitoris a nuestras lenguas, dientes, labios que la sorbían la desbordaban de babas deslizantes y los penes deslizando en sus huecos deliciosos, donde hacíamos hervir una sopa cósmika de semen de la cara a los pies, en un bacanal absoluto, era la disolución de la beldad absoluta del goce en una alegría sublime... Irene folladora en las capitales comunistas, conocedora de todas las variedades y tallas de falos internacionales, insaciable, era nuestra terapia de juventud en las medianoches conspirativas y ssi y sisiisiisis y siii, qué gracia, qué estilo agua-aljibe siempre fresko, Irene la chocha nostra con voz coqueta y dulzona ella volcánica susurrando:
—Sin foreplay please — sin juego previo, por favor.
Una voz y una luz de lujuria. Allí ella, en el centro de la tarima, ondulando los brazos y las manos anhelantes ora tres serpientes —irguiéndose arriba—, ora las 2 manos alas al frente 2 al lado 2 atrás... eran aspas de sensualidad, ora los fogonazos de azul o verde se pegaban resbalando a sus fogosas babosas sudorosas caderas, abriendo esas piernas pura musculatura ardiendo, ora el vientre ora esas manos dibujando sus senos, manos-plastilina dedos pulsando los tentáculos de los pezones, visión de un erotismo líquido, todo colorido al instante, manos estiradas evaporándose en la sensualidad y lujuria que ella le transfundía a todo y a todos. Un rayo y una llama de lujuria inundaba la danza propiciando un “mercadito del ojo” y las espuelas de los "gallinazos", también allí en el Gerenas, calle 23 abajo de la 10. Irene hablando ruso y levantando vergas como si fuera un campeonato, se quitaba los calzones, sin recato beato y el "moñoñongo" y el culo airosa mostraba, debajo del abrigo. A los alquimistas del alcohol, les regalaba sus kukos rojos con sus perfumes clitóricos  Alquimistas sin cinco, pero hablaban de oro entre profesores universitarios, estudiantes de derecho, de filosofía, de artes, matemáticas, sociólogos, desocupados, encorbatados semilocos, personajes de oficio morada y enfermedad desconocida, castratos económicos que diluyen neuronas, hemoglobinas y “queman pestaña” sobre la literatura y su abc, de escritores, como el bifilósofo "todólogo" se decía de él, demoledor de ismos que ni siquiera el anarquismo lo aceptaba en sus legiones (sismo a todos los ismos, su consigna). Las tomatas de tinto empezaban con la demolición de los sistemas y de los políticos. El más tradicional, Alfonso —rosacruz-comunista-conservador—: respetar el orden y la ley, pero revolucionario "todos procomunistas de la juco. Todos abartolando tinto tras tinto y cigarrillo y discusión, y dato y corroboración; exclamando: —Recontra comprobado camarada"... Y traiga más tinto y salte a hablar de los cachumbos de la dama, al “pelito gamín” de Lunita imaginando su cucurucho. —¡Qué culiadita, culiadota con esta culiadora! Luna, una dadivosa refinada con su chofer de carnes hasta que llegaba Tobías Martinez —baboso “pepero” marihuanero, ladronzuelo, vicioso y corrido, todo entre comillas y comidillas—, llegando con la traba de la noche y Ancizar el pintor, con un frasco de tinta china lleno de cerveza, un "kenke, bareto o joint o porro aspire y aspire y dale que dale y definíamos: —¿Cuáles son las “jaibas” de esta noche? Vamos a mi taller— y el pepero cansón"—y ud"?... y Tobías a Sánchez el abogado, —¿Cómo está usted? —Y ¿usted? respondía al abogado—escritor, hablando a lo Ionesco en los Saludos, obra de teatro absurdo que se dedicaba a repetir a toda frase ."Y ¿Ud y Ud y Ud?" olímpicamente.
—¿Y Ud?...  Tobías a trancos y a mochas y más a mochas que a trancos pero dando tarascazos, respondía "solladamente" con las semiparalizadas mandíbulas y labios en medio de la "pepera” —¿Y Ud? —¿Y Ud? entrando en una espiral de —¿Ud?, —¿Ud? Sí, Tobías era un “pepo” y los "pepos" pierden la sicomotricidad y babosean y son obsesivos, gozan en círculo vicioso. ¿Tobías? más propenso a la adicción, a la hipocresía, a la deslealtad que acompaña a los maníacos-depresivos... Pero ahí lo llevábamos: en terapia vegetariana que solo fumara marihuana. Lo haría después de esa noche.
Hubo, en otro tiempo, el café “El Piel Roja” en las Cruces. Sí con ella penetramos orondos, rotondos y embriagados. Ella metiendo bullerengue y baile hechicero, a lo negro y saque los pechos “y hecho”, sus senos iban aquí-allá, arriba-abajo al aire público. Era nuestra musa pero, ahora solo “se lo daba” a los filósofos Tobías y Fizardo, Ella... una máquina de orgasmos muy sopránicos.
Irene sensualísima, era quien había corrido de un negro de Angola con un pene calibre 35 largo, allá en el invierno del blanco Moskú, en la Universidad de los pueblos, Patricio Lumumba... Nos contaba y señalaba con el antebrazo, el largo príapo afrikano, pero después se excitaba y otra noche, contaba, fue a buscar un hombre del kongo que le rompió el trasero como "un rinoceronte, ¡sentía que me ensartaba con un kalibre 38" —Delicioso pero mortífero polvazo— concluyó. —Duré 2 días adolorida de las nalgas por ese vergón que "repetí como reptil en mi boca, repetí como reptil baboso en mi kulo. Tú sabes chico como terapia sexual para esa soledad de extranjero tropical en medio de la nieve y del frío y duro Moscú comunista"...Ella que dormía con su papá como con un Pitágoras...
Sí, en el “Piel roja” del barrio Las Cruces entre zapateros, albañiles, hamponcitos y hamponazos donde el Hampón 51 era un caballero para respetar a los letrados, donde Pacho se atrevió a provocar, burlar y aumentar el número. “—Si usted es 51 yo soy el 57 o 121” cosa que no entendió el finado, lo miró de puñalada y le dijo: —Mejor tómese una cerveza callado. Yo intervine calmando: —De todas maneras no hay sino un solo Hampón 51…, Ud... Era un metedero, un lugar convergente de artesanos de malandrines y bajos fondos de la séptima con segunda en las Cruces, un amanecer bailando el Manicero cantado era El Piel roja por el “jefe” Daniel Santos y marihuana y “pola” y "esa maldita pared, yo la voy a tumbar algún día".
¡Piletas hermano! Pero con la sacachispas Irene, la noche no se agotaba sino que todas las noches terminaban en domingo, con los trajes ajados y sin “mosca” en el bolsillo, con la “pasma” y los guayabos, resacas de desierto intactas. Con los cuerpos hechos trapos surrealistas y a Irene se le caían las varices, le soutien-gorge, los "kukos, la kuka de kopakabana" todo, cayendo por los andenes del aburrimiento, hastiados del sexo existencialista a lo Jean Paul, el sastre de París, que nos acompañaba en un intento de suicidio mutuo, cuando retacábamos la margarita de un Smith Wesson 32 y jugábamos a la ruleta rusa del existencialismo. Cada disparo que no salía retumbaba y perforaba el primer azul del amanecer y en las salas del cerebro cada pétalo y cada bala no disparada eran nuestra despedida. Qué lejos estaba de saber de su locura, o mejor, no creí que la sinrazón llegara tan lejos, lejos, lejos, lejos... A la segunda ruleta rusa que yo no quise disparar, le quite las balas y guardé el revólver; de pronto de tanta confusión y fatalidad la bala sale —además, Irene, Kuka rusa y rasa ¡suicídate tú sola! —Y ella encontraba la salida de urgencia, la solución a su depresión, que como siempre era buscar afanosamente el falo que chupaba y chupaba y para la segunda escena ella angustiada y llorando —gemía— anal anal anal, lo kiero anal ¡metámelo por el kulo! ¡maestro! ¡Corone la faena! Era toda una máquina sexual imparable, insaciable, imploraba, bufaba como una yegua mojada y relinchona y terminaba con un chillido, un ululato excelentísimo ¡uuu! Tenía sus cinco vergas aquí, con nosotros, pero toda obsesión lleva a la locura.
Empezó por una fijación por el man, profesor suyo en un instituto nocturno, el profe tenía mujer en pleno parto, ella insistía en verlo. Deliraba palabras como políglota de ninguna parte, su lengua era rusa, sus labios franceses, eructaba en latín, orinaba en mongol, gritaba en chino,su orgasmo era en italiano con silbidos operáticos, puteaba en alemán y cuando hacíamos el amor los tres le salían eran palabras de tribus africanas, watusis batusi con tambor y todo como recordando la docena de negros que se engulló en la Universidad Patricio Lumumba. La U de todas las vergas, todos los penes en todos los idiomas... para su dolor de hogar y nostalgia y soledades bolcheviques. En realidad era un discurso increíble, texto gutural, intraducible, ilegible, la única realidad era la práctica de su ninfomanía, sabrosa. El profe Jotato no podía ir a encontrarse con ella porque ya salía para la clínica, me decía su mujer, por teléfono, con el producto concebido en las arenas de Libertad, Ecuador, detrás del buque fantasma, que nunca zarpó, y en un lecho de olas, se hizo esta criatura.
Irene se volvió loca:
—Noooo.
—Y siii...si, estuvo en el manicomio San Camilo pero ahora es profesora.
—Y no la conocí mucho, ella andaba con Tobías y con usted.
—Más con Tobías, que me la endosó.
—La noche del parto de la mujer del profe, ella quiso verlo. Efectivamente en la cafetería Sultana hablaron. Descansó ella, y él regreso para llevar a su mujer a la clínica, y después se armó la grande. Ella empezó a quitarse la chaqueta, la camisa y arrojarlos al suelo. “Se le trabaron los cables “insultándome de paso por prestarle las prendas cuando pensaba irme, empezó con el sostén y bueno el strip-tease se conjugaba con la vibración de los vidrios de la Sultana, muchos mirones, bueno ella siguió. Le dije que nos fuéramos, —vístase y nos vamos a un lugar chévere— ella se sosegó, se vistió y nos fuimos a casa. Me dediqué a ser aprendiz de sicoanalista En mi habitación duró diez días hablando hasta por los codos y tirando hasta por los culos y hasta las 3 de la mañana. Me levantaba mamado para ir a dictar las clases de religión, que después le dejé a Pacho, en el colegio de Santa Isabel, donde estudiaba un sobrino de Efraín González, el bandolero que derrotó al general Matallana. Eran los tiempos de los esmeralderos.
Y para que no le diera amnesia Alzeimer prematuro yo le hablaba —¿Se acuerda de los llanos? —Escuchábamos de una grabadora a Santana, ante la llanura y el horizonte inmensos como la traba y los llanos orientales, Irene, “mujer de magia negra". Granada adentro y sus calcinantes pastizales... Que nos embriagaban totalmente de olvido, fantasía y nada y marihuana y cielos acuarelados de azul, naranjas y sol rojo. "Oye ¿cómo va?". Los caballos pasaban trotando y luego volaban, habían políticos en cuatro patas y en manada corriendo hacia Woodstock y los perros de Joe Cocker encendían y bajaban los infiernos a toda esta gente obligada al triunfo, y ella, potrilla encabritada, devota de la verga: —Dáme por el kulo maestro de los nalgatorios, desbarátame a vergazo limpio y sin agüeros y —Eso mi burro, dáme en mi vulvota, hágame relincharrrr, rebuuznar iiiicicicihaahhhahcccrrr y no pare y no pare y se obligaba a la servidumbre sexual de pura yegua de placer, ninfómana hasta en escenas púbicas y públicas siempre sin kalzones, siempre filosofando sobre la socialización de los órganos genitales, el orgasmo revolucionario que materializa la fuerza del espíritu de lucha la peregrinación de sumisos. Y otra vez Frank Zappa que le hacía como cosquillas a Irene que se sangoleteaba, se epilepsiaba abriendo y abriendo también con Pink Floyd y luego cuando pasamos el caño o riachuelo, andando entre el agua, nos íbamos empelotando felices como jamás, frotándonos todos los 3 hermosos y cavernícolas, despelotados, más felices que toda la humanidad junta, manada en su mayoría, y nos sentíamos dioses de la paz, de la alegría, de aquella felicidad que todo humano debe alcanzar. Éramos una sola agua y un solo cuerpo y un solo río, sin tiempo y sin Heráclito, éramos... Sin nombres, repitiendo las aguas, sin referencia a ninguna galaxia, éramos saltimbanquis atractivos para los árboles, para los animales que nos hacían piruetas y ella gozando los dos penes en los huecos de la vida. —Sueño fugaz de dos vergas en medio de las manadas de caballos y yeguas lejos del corrillo de filósofos y las alharacas y cucarachas y diatribas políticas...Allá en el llano, en aquella casa de amigos del Inderena repleta de marihuana, no necesitábamos fumarla. Duramos tres días y tres noches; y hasta de las ollas salía "traba traba traba traba traba". “Cosa y cosa y cosa” en “canti brother”.
“Tomo y obligo”...de ser besa... mándese un trago... que de las mujeres no hablar... beba conmigo y hablemos...—¡Fuerza canejo! Nosotros no tuvimos la culpa de su locura. Ella se fue volando a lo pañuelo, luego espuma, lloraba y deliraba en siete idiomas... y usted sabe hermano, uno tiene su  límite, y en la “olla” o ruina, para acabarla de completar... Además llegó el día en el cual, me dio alegría, disponerme a sacudirme de yugo chochal.
Y fue ese día que la hice cambiar de pieza. Pasaba y pasó que dióse a orinar en protesta líquida. ¿Otra forma del orgasmo? Usted me entiende, ¿no? Me miraba y empezaba la risa y la alegría, y a ella también jugando al ahorcado, porque me decía asfíxiame, asfíxiame, y kulo adentro aullaba asfixiada y a vulva plena, maullaba y más de pronto, pasó al furor, a la bronca y pedía retreta de nalgadas, entre bramidos y balidos con acompañamiento de mordidas de nalgas trompeteadas y ensalsadas en lujuria amarilla ardiente Y..."yo te aaaasfixiooo delirante, yo no me dejaba tomar del cuello y ella histérica —déjate— una y otra vez en un tira y afloje del placer al odio, del eros al tánatos, hasta variadas "muertes súbitas" de sus orgasmos cada vez más estridentes o lacrimosos...
(…)
Sucede que mi madre Karmen que vivía en el segundo piso llamó la policía cansada de tanto escándalo verbal y música sexual y ella que cantaba ópera en siete idiomas y en siete notas y mi madre desesperada, llamó la policía...Y se formó la traca mandanga sanga, sanga…
Golpes suenan a la puerta Irene va abrir... —Venimos por la loca, dijo el policía...y pregunta —Y ¿dónde está la loca? Y ella que le responde: —No está, se equivocó de puerta. Es en la siguiente, segundo piso donde vive la loka (o sea la puerta de mi madre) —dijo la “loka Irene” con talante, talento y seguridad y a sabiendas de señalar a mi madre...
Nada pasó. Irene de todas maneras, horas después recuperó la realidad, recuperó la razón, recuperó sus siete vulvas, empacó sus siete camisas, sus siete colores sus siete notas cantando en sus sietes idiomas, dijo "aduís" y se perdió para siempre, en los siete caminos de la vida, hace siete días.

Bogotá sin fecha, fragmento extraído de la novela Bogotanal París

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Gerardo Luis Rodríguez, tras haber seguido estudios de filosofía en la Universidad Nacional de Bogotá, vivió en Chile durante el gobierno de Allende. Después del golpe de Estado de Pinochet en 1973, escapó a la persecución policial. Como escritor, publicó seis libros, entre relatos y poemarios. Residió en Francia durante diez años. Participó con un ensayo en el libro colectivo "Alain Laborde, Dix années de pinture (1984-1994)", editado en Pau (Francia). A través de la creación artística, persigue el objetivo ambicioso de sincronizar las fuerzas del Yo con las del universo. Sigue escribiendo para ser fiel a la misión que se ha dado en Europa: fomentar el diálogo entre las culturas.