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Cine y Televisión
01 04 2019
"Duna", la película de ciencia-ficción imposible de Jodorowsky por Jérémie Couston
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Tendría que haber sido la gran película del siglo XX, con su presupuesto faraónico y su fantástico reparto: Alain Delon, Mick Jagger, Orson Welles, Salvador Dalí, David Carradine... Ya que nunca vio el día, su leyenda es aún más grande. Con motivo de la programación en un canal francés de un documental sobre dicho tema, regresamos al loco proyecto de Alejandro Jodorowsky.

Grueso como dos guías telefónicas, de treinta centímetros por quince de altura, compuesto por más de tres mil dibujos: es el storyboard más legendario de la historia del cine. El de la adaptación de la célebre novela “Duna” de Frank Herbert por el cineasta chamán Alejandro Jodorowsky. Solo quedarían dos copias de este guion mágico, uno de los cuales es propiedad del mismo director en su casa de Avenue Daumesnil en París. Un gran admirador, el cineasta danés Nicolas Winding Refn, pudo hojear las páginas del libro de culto durante una cena en la casa de Jodo, quien le contó sobre su proyecto de principio a fin. "Una experiencia mágica" que convierte a Winding, director de la película “Drive”, en el único verdadero "espectador" de un proyecto imaginado durante años sin nunca haber sido filmado.

Delirio esotérico
La maldita historia de “Duna” comienza en 1973. El productor Michel Seydoux, que tenía 26 años, acaba de estrenar en Francia la tercera película de Jodorowsky, “La montaña sagrada”, un delirio esotérico que hizo furor entre los estudiantes fumadores de hachisch. Galvanizado por este éxito sorpresa, Seydoux quiere absolutamente producir la próxima película de Jodo: le da carta blanca. "No sabía mucho sobre él, recuerda el cineasta, pero por una intuición que hoy me sorprende, al verlo, pese a su juventud, vi en él al mayor productor de la época. ¿Por qué? Misterio... Y no estaba equivocado. Cuando le dije que comprara los derechos de “Duna” y que la película superaría los diez millones de dólares, una suma fabulosa en aquel entonces, no se inmutó. Ni siquiera había leído el libro."

Biblia de la ciencia-ficción
¿Por qué “Duna”? Porque era la biblia de la ciencia-ficción, el éxito editorial mundial del que se podía esperar una saga de películas del mismo tipo. Pero sobre todo porque esta historia de guerreros intergalácticos que luchan por un planeta en el que crece una especia misteriosa que provoca una ampliación de la conciencia, fue para Jodorowsky una maravillosa oportunidad de realizar su sueño: una película-trip.
En esa época, la única película de ciencia ficción que había cumplido más o menos este objetivo místico era “2001, Odisea del espacio” de Stanley Kubrick. Jodorowsky ambicionaba más o mejor dicho ir mucho más allá. Para ayudarlo en su búsqueda, necesita reclutar un ejército de "guerreros espirituales". Necesita en primer lugar, un hombre capaz de transcribir en una hoja las ideas visuales que burbujean en su córtex. Se acuerda de un llamado Giraud alias Moebius, de quien había leído una historieta genial: Blueberry. “¡Este tipo será mi cámara!” se dice.
En pocas semanas, encerrado en un castillo alquilado con esta finalidad por Michel Seydoux, Jodo y Moebius crean un guión gráfico, un storyboard, de más de trescientas páginas. Cada día, el chileno le cuenta sus sueños a Moebius, quien los dibuja a una velocidad sobrehumana. Primer plano, travelling: Jodo dirige a Moebius como en un escenario de tele, quien también concibe el vestuario y el decorado.

Dream Team para los efectos especiales
Queda por encontrar los efectos especiales del mago para dar vida a estos dibujos. Sin ningún complejo, Jodorowsky viaja a Hollywood para conocer a Douglas Trumbull, el mejor técnico del momento, quien creó los efectos especiales de “2001”. Trumbull, muy vanidoso, mira a Jodo desde su altura, pero éste a su vez se permite abandonar a la estrella sin pedirle permiso: "No tenía el espíritu de un guerrero espiritual", se lamenta el profeta chileno. Para cambiarse de ideas, ingresa a un cine que proyecta “Dark Star”, primera película de ciencia-ficción dirigida por un desconocido llamado John Carpenter, cuyos efectos especiales fueron creados por otro ilustre desconocido, Dan O'Bannon. Al día siguiente, Jodo se autoinvita a la casa de O'Bannon y le lleva marihuana muy fuerte para fumar juntos y conocerse mejor. Dos porros más tarde, el oso O'Bannon vende sus muebles y se va a París. Le seguirá después el inglés Chris Fross, ilustrador de portadas de novelas de ciencia-ficción que será responsable de diseñar la flota de naves espaciales. Cada mañana, Jodorowsky, de 46 años, cuida a sus jóvenes protegidos y los motiva con un discurso unificador digno de un entrenador de fútbol.

Salvador Dalí en el reparto
Ahora hay que encontrar el elenco de actores. David Carradine, entonces actor de una serie de kung-fu, es el primero en entrar al baile. Para interpretar a Paul, hijo del protagonista, Jodo recluta a su propio hijo, Brontis, quien ya había actuado a los 7 años en su western metafísico, “El Topo”. A 11 años, Brontis recibió clases de artes marciales (karate, ju-jitsu) con un entrenador personal durante dos años, seis horas al día, siete días por semana…
Para el papel del emperador de la galaxia, Jodorowsky sueña con Salvador Dalí. Con Michel Seydoux, viajan a Nueva York con el fin de conocer al maestro surrealista, que está bastante intrigado por la personalidad del cineasta más que por su proyecto. Antes de convertirse en director, Jodo había fundado el grupo Pánico, con el artista Roland Topor y Fernando Arrabal. Dalí arrastra a Jodo en una búsqueda de tesoros surrealistas que lo llevará de Nueva York a Barcelona, ??donde termina exigiendo una única condición en su contrato: "ser el actor más pagado del mundo".
Jodo emplea una estratagema con su productor: Dalí no debería aparecer más de cinco minutos en la película, le ofrecen un pago de cien mil dólares por minuto "útil". Gracias a la mediación de su musa Amanda Lear, que gana de paso el papel de princesa, Dalí acepta. Y el presupuesto levanta vuelo.

Orson Welles, Alain Delon y Mick Jagger
Jodo convence a Orson Welles a ser el barón Harkonnen (¿quién otro?) prometiéndole contratar al chef de su restaurante parisino favorito para garantizarle comidas de calidad tres estrellas. En la década de 1970, el director de “Citizen Kane”, cada vez más obeso y megalómano, pasa su tiempo en la mesa para olvidar sus películas inacabadas. El azar a veces hace bien las cosas, Mick Jagger, entonces en el apogeo de su fama, será el más fácil de convencer. En una cena mundana, el cantante se separa del grupo que le rodea y va al encuentro de Jodorowsky quien le pregunta sin preámbulos si quiere actuar en una película dirigida por él. Y Jagger acepta sin dudar. Se junta así con Gloria Swanson, Geraldine Chaplin y Alain Delon en lo que hubiera sido el elenco más loco, nunca antes visto.

¡Y Pink Floyd para la banda sonora!
Para la música de su ópera espacial, Jodorowsky también ve muy grande. Va a Abbey Road para pedirle al grupo Pink Floyd, en plena mezcla sonora de “The Dark Side of the Moon”, a participar en la aventura. “Desembarqué en el estudio durante una pausa de almuerzo”, cuenta el cineasta. “No alzaron sus cabezas de sus hamburguesas mientras yo les explicaba el honor que tendrían de formar parte de esa película.” Interpreté su actitud como una ofensa y comencé a amonestarles como si fueran pescados podridos. Finalmente dejaron de masticar y me dieron su acuerdo. Deberían compartir la banda sonora con Tangerine Dream, Mike Oldfield y el grupo francés Magma, ¡nada más que eso! Durante un concierto parisino de Magma, al que Jodorowsky había invitado al artista suizo H.R. Giger y logra convencerlo para diseñar los palacios y los decorados de su saga.
En 1977, tras cuatro años de trabajo y reunir a este improbable elenco, Jodorowsky y Seydoux van a Hollywood con su enorme guion gráfico en colores para completar su presupuesto, que entre tanto se ha elevado a quince millones de dólares. Solo tienen diez y presentan su libreto mágico en todos los estudios con la esperanza de reunir los cinco millones que faltan.
Impresionados por la cantidad de trabajo pero también asustados por la reputación incontrolable del director, los magnates de la MGM, de Paramount y otros rechazan la propuesta. Demasiado ambiguo, muy metafísico, demasiado genial, muy largo: la película duraría como mínimo seis horas, Jodo prefería una versión de doce horas...

La adaptación catastrófica de David Lynch.
Aún sin terminar, Duna inspirará a todas las películas de ciencia-ficción que saldrán de los estudios en los años 70 y 80, comenzando con “Star Wars” o “Blade Runner”. Moebius, O'Bannon, Fross y Giger terminarán un par de años más tarde participando en la película “Alien”, donde reciclarán la mayor parte de sus invenciones. Por su lado, Jodorowsky, profundamente molesto, abandonará temporalmente el cine para centrarse en las historietas. Los escenarios de L'Incal y Méta-Baron se deben en gran parte a su película maldita, con la que supo convertirse en filósofo. Sobre todo después de la catastrófica adaptación de David Lynch en 1984 que su hijo le obligó a ver en un cine y Jodo salió con una sonrisa socarrona. Todos aquellos que participaron en el ascenso y la caída del proyecto “Duna” aprendieron a caer una y mil veces, con una obstinación feroz, hasta aprender a levantarse. “Recuerdo a mi viejo padre que, muriendo feliz, me dijo: ‘Hijo mío, en mi vida he triunfado porque he aprendido a fracasar’.”
Si la loca ambición del proyecto de Jodorowsky lo pone en el panteón del cine en la categoría de “películas imposibles”, como por ejemplo, “Don Quijote” de Terry Gilliam, la historia de “Duna” aún no termina: los herederos del escritor Frank Herbert acaban de vender los derechos de la novela a la productora Legendary Entertainment, gran difusora de éxitos de taquilla del séptimo arte estadounidense. Como dicen allá: eso continuará...

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Alejandro Jodorowsky (Tocopilla, Chile, 1929), es un artista de origen judío-ucraniano. Escritor, filósofo, dramaturgo, actor, poeta, director de cine, guionista de cómics, instructor del tarot y psicomago. Autor de más de veinte obras entre las que se destacan: Albina y los hombres-perro, La trampa sagrada (2000), La danza de la realidad (2001) (memorias), El tesoro de la sombra (2003), El dedo y la luna (2004), El maestro y las magas (2006), Solo de amor (2006)… Películas: La Cravate (1957, Francia) (cortometraje), Fando y Lis (México, 1968), El Topo (México, 1970), La montaña sagrada (México, 1973), Tusk (India, 1980), Santa sangre (México, 1989), El ladrón del arcoiris (Gran Bretaña, 1990) y King Shot (anunciada para 2009). Obras teatrales: El minotauro, Zaratustra, El juego que todos jugamos, El sueño sin fin, Opera pánica (1993), Escuela de ventrílocuos y Las tres viejas.