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Literatura
01 04 2019
Versos a la luz de la vida por Carmen Vargas Antúnez
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En el prólogo, José Luis Rey (poeta, profesor, traductor y crítico literario), la describe así: Poeta o poetisa –qué más da–, donde la ninfa Erato depositó con generosidad la gracia de la que es dispensadora. Soledad es poeta sin remedio, sin opción a otra cosa y sin posibilidad de no serlo. Toda la vida, desde su primera adolescencia, la conocí distante, apartada, ausente –acaso de ahí su nombre–, mirando al vacío, alejada de un mundo que no le interesa, queda en sí misma viendo cosas que los demás ignoran: légamo fértil de un mar misterioso, periplo en solitario que asegura la dicha…

La luz no usada, nos lleva a observar desde los templos más remotos o foros rodeados de arcos, los caminos interiores del ser humano, que cada lector reconocerá como propios; veredas donde hemos a veces tropezado y otras encontrado la libertad.
De cada estrofa emana un manantial calmo por donde emerge la poesía bien estructurada, de una belleza líquida sin igual, que va convirtiendo al lector en cada gota que salpica unas páginas cargadas de supervivencia, de guerras ganadas a pulso y en recompensas por cada batalla vencida. La vida a pesar de los años es protagonista en todo momento, con ello la escritora nos invita a sentirla en toda su inmensidad, como un tesoro que no debemos descuidar ni dejar que se nos parta a pedazos y caiga sobre nuestros pies.

La larga línea de las palmas de las manos;
la eternidad que se aventura al paso de los años;
vivir es tener un esquema de proyectos;
diseñar organigramas en los estanques de los peces.
(…)

Soledad Zurera López tiene la pócima perfecta para convertir el dolor más arraigado en paz y sosiego, pasando del infierno, al paraíso de sus gloriosos dioses.
Nos cuenta también José Luis Rey, que su buen amigo, el gran Pablo García Baena,
solía hablar de Soledad con elogio, encomiando sus versos y su buen hacer poético.

(…)
Una mujer, inmersa en el mapa de su geografía interior,
perdida en el atlas de su dicotomía, escribe,
alcanza de una caja escondida un pañuelo de seda,
con unas iniciales que ella misma hubiese bordado,
cuando las letras de una canción se vuelven insistentes;
hay temblores de carne dolorida en el cuaderno.
(…)

Desde Ediciones Ábrego no hemos dudado ni tanto así en que este poemario tenía que ver la luz, esa misma que Soledad no ha querido utilizar, por mantener sus poemas protegidos mientras nosotros revelábamos con mimo cada verso, sintiéndonos fotógrafos literarios envueltos en una nebulosa más que placentera.
Hoy lo presentamos con todo el honor y orgullo de sentirlo entre nosotros, y al que auguramos un buen viaje. Saboréenlo despacio, sorbo a sorbo, como el elixir que es.
(…)
No supe ser más largo si la ceniza o la vida
y aún te evoco a pasar de los solsticios de invierno;
no sé vivir de otra manera al uso.
Crecer es ir creciendo en lo que a ti me recuerda;
disculpad si esto es un poema de amor;
pero este es mi refugio, mi refugio
y hay tanto dolor afuera.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Soledad Zurera López, es licenciada en Filología Románica. Ha sido profesora de literatura en la Facultad de Letras y en el IES Averroes de Córdoba (Valencia). Colaboradora en periódicos, revistas y antologías culturales. Ejerce la crítica literaria. Recibió la Fiambrera de plata concedida por el Ateneo de Córdoba, galardonada con el premio Luis carrillo de Sotomayor y miembro del grupo Astro. Ha publicado: “Tercia” (Col. Polifemo, 1988), “Tiempo de olas muertas” (Astro, 1989), “Las máscaras del unicornio” (Col. Vasija. 1990), “Carpe diem” (1991), “Jardín de Armida” (1992), “Mater Amantíssima” (Col. Almadraba, Málaga, 1993), “Paisaje para un texto” (Premio Gabriel Celaya), “La vitrina” (Premio Arcipreste de Hita, 1995), “La memoria de la palabra” (2000), “Don de los nombres” (Ayto. de Córdoba), “Bajo el signo de Aries, El cristal de la sombra” (Col. Judá Leví, 2007), La blusa violeta (Premio Fray Luis de León), “Los cenáculos de Eros” (Premio Dionisia García, 2010).