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Narrativa
11 06 2019
Cuando el espejo se rompe… (cuento) por Susana Merke
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Construir una imagen paralela a la real; mostrar lo que alucinó ser; vivir un escenario ajeno, porque en su país lo acosa la marginalidad, la miseria, la violencia… Escribir su propio periódico y digitar su noticiero televisivo para persuadir a los incrédulos y asegurarse la perpetuidad en el poder. Organizar, planificar y ambicionar todo, y más.
Arduo trabajo el de levantarse cada mañana para juntar los pedazos de un cuerpo abatido por la codicia, y con desdén componer una figura enaltecida para mirar al espejo… y allí descubrir al otro, al modelo de perfección que no puede derrumbarse, que no puede ceder, que se propuso instalar en un espantoso día, cuando creyó tocar el cielo con las manos.
Ir más allá de los límites humanos para mantener en pie una utopía descabellada con sólo una meta: estar siempre en primera plana, convertirse en padre de todos, en ídolo, en mártir y por qué no, si es posible, en santo.
Ponerse de pie más allá de las derrotas para convencer con el relato de haber formado parte de los años oscuros del país, que no lo tuvieron como protagonista sino mirando de costado, desde afuera o bien escondido. Engañarse y engañar, para desde su personalidad mitómana argumentar un discurso que lo tenga como protagonista y víctima -eso atrae, genera sentimientos de pena, de piedad y devoción en aquellos que ponen en un pedestal a falsos héroes-. Ellos perduran mientras los ojos del pueblo insisten con la venda, que no les permite ver y asumir la realidad engañosa que los atrapa y sumerge en cegueras colectivas.
Ese cuerpo fragmentado que habita, se manifiesta en los sueños y allí es donde adquiere poder, alas y armas para enfrentar la batalla que deberá lidiar al despertar, no sin antes reprimir el espasmo y la histeria que lo acosan. Para sobrevivir a lo construido necesita aduladores, una masa que aplauda con devoción pactos secretos, negociados turbios y un coro de codiciosos que obedece, mientras el circo exista. Largo y duradero espectáculo que se instaura en el poder, ocupa un espacio notorio y se va extendiendo sin permiso tejiendo redes sospechosas y enmarañadas, que avasallan y arrastran lo que se interpone a su paso.
Los gobiernos cierran su ciclo, los tiempos piden aires nuevos con otros rostros; el pueblo por derecho propio regresa a las urnas para expresar su hartazgo por lo viejo, por las traiciones, las mentiras, por lo ya conocido o su adhesión a lo nuevo, a otros proyectos, a otras promesas. Todo líder tiene su hora final, y tarde o temprano su poder acaba y pasa a formar parte de la historia, la que se encargará de juzgarlo sin piedad, sin misericordia…
¿Cómo se acepta después de tantos años el ya no ser?, abandonar el mando, el absolutismo impuesto, la autoridad suprema sin mediar discusión, no aceptar críticas porque debilitaban el poder, no escuchar al otro porque no merece tener voz, no habilitar la palabra de los que piensan distinto. La realidad negada asume la voz, exige, renace de las cenizas del olvido por decisión de las mayorías, y se apodera de la construcción de un modelo engañoso para abrir la caja de Pandora, aunque rogando que alguien se atreva a cerrarla antes que huya la esperanza como último don otorgado por los dioses.
 Sin miramientos surge la verdad oculta y exige. Negros tiempos salen a la luz y adquieren vida propia. Y él se enfrenta al espejo y descubre cierta mañana que ya no es el de ayer, que ahora es otro, es uno más, y tal vez nunca logre regresar al lugar eterno que se esforzó por construir con obsesión, con pasión, con esmero desmedido.
El espejo habla, no pide aprobación y acobardado por excesiva sumisión no miente más. Muestra el paso de los años, las arrugas del rostro, las canas grises y amarillentas que reaparecen para quedarse. Pero por sobre todo tiene memoria, no se equivoca y es incorruptible. No se vende ni se compra. La imagen perfecta que hasta ayer proyectaba cae en pedazos, porque dentro de él hay otro mundo, como si fuese el real pero invertido. Similar al nuestro, pero donde nada es lo que parece.
Es la puerta al más allá, quizás al Averno del Mundo Antiguo o al de los vivos condenados a copiar a su líder, que ahora son castigados por no haber realizado bien su trabajo, por hablar por despecho o por dejar al descubierto el gran secreto, que sostenía un espacio de ficción.
Con su sabiduría ancestral, que proviene de las antiguas civilizaciones: egipcia, griega, etrusca y romana, donde gozaba de admiración suprema con su forma redonda u oval y en su reverso primaban grabados y relieves mitológicos, se harta de ser condescendiente y comienza a cuestionar, a reclamar, a interpelar.
 Después de años de enmudecer, obedecer, silenciar la imagen que replica, ahora es su tiempo de no esconder “nunca más” lo que debió disimular, mentir, dramatizar. Engañó para no ser castigado como tantos otros, hombres ellos, que hablaron y recibieron desprecio, escarmiento, mientras eran despojados de sus lugares de privilegio.
Vivió siglos de silencio durante la Edad Media, cuando se prohibió su uso por considerar que las imágenes reproducidas eran originadas por los malvados demonios, atrapados allí por la magia. Es su hora. Voces, manos, bocas y ojos se abren paso entre los cristales rotos para atrapar ese rostro, ese cuerpo infame y así comenzar su ansiada venganza. Gritos de dolor y silencios contenidos se apoderan de ese ser humano que lo enfrenta, de su espacio, de su falsa construcción de la realidad para llevar a cabo lo tan largamente planificado.
La batalla comienza y él defiende a muerte su yo onírico fortalecido, que se empecina en la búsqueda de su altivo y lejano castillo interior que habita. Sólo encuentra el aislamiento, la anulación y la soledad de su neurosis perturbadora. En ese proceso turbulento inicia el viaje revelador que recorre su imagen del yo irreal al yo social, que le muestra el verdadero rostro que siempre negó tener.
Ahora y como siempre lo han hecho, los espejos se definen por su capacidad de duplicar la realidad. Han sido un medio de acceso para lo misterioso y sobrenatural, y fueron utilizados desde tiempos remotos en sus distintas variantes como medios de adivinación. Ya las antiguas brujas de Tesalia practicaban la cristalomancia y escribían sus oráculos con sangre humana en ellos.
 Hoy sabemos que los estímulos ópticos de la capacidad imaginativa son los que provocan las visiones que vemos proyectadas en el cristal. Pero no todos aceptan la verdad de la ciencia y prefieren seguir admitiendo las antiguas creencias, que la magia se encargó de transmitir a lo largo de la historia de la humanidad.
Él sigue aferrada a ese antiguo concepto, que se apodera de su ser más íntimo y en sus sufrimientos brotan las pasiones del alma humana como respuesta, que ensordecen la tierra con sonido y furia. Su sentimiento altruista saca a la luz la agresividad que subyace en el idealismo extremo y en el fanatismo.
Hoy como ayer, y siempre, la soberbia y el poder enfermizo se encargan de destruir a quienes se valen de estas herramientas para permanecer, olvidando que siempre habrá un espejo que se encargará de hacer justicia.
En tiempos revueltos debe primar la coherencia de los sabios y memoriosos.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: La primavera de 1958 vio nacer a Susana Merke en la llanura santafesina (Argentina). Hizo sus estudios primarios en la escuela Simón de Iriondo y luego para el Bachillerato en el antiguo Colegio Nacional de la ciudad de Rafaela. Su inquietud por las letras la llevó a trasladarse a la capital de la provincia, Santa Fe, donde ingresó en la Universidad Nacional del Litoral para obtener el diploma de profesora en Letras. Partió a la Capital Federal, Buenos Aires, en dicha ciudad dictó cátedras en Literatura Argentina, Americana y Española durante trece años, y a fines del siglo XX regresó a su tierra natal. Enseñó en escuelas medias y desde hace varios años sintió el llamado de la escritura. Recibió distinciones en concursos literarios, y el 16 de junio presentó su primera novela “Las voces del pasado no mueren”.

 

 

 

 

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