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Narrativa
01 09 2019
Dos cuentos fantásticos de Oscar Hernández
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HUELLAS

“En relativamente poco tiempo, científicos humanos han logrado manipular la genética de plantas y animales, esto lo han hecho en laboratorios… tal vez existan extraterrestres diseñadores de vida capaces de modificar el ADN de seres de diferentes planetas.”
Tania Raposo

Cada vez que entra al edificio, Yolanda pone su pulgar en el lector láser para que se abra la puerta. En la pantalla del aparato aparecen las líneas que conforman su huella. Siempre ha pensado que esa imagen asemeja una galaxia en espiral. El lector identifica los patrones diminutos que surgen de la epidermis de sus dedos como únicos y existentes solamente en ella de entre todos los seres humanos.
Llega a su escritorio, contesta correos y prepara el reporte diario de pagos a los proveedores. En la tarde, cuando todos salen a comer, Yolanda decide buscar imágenes de galaxias en internet. Encuentra una fotografía del espacio tomada por un telescopio. Asemeja lo que diario ve en la pantalla del lector láser: una galaxia en espiral formada por ríos de soles. En ese torrente, tres astros sobresalen de entre los demás. Yolanda observa con atención esa figura que está en algún lugar lejos de ella.
“En mi pulgar hay un camino que se proyecta hasta la imagen que está en la pantalla. Estas líneas son impresiones dejadas en la arcilla de mi piel, por un escultor que nunca conoceré.”
Los Diseñadores de seres, al recorrer las distancias entre las constelaciones, buscan lo más importante y escaso que hay: vida. Saben que entre una cantidad inmensa de mundos, sólo pocos tienen los requerimientos para que exista. En el tercer planeta del sistema solar, encontraron en su mar primitivo a una criatura unicelular que sobresalía de entre las demás. Alteraron su estructura helicoidal interna para que se convirtiera en la especie dominante de ese mundo. Antes de partir, los Diseñadores firmaron su creación: dentro del núcleo del ser dejaron las instrucciones para que, en eones, surgiera en el pulgar de un miembro de esa especie un modelo de la galaxia de donde ellos provienen. Los Diseñadores se retiraron del planeta con la esperanza de que esas criaturas transformaran su mundo. Esperaban que algún día, el ser que tuviera ese diagrama en su piel pudiera desarrollar la inteligencia para darse cuenta del origen de su esencia: la galaxia en donde tres soles brillan con intensidad.
“Veo la pantalla. Un día, mi padre me enseñó a usar un pantógrafo. Sobre su escritorio puso una fotografía mía y una hoja en blanco. Comenzó a delinear la imagen con la punta del pantógrafo, y sobre el papel surgió, en menor tamaño, la réplica de mi rostro. Tal vez de algún modo similar, los objetos más colosales del universo pudieron haber sido trasladados a nuestra piel, sobre nuestros cuerpos”. Yolanda recordó el cuaderno que llenó con dibujos que hizo usando ese instrumento. Hojas repletas con reproducciones de diferentes tamaños, de todas las fotografías que encontró en la casa.  
Por un momento piensa que ha encontrado, que debe de existir, una relación entre el origen de las líneas en su pulgar y las bifurcaciones del río estelar; como si la espiral que está plasmada en ella hubiera sido dibujada por alguien de alguna forma… Una puerta se abre con violencia, la gente regresa de la hora de comer y la ven observando su dedo. Se da cuenta que la miran y continúa con el reporte pendiente.

 

CENIZAS

El escenario fue el mismo en todas las ciudades: Las estructuras metálicas de los edificios salían del pavimento como los huesos de un gigante marino varado en la arena. Después del fulgor de las armas nucleares, el viento en su corriente transportó los restos de la civilización humana como si fueran hojas secas absorbidas en un remolino de polvo. En pocos minutos se extinguió la última voz de un ser humano.
La gente corre por la calle pero yo me quedo aquí. Aquí te esperé, por primera vez, a la entrada de un cine frente al monumento. Cuando llegabas te tomaba de la mano, tus dedos entre los míos, visualizaba tus falanges formándose por partículas de calcio en el mar primaveral de tu madre, dedos diminutos cuando eras pequeña manipulando crayones para trazar letras por primera vez… Después de todos los caminos por los que se puede bifurcar una vida, al fin sostenía tu mano. Cuando llegaste, imaginé que en ella encontraría sentido a todos los eventos que me llevaron hasta ese momento. Ahora pienso que no regresarás, no hay forma de que estés aquí de nuevo…
Han pasado siglos. La nave se sumerge en la gruesa capa de nubes que cubre la atmósfera. Los Diseñadores regresan de nuevo a la Tierra. La última vez que estuvieron en el planeta registraron el progreso de la humanidad que comenzaba a edificar monumentos, lenguajes y columnas capaces de resistir la marea de los siglos. Ahora, encontraban un mundo sin un sólo ser capaz de usar una herramienta simple. Descendieron de la nave y buscaron fragmentos que los ayudaran a observar los vestigios de la vida que alguna vez existió. Su tecnología les permite a los Diseñadores identificar las memorias de los seres humanos como hilos entretejidos en el tapiz del espacio tiempo, hilos que en ciertos lugares plasman una imagen que sobresale. Al recorrer la ciudad detectan una figura formada por filamentos de memorias que emanan entre las columnas de la entrada de un edificio en ruinas. Activan el aparato. Poco a poco las cenizas se agrupan y reconfiguran primero las mentes y después los cuerpos de las dos personas que concibieron esos recuerdos. Se retiran y observan.
Todo se ve diferente: los edificios, el cielo… pero no importa porque te veo caminar, tomas mi mano, nos sentamos en la entrada del cine y te escucho hablar. Estás aquí, tu voz, te escucho hablar…
Después de un tiempo los cuerpos de los seres se fragmentan desde su interior. Sus cenizas se dispersan por la ciudad destruida, vuelven a fundirse en la superficie porosa del tiempo. En los orificios y celdas de esa superficie permanecen las voces que han existido. Los Diseñadores capturan las palabras finales habladas entre los humanos para guardarlas permanentemente en los registros de los planetas fallidos, después siguen su camino.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Oscar Hernández, nació en la Ciudad de México en 1981. Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad del Valle de México, y la Maestría de Apreciación y Creación Literaria en Casa Lamm. “Sopa de soles” es su primer compendio de cuentos. Su novela “El Viaje de Renata y Cynthia” fue publicada en 2018. “Herrumbre de Memorias” es su primer libro de poemas.