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Arte
02 01 2020
Lido Iacopetti: un eterno innovador del arte por Pablo Morosi
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Desde 1965, cuando creó la “Nueva Imaginación” su obra, erigida en base a formas irregulares a las que bautizó como “imagos”, “pictografías asimétricas” e “imigrafías”, fue construyendo un estilo propio, innovador que era “inegociable”. Esos trabajos “no se adecuan al sistema de pintura convencional, son agresivos, disonantes, antiplásticos para quienes aún se manejan con una visión retrógrada y caduca”, explicaba por entonces. Y agregaba: “Es una pintura que exige una nueva actitud, es la nueva imaginación, representativa de una nueva humanidad, floreciente, plena, proyectada. Un mundo habitado por el amor, la libertad, la dignidad, la paz, la alegría de vivir”.
En los 70, renegado del mundo que entonces veía arbitrario y superficial que regía al mercado del arte y que lo repelía porque, según su mirada, pretendía condicionar su obra, se lanzó a hacer exhibiciones en sitios poco frecuentes, incluida la misma calle, lo que en cierta medida, lo fue marginando de galerías y salones oficiales. En esos años se abstuvo de participar en los tradicionales concursos artísticos.
-Lido, no podés colgar una pintura al lado de una ristra de salamines -lo criticó un amigo, también artista plástico.
-A mí lo que me importa es que lo que hago llegue a todo el mundo y no conozco a nadie que no vaya al almacén -respondió.
“Hablando mal y pronto, fui un boludo”, admite hoy sentado en el comedor de la casa que comparte con Teldy, su compañera de la vida, con quien tuvo dos hijos: Valerio, que es médico, y Fabio, economista. “Entonces pensaba que lo más importante era experimentar y defender mi dignidad; de eso no me arrepiento. Sin embargo, con el tiempo, me fui dando cuenta de lo importante que es dejar un legado y para eso la obra tiene que circular por todos los lugares posibles”, dice y cuenta su entusiasmo por la reciente incorporación de algunos de sus trabajos en la prestigiosa galería porteña Aldo De Sousa a la exhibición y difusión de artistas argentinos y latinoamericanos, donde también hay trabajos de los reconocidos artistas platenses Raúl Mazzoni y Jorge Pereyra.
En algún punto, el relato roza el argumento del filme de Gastón Duprat, “Mi obra maestra”, en la que un galerista reconocido, interpretado por Guillermo Francella, va en busca de un pintor indócil y entrado en años, encarnado por Luis Brandoni, que navega por los márgenes del mercado para proponerle un plan para que su obra sea redescubierta. “Me hablaron de esa película”, ríe Lido.
Lejos del estilo antisocial y hosco de Renzo Nervi, el personaje de la película de Duprat, Iacopetti es afable y expansivo. Durante la conversación hace pausas para ir en busca de alguna de entre las cientos de obras apiladas en casi todos los ambientes de su casa. El 2 de abril de 2013 con la trágica tormenta que inundó la ciudad, el agua ingresó en su casa y alcanzó a cerca de 180 cuadros. Cuenta que tiempo después hizo “una exposición con los cuadros intervenidos por la inundación y se vendieron todos”.

ETERNO INNOVADOR
El diario La Opinión rescata una muestra realizada por Iacopetti en la Galería Carmen Vaugh donde el artista dedicó varios días a charlar con el público y, en una actitud absolutamente inusual, terminó por obsequiar algunas de sus obras.
En los 80 inició sus series “pictocosmogónicas” y luego trasladó sus imágenes a almanaques, siempre realizados para recaudar fondos para instituciones generalmente vinculadas con la niñez. “Los almanaques tienen que ver con mi idea de la función social que debe cumplir el arte. Son como ofrendas”, comenta Lido.
Muchos de sus trabajos fueron subastados en obras de beneficencia en las que no ganó un peso. A lo largo de su extensa carrera trabajó en publicaciones de arte y recibió numerosos reconocimientos. En 2000 la Legislatura bonaerense declaró de interés su obra y en 2015 fue ungido por el Concejo Deliberante de La Plata como “pintor popular”, por iniciativa del Frente para la Victoria.
Han elogiados sus cuadros críticos locales como Ángel Nessi, Aldo Pellegrini, Jorge Romero Brest o por el francés Michel Tapié de Céleyran. Algunas de sus creaciones se encuentran en museos de Estados Unidos, Francia, Italia, Venezuela y Perú.
“Para mí, la pintura es un canto a la libertad, una búsqueda constante por mejorar la condición humana. Siempre busqué la originalidad porque necesitaba expresar una identidad, un mensaje que tuviera que ver conmigo con el intento de alcanzar la conjunción cósmica que lleva a una situación de génesis”, se entusiasma el artista, que no se cansa de repetir la idea del historiador Arnold Hauser quien planteaba que, en lugar de bajar el nivel del arte al nivel de las masas hay que subir el nivel de las masas hasta alcanzar el del arte”.
Parte de esos pensamientos sobre su concepción del arte los condensó en su libro-manifiesto “Bichos estéticos IV”. Allí, en lo que considera su testamento plástico, expresa su visión y el sentido de sus pinturas como un elemento que, desde el arte, provoque un cambio en el ser humano y la sociedad.
En la Galería De Sousa, Pablo, hijo del fundador del afamado espacio artístico, prepara obras de Iacopetti para llevar en abril de 2019 a la mega muestra ArteBA y trabaja con ellas para incluirlas en un proyecto de difusión popular del arte. Después de haber investigado a fondo la trayectoria del artista, De Sousa asegura que es de “enorme valor y merece reconocimiento que en parte le fue esquivo por no estar en Buenos Aires y porque siempre apostó por un arte popular más allá del mundo específico de las galerías”, concluye el galerista que hoy ofrece a la dilatada experiencia del pintor platense por adopción una inestimable e inesperada plataforma de visibilidad de alcance internacional.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Lido Iacopetti tiene 83 años y hace sesenta que entregó la vida al arte. Su rutina lo mantiene frente al caballete al menos cinco horas por día y, según sus cálculos, lleva hechas unas 10 mil obras que se encuentran en museos, escuelas, bibliotecas y en manos de particulares tanto de La Plata como de varios puntos del país y del planeta. Formado en la Universidad Nacional de La Plata donde obtuvo el título de licenciado en Historia de las Artes Plásticas. Llegó a dicha ciudad para estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes a fines de los años 50. Para costear los estudios trabajó en fábricas y fue vendedor callejero hasta que logró ingresar como preceptor en el Colegio Nacional, donde ejerció durante treinta años la docencia, compartida con el Colegio Carlos N. Vergara. Comenzó exponiendo en la Galería Lirolay en 1964 y 1965 fue pionero en llevar el arte a la calle, a lugares no convencionales.