Literatura
04 03 2020
Buscando a de Ronde por Luis Franc *
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Pero esta presentación identitaria resulta engañosa: se trata de un personaje que si bien deja entrever datos concretos de lo que fue su vida, ya es presentado como misterio a develar. Durante el texto el lector se interna en oscilaciones constantes entre ficción y realidad, con momentos en donde resulta indiscernible la veracidad fáctica. Las primeras aproximaciones al personaje se apoyan en descripciones y citas pictóricas, a partir de la luz y el color. Surgen de este modo esas primeras imágenes mentales que suministra la redacción en primera persona de Gustavo Bernstein, quien conoce ocasionalmente a lo que será su personaje en un taller de arte del gran pintor y cineasta Jorge Acha. Luego de unos pocos intercambios encontramos al escritor en casa del personaje, intelectual que dice no leer a Borges porque no lee “autores reaccionarios”, pese a contar en su biblioteca con “Civilización y barbarie” de Sarmiento.

Es el formato novela el que aglutina un conjunto donde el autor se dedica a bucear en la vida de aquel que conoció, aunque escasamente. Un incipiente vínculo al que le faltó tiempo; un tiempo que Bernstein sale a buscar. Intento de colmar la brecha a sabiendas de que jamás ocurre. A tal fin, sale en busca de los datos que considera que completan los agujeros narrativos que le inquietan.  Aventura de buscar la organicidad de una figura incompleta: ese intelectual era el ajedrecista holandés Chris De Ronde, que integró el equipo de su país en las Olimpiadas que se celebraron en Buenos Aires en 1939. Y lo que más surge es – ya resignando aquella pretensión de totalidad- un particular y sincero recorte. Constituyendo en más de un tramo de la investigación quedan flotando dudas, preguntas, pensamientos en voz alta. Una investigación que recolecta datos como clausuras, pero también agujeros cuya materialidad y posibles lecturas no se desprenden en absoluto de un sentido común que emanaría de las situaciones, ni conclusiones que vayan de suyo.

Lo cual devela a Gustavo Bernstein no solo como recolector de anécdotas y documentación sobre los pasos del ajedrecista a través de la historia del siglo veinte, sino como otro personaje que pasea al lector todo el tiempo por su punto de vista – o sea, fuera de toda pretensión de omnisciencia - con recurrencias en temáticas puntuales que son su propia inquietud. La subjetividad del escritor por momentos hace figura por sobre el personaje que persigue. Bernstein juega como alter ego de sí mismo, como una subjetividad progresivamente más delineada a medida que transcurren las páginas del entramado de historias cruzadas en torno a la vida del ajedrecista.


El texto presenta a De Ronde como centro del relato, pero ese centro se descentra en varias ocasiones para dar paso a cuestiones laterales en la vida del personaje, pero que al escritor inquietan especialmente. Una atractiva dialéctica se completa como uno de los aspectos más interesantes de su trabajo, como cuando pretende mostrarse – provisoriamente - como alguien a quien más que nada le interesa rodear su objeto de análisis. Pero lo que opone a tal intención es el párrafo que cierra el libro: “Todo relato importa un recorte de los hechos; y en tanto como tal, porta el vicio de la subjetividad. También el que precede. Que todos los testimonios transcriptos sean fidedignos no implica que no haya escogido fragmentos y desechado otros. Y lo mismo se aplica a la elección de las fuentes periodísticas, que he colectado y descartado a mi arbitrio. Ni que decir de las especulaciones personales que conviven con todo ese material. La historia narrada es apenas una mirada. Y si bien cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia, quien busque en estas páginas una fuente irrefutable de verdad se ha equivocado de libro”. Es un hallazgo que tal aclaración se encuentre al final, porque es un modo de Bernstein de darle la ocasión al lector de experimentar las sensaciones y relaciones con su visión; le da la posibilidad de empatizar hasta quizá alejarse radicalmente. Porque las idas y vueltas de esa incógnita llamada De Ronde están inscriptas en la historia del siglo veinte, el de las guerras mundiales, de los golpes de estado y el advenimiento del peronismo: tres acontecimientos que en “De Ronde. Retrato de un apátrida”, la selección del autor enfatiza. Y desde tal énfasis, se dedica durante capítulos enteros y en alusiones mechadas en otros, a ajustar cuentas con el peronismo en tanto el autor se ubica en una visión crítica del movimiento, y del rol de Perón. En función de argumentar su postura se apoya especialmente – no en modo exclusivo- en fuentes marcadamente antiperonistas, como el periodista Uki Goñi. También ataca aspectos sensibles de la cultura del movimiento como cuando argumenta sobre las veinte verdades peronistas que: “Ningún lector medianamente avezado que examine con rigor esos veinte enunciados podrá ver en ellos la expresión de un sostén programático sino, más bien, un vacuo ideario camuflado por palabras”. El puente que justifica la desembocadura en tan categóricas afirmaciones es tratar de comprender el antiperonismo furibundo que gobernaba a De Ronde, para el cuál nadie que gritara “Viva Perón”, podía ser de izquierda, tal cual declaró en su oportunidad a la prensa holandesa. Se desprende entonces cierta confluencia entre escritor y personaje, donde el primero corre el riesgo de la distancia empática de muchos que se identifican con el peronismo. Honestidad que es la de una apuesta. El interesante contrapunto es él mismo encargándose de visibilizar a personas/personajes reales que lo refutan y develan explícitamente en más de una ocasión lo que creen que son la intencionalidad de sus recortes y montajes. Como una dinámica discusión a modo de ping-pong entre él y una de sus fuentes, el crítico de arte, curador y artista plástico Raúl Santana - en sus años mozos discípulo de De Ronde-.

 El ajedrecista es la bisagra que une y el cuerpo que atraviesa las diferentes instancias del siglo pasado. De este modo, resulta muy interesante la línea de tiempo trazada desde la Guerra, con su decisión del holandés de quedarse en Argentina como modo de burlar su seguro reclutamiento para el frente de batalla. Ya en la posguerra, el destino de los nazis que fugaron de Alemania. Con vasos comunicantes con las diferentes épocas del peronismo, siempre mediante el cristal de Bernstein. Luego vendrán los hechos de Ezeiza, los asesinatos de la triple A, la dictadura cívico militar y el Mundial 78, los campos de concentración, la complicidad de la iglesia católica - Emilio Mignone aprovechado como valiosa fuente, entre otras - la contraofensiva montonera y sobrevolando todo, la historia familiar de De Ronde. Su entrañable esposa, su hijo y su familia política atravesada mucho más directamente que él por las circunstancias de los setenta, viviendo un terrible drama familiar durante la mencionada dictadura, con secuelas hasta el presente. En los hechos del siglo, De Ronde aparece y en ciertos tramos parece esfumarse; así como surgen datos sobre su persona, periodísticos y a base de testimonios de parientes directos o políticos; por épocas el ajedrecista es una incógnita. Lo cual lo torna más interesante, como figura a completar por un lector cuyas imágenes y conclusiones pueden encontrarse o no con las del autor de un libro fruto de años de recopilación de testimonios, hallazgos periodísticos e investigación histórica. Además de momentos especialmente literarios que juegan en favor del montaje entre los hechos, como un capítulo especialmente literario en el cual Bernstein tiñe a su personaje de subjetividad, imaginando los momentos de soledad durante el período de su vida que se fugó de su casa, porque su esposa había quedado embarazada. El dato certero sobre la consulta del jugador a un psicoanalista le sirve a Bernstein para imaginar los posibles intercambios durante las sesiones.

Y la alusión a las jugadas magistrales de ajedrez, las estrategias que despliega y la historia de una partida emblemática. El capítulo que cierra el libro es una interesante apuesta literaria sobre la subjetividad del ajedrecista en una partida fundamental, donde Bernstein plantea una analogía entre la ideología marxista del jugador con aquella jugada que le dio la victoria en una famosa partida en Amsterdam contra Hendrik Kamstra en 1938.

Novela periodística, ensayo, descargo personal: todo es el valioso texto de Gustavo Bernstein “De Ronde. Retrato de un apátrida”. Su lectura se degusta como viaje por los diversos registros que componen la estructura.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Gustavo Bernstein nació en Buenos Aires en 1966. Graduado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ejerce la profesión de arquitecto paralelamente a la actividad literaria y cinematográfica. Ha incursionado en diversos géneros literarios: “Maradona, iconografía de la patria” (ensayo), “Diez relatos cinematográficos” (guiones) Sarrasani, entre la fábula y la epopeya (crónica), “La patria peregrina” (relatos de viaje), “Ejercicios de fe” (poemas) y “Mutatis Mutandis” (poemas). Asimismo ha compilado y prologado los Escritos Póstumos (vol. 1 y vol. 2) de Jorge Acha. Su ensayo El rostro de Cristo en el cine fue galardonado por el Fondo Nacional de las Artes en la disciplina Letras. En el ámbito de la filmografía se ha desempeñado como guionista y director en “Sudacas”. Como periodista, ha colaborado con los diarios La Nación, Página 12, Clarín, Ámbito Financiero y La Gaceta de Tucumán, la agencia de noticias Télam y las revistas Nueva y Letra Internacional. Actualmente se desempeña como docente de Literatura y Cine en el Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA).