Poesía
02 06 2020
Versos a Castilla la vieja por María Teresa Bravo
« volver

SEGOVIA

La tarde se nos afiló en crepúsculo seco,
sin esta mar suave que mece las palmeras.

Éramos como dos navegantes
musitando veladas confianzas
por entre senderos de guijarros,
yendo a la corte con el Memorial
nuestras secretas rutas a las Indias.

Desparramados: alma por alma
y verso por verso por la adusta Castilla
de los enjutos palomares
y de cigüeñas que regresan a sus tronos.

Se asomó la noche a las altas almenas
y fui una foto al trasluz de la pericia
de un sol que se resistía a apagar
el ocre de mi piel y la sed de los trigales.

Ahora soy tu despertar vacío,
un beso infinito que te guardó mi caracola,
en la ciudad sin mar donde —tan dulcemente—
siempre me esperarás con los brazos abiertos.

 

HIJA DE SEFARAD

Eres como lo desheredados de la aljama
que lloran su destierro injusto.
Coge tus pequeños hatillos y huye con ellos.
Sé también una digna hija Sefarad.
En esta ciudad yerta tampoco
ya nadie te quiere,
ni a nadie le haces falta,
ni va a llorarte nadie
si no vuelves jamás.

 

EMPERATRÍZ DE LANCASTER

Ella era un vino añejo para paladear
en copa de cristal de Bohemia con filo de oro,
pero fue catada como vino barato
para beber a morro entre aprendices
del botellón que no distinguían
el calimocho del champán francés.

A eso conlleva la monocromía del espíritu
y la alineación horizontal perpetua:

A confundir a la Emperatriz de Lancaster
con una vulgar moza de posada.

 

COTIZAR EN MARAVEDÍES

Para sorpresa suya:
ella ya no estaba en el candelero
de la nueva tasación en Bolsa.

No se cotizaba la lealtad,
la paciencia, ni el buen amor,
ni siquiera el amor— hermoso.

En aquella Corte no distinguían
los caducos maravedíes,
de los doblones de oro,
recién importados de las Indias.

Nunca supieron valorar las rosas,
en los campos yermos del alma
en donde no germinan ni zarzales.

 

CALLES EMPEDRADAS DE CASTILLA

Sus pies iban siempre lastimados de transitar
por callejas de guijarros penitentes.
El suelo de Castilla fue creado
para la austeridad de los conventos
y de los patios de armas;
para la jaculatoria perpetua[H1][H2],
la llaga en encarnadura de viacrucis,
de cilicio y disciplina

En tan martirizada tierra
¿Cómo iban a sustentarse las raicillas
de la estrella que le habita en su pecho?

 

LA COCINA DEL LAZARILLO DE TORMES

He visitado la cocina de Lázaro de Tormes
y no había harina suficiente para hacer
buñuelos de viento o rosquillas tontas.
Ni un pimiento seco para farangollo,
ni agua de borrajas,
ni calamares de medio luto,
ni patatas a lo pobre(matahambre),
para hacer atascaburras,
ni huesos pringosos chupadedos,
ni gallinejas y entresijos,
ni mojete en crudo,
ni salsa de los gitanos,
ni un rosigón
para sopa de ajo castellana
o picatostes de pueblo;

ni espina de bacalao para guisar en porreta;
no orejas de fraile,
ni calabacines pistonudos,
ni judías pochas,
ni una hamburguesa de mojama.

Habían sólo dos huevos contados,
tres tomates,
una cebolla,
medio centilitro de leche…
telarañas en cazuelas y sartenes
y un eco atronador en la despensa.

 

MUDÉJAR

Posiblemente nunca vuelva la música a esta plaza
y la fiesta del estío se amortigüe en mi memoria
hasta desprenderse de toda circunstancia.

El ángel del pináculo
nunca tocará para mí su trompeta de piedra,
ni existirá el mañana que me sueña
a lomos de mi suerte echada,
mientras yo me construyo otro sueño,
bien distinto y a extramuros de los hijosdalgos,
en el barrio mudéjar, con los hideputas.

 

JUANICO DE LA CRUZ

Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!

San Juan de la Cruz

Se me abrieron las llagas, como a vos,
los costurones de las cicatrices malcosidas.

Pero no es dulce cauterio —buen Juanico—
llevar las carnes desgarradas,
y las pústulas rezumando veneno
sin tener ni una mano pía que las vende.
Ninguna belleza hay en dentellada,
dislocación, desgarradura;
ni en coágulo, ni en costra,
ni en la entraña viva al descubierto.

¿Por qué somos tan malqueridos— buen Juanico—?
Vos por Dios— que os dejó a vuestra merced
en las celdas los Inquisidores de Toledo—
Y yo… por un amor humano…
que me ha abandonado a mi suerte
en la noche más oscura de esta Ciudad Sitiada.

 

LA DAMA DE LUZ

Era dama del Palacio, mas no era de las bobas
cuyo único menester es cazar a los incautos
con el cebo simplón de su fácil desbragadura.

Era sencillamente buena,
dueña y señora de su coraje :
heroína de sí misma.

Una mujer —hermana que me amó—
como Cristo ama a su prójimo
y supo serme lazarillo en mi ceguera,
acompañándome hacia las regiones
del amor que ella habitaba.

Aquella noche oscura me refugió en su pecho,
allí dormí en la dulcedumbre
de sentirme a salvo del cerco de las sombras,
pues ella era una Dama de la Luz.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: María Teresa Bravo, (Alicante, España, 1954). Maestra de enseñanza primaria (jubilada desde 2015). Vive en Vila-seca, Tarragona. Fue coordinadora de la revista literaria Generación. Colaboradora de numerosas revistas literarias y pedagógicas. Sus poemas figuran en varias antologías de poesía. Desde 1984 hasta 2018 ha publicado ocho poemarios en editoriales españolas, alguno de ellos prologado por profesores universitarios estadounidenses, franceses y noruegos, y por una poeta mexicana.