Narrativa
02 10 2020
El neonato por Rafael Bagur Castillo
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Cuando llegaron los Paramédicos y voltearon a Nuria, la prostituta de la cuadra, vieja conocida en el barrio de Santa Ana e informante del detective García, dejándola boca arriba. Pudieron ver que, de sus genitales, o lo que quedaba de ellos, salía una enorme envoltura, semejante a una placenta. Ante estas circunstancias, optaron por llamar a los detectives de la policía, que ya habían hecho acto de presencia, para saber qué hacer y si podían moverla. El detective jefe, García, pensó que eso correspondía a los del Ministerio Público decidir y esperó la llegada de éstos. Después de haber tomado fotos y muestras de sangre, los del MP mandaron que fuera el médico forense el que se encargara de aclarar de qué se trataba todo aquello y ordenara el traslado del cadáver. Hasta entonces, García y su ayudante hicieron su propia investigación sobre el cadáver y los alrededores de la calleja aquella. Al salir de la Morgue, unas horas más tarde, García recordó que su esposa estaba embarazada, tal vez por la bolsa sangrante en los genitales de la mujer muerta; sonrió, sin dejar que los sucesos le afectaran demasiado. Era el primer hijo de ambos, se sentían felices y llenos de dicha por lo que se avecinaba, a pesar de que les habían recomendado que ella se hiciera una resonancia magnética por el exagerado y rápido crecimiento del vientre; ellos, sin embargo, no habían hecho caso, prefiriendo esperar hasta el nacimiento del bebé, para saber su sexo y lo demás que necesitaban conocer de él o ella.

Todavía se detuvo en el bar de costumbre, para tomarse un trago y comer un bocadillo, suponiendo que su esposa ya se encontraría durmiendo y no quería molestarla. Pidió su segundo trago y recordó lo qué les había costado que su esposa quedara embarazada; tratamientos caseros, visitas a médicos especialistas, pastillas e inyecciones que tomaron y se aplicaron los dos, hasta que, por fin, ya desilusionados y cansados de tanta medicina, se conformaron y abandonaron los planes de ser padres. Abandonaron también la dieta a base de vegetales frescos, que les habían aconsejado seguir y se empezaron a aficionar a las comidas empacadas y listas para servir, sobre todo, las albóndigas con vegetales de colores extraños. Un día, su esposa empezó a sentir náuseas y dolor en el vientre, ellos se lo habían atribuido a la comida empacada y decidieron cambiar de marca, y de albóndigas de pescado a carne de res. Pero los síntomas continuaron exactamente igual, por lo que tomaron la decisión de visitar nuevamente al médico. Cuál no sería la sorpresa de ambos, cuando el especialista les confirmó el embarazo. A partir de ese momento, todo había sido felicidad para los dos. “Bueno, ahora para los tres”, pensó García viendo su reloj, y dándose cuenta de lo tarde que era ya. Pagó su consumo y se dirigió a su casa.

Al nada más abrir la puerta del apartamento, García pudo ver el rastro de sangre que salía del dormitorio, y que se adentraba en el baño. Se quedó paralizado, mientras un escalofrío recorría su espalda y volvían a su mente las escenas del callejón y la prostituta. Pero lo que lo dejó atónito, y sin poder reaccionar lo rápido que él hubiera querido, era la desproporcionada placenta sangrante que se encontraba en el fondo del cuarto de baño, igual a la de la mujer muerta en la calle. A pesar del pánico que se apoderó de él, logró salir corriendo, al mismo tiempo que desenfundaba su arma y gritaba el nombre de la esposa. No recibió ninguna respuesta, y en cambio sí la pudo ver, en el cuarto que habían estado preparando para la llegada del bebé, con las piernas abiertas en medio de un gran charco de sangre. Acariciaba lo que semejaba una enorme oruga, que se volteó hacia él con su gran boca abierta, mostrando los afilados dientes. García no pudo hacer ni decir nada, sólo sintió que sus esfínteres fallaban al mismo tiempo, antes de ser alcanzado por su propio hijo.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Rafael Bagur Castillo, nació en la ciudad capital de Guatemala. Se trasladó, junto a su familia, a la provincia cuando tenía diez años y ha vivido desde entonces, entre Totonicapán y Quetzaltenango. De profesión licenciado en Zootecnia por la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Después se dedicó durante algún tiempo al comercio, para practicar finalmente su actividad literaria actual: la escritura de cuentos y novelas.