Narrativa
02 10 2020
El chamán en el séptimo cielo de París por Gerardo Luis Rodríguez
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Estaba en la sintonía sideral cuando escuche el código "fax xelestíal” osará el Chamán buscar la flor extraña y extranjera? Nada más y recordé que el chamán de chamanes estaba por estos lugares y debía encontrar una original mujer. Encontrar una mujer en el mundo moderno era dificilísimo, sin conocerla, sin saber nada de ella, De dónde era o venía? ¿Qué edad tenía? ¿Qué color olor, algún lunar particular? Pero el Chamán lo sabría en el momento preciso, hegemónico, como una vibración misma, que le permite percibir energía no visible para el ser humano, como una revelación. Eso lo deduje y me fui a caminar por la Rue Sebastopol... Ya me encontraré al Chamán y me contará...
En otra parte de la metrópoli, el Chamán instalaba su parabólica amazónica y se disponía a la oración selvática entre hojas y cortezas raíces y tallos mambe de Koka, ingesta de Yagé. El olor a canela visitaba cabezas y él musitaba: –“Ha de brillar la voz del aire bajo el azul húmedo y sincronizar la música del fuego instalarse en mis cinturas del alma del agua, porque necesito detectar el baile del corazón de la mujer portadora del detonante ahora que el pensamiento de los hombres se eleva hacia las profundidades del infinito y mis manos hacen imposibles con las flores de las galaxias. ¡Suéñame! punto inkoloro de la vida y dadme el prisma de la espiral, la soberana potencia de la risa infantil, envía los obstáculos y los enemigos, la guerra, al olvido, dadme el absoluto eros del fuego de las estrellas, dadme la beldad absoluta de tu luz, dadme sincronizar tu corazón luminoso, ¡oh corazón cósmico del universo luminoso!
Terminando el verano, el Chamán tomaba café en el Dantón. Nos saludamos y al final me contó la historia del “Fax xelestial”:
—Aunque aparecieron diferentes hembras, féminas, “mulieres”, solo hubo tres que se conjugaron y conjuraron, el mismo día, de las otras, ninguna era la original buscada desde hace toneladas de días y de siglos, para su misión la fusión cuántica del tiempo sin tiempo y el acabose.
–Entonces chamán ¿cómo haces para sintonizar y encontrarla sin datos reales?
—Ajusto el monopolo, un sintetizador cardiaco, un sintonizador que registra el mínimo volar de lo mini en las macro-alturas, ultra-lejanías o nano rincones, un detector fantasmático que contiene las huellas intelectuales de todo lo existente. Ellas emiten señales que yo recibo. Mi atención es seleccionar, comparar, discernir sintonizar y acudir al punto emisor… Algún día te explicare y continuó su relato, sobre sus encuentros o hallazgos.
—Mae, ¿quién era en París? Y París, ¿qué y quién era ese miércoles 27 de julio? ¿Por qué Mae llegaba hasta allí? Para lavar sus pies y luego sintiéndose de fuego, tomará las manos y las colocará en su pelvis y luego se quitará la blusa blanca y dejara sus hermosos y frugales senos al garete de mis falanges de jaguar, de mis labios de delfín, de mis dientes de puma, todo un espectáculo para tumbar reyes, para el águila y la serpiente convocados... Jaguar por su rugir y por las esculturas presentes sobre la Amazonia, de Alfonso  Ese el escenario donde la SS, sinuosa sueca fílmica inspirada con la presencia de esa selva artística, se excitaba a la manera de la fiebre tropical, allá en Aduche*, donde el instinto lleva a una natural inconcebible entrega al placer, un casi morir sin angustia, un estirar el placer como la anakonda entre la urdimbre de troncos, lianas, ramas hojarasca, llenas de insectos, animales y susurros, una completa expresión eros-tóníca?. Sí, las esculturas, despedían micro voltajes como espíritus, y contemplaban su furor tras mi sexo... Luego… la eleve sobre el banco de carpintería, como madera curvada para tallar o cepillar, hice algunos canales vibratorios kon la gubias de mis manos mientras el buril seguía el surco que conducía a su concavo secreto y la dejé "sansculottes" sin calzones y mi brazo abrió sus piernas, los ríos resbalaban... el titán separa las montañas y ardían la lava y los vapores de su volkancito. Félina desbokada, el buril empezó a tallar su zona de zulamita, se abría paso por entre el pelambre hasta su brecha, estrecha y arrecha, hasta el terremoto. Veintitrés años tenía la sueka, Nordonfors, reina de la universidad de una ciudad cualquiera cerca de Estokolmo, ahora aquí entre los relámpagos de placer, llevándose un souvenir del megalosaurio de París.
Seguro que en sueko significa su apellido "fuerza del Monte", y su falda larga y negra y su gorro rojo guayaba, limpiaban el piso mientras su locomotor cuerpo se ofrecía con toda la totalidad a una tormenta de ardor, de excitación absoluta de su coño “koinos” su común eros de todos que se hizo incendio de esfinge. Toda, toda era llamarada, felina en luna llena haciendo zigzags ¡kuya! ¡kuya! o columpios o curvas rápidas, en las agonías del orden mundial masturbado, ahora látigo, serpiente, que desovilla su sexo salvaje. ¿Quién era Mae?, ¿Loba de Tasmania? Anunnaki de charanga tan extraordinariamente bella, casi peliblanca de cuerpo perfecto y suave... La besé hasta la frontera, hasta sus rodillas y el glande se volvió yarumo** trasmitiendo sicofonías galácticas, en sus orejas, las ramas vibraban se extendían por sus labios hasta sus tobillos, sicofonías como huracanes lujuriosos, allí me acordaba de su manigua regresaba a su floresta de fosforillos y fosforescencias y una y otra vez nuestras lenguas, y su lengüeta clitoral nos volvían políglotas, se entrelazaban, hasta extinguir sus gritos perdidos entre el hierro, la piedra y la madera de las esculturas... París e Isis se meneaban en la calles. Su boca se agarraba a mi tronco causando rugidos en los cielos de París selva, París salvaje París vulva y pregunté al Tarot ¿quién era ella? Y el seis me contestó, "una amante rápida y decidida de otra galaxia como Yemayak, de Xibirur más allá de vía láctea y de 500 000 años que es la mujer de la fusión chamánico-cuántica que aullará, maullará relinchará ayudará y causará el apocalipsis de las ciudades, “mujer” que leyendo a Anais, afirmaba que, ella escogía sus amantes entre el abanico de razas, lenguas y colores, de la metrópoli y ahora en Paris selva , parís salvaje me abre todas sus formas, caminando a lo gata, por tosco suelo o danzando o gimoteando o gruñendo como zorra, como un pájaro de alas enormes, su piel una llama... Ella era París, la desconocida, laberíntica, abrumadora, seductora y fugitiva para siempre, hasta que de nuevo me la encuentre en la noche del tiempo tropical...
—¿Por qué ha de buscarme?
—Por el despertar, activación de (sumer) su memoria y poder milenarios y por el impacto y fusión con su monopolo o hegemonicón de Guacamaya que después sacudiría todo París, con los rayos, los truenos, la lluvia, las masas de viento al amanecer
También llevaba yo en mis lomos a la morena Yemayák en un guaguankó de Guacamayo. Yemayak, songa clitoronga a lo konga songa soronga, el cuerpo sigue su meneo y bateo y Mae se movía de la envidia y Tor la regañaba con sus truenos, pues dejaba que el Guacamayo perforará las entrañas de la “Top secret” la número once, para ser tratada como caballera relinchona de los gemidos, la amplificadora de una tormenta que asombró a París en aquella noche de la rubia sueka, de la morénica, y de Gira, la tercera, judía anal solo manual a la que sacudí pocas veces, porque poco beneficiosas eran sus energías y era solo puente de parálisis en este acabose universal por obra y gracia de conexiones “principias” la judía aullaba, mujía con los dedos del poder, lugar, corazón y comunicación en su vulnerable vulva y el de la voluntad en su loco culo le expedía  alaridos a la manera de las sirenas de alarma y lloraba y suplicaba más y más Ya se hacía, se hizo y se hará per omnia secula seculorum la trikonexión : con la judía, sólo dándole mis dedos entre su raja silenciosa y deseosa, mientras la walkiria sueka ofrecía sus tetazas olímpikas, y su mano ella misma se introducía, de profundis con mi mano en la vulva, vuelve que vuelve. Yemayak la real mujer de todas las galaxias, manipulaba el falo sagradamente con sus labios, lengua y sus caninos explotaban dinamitas, sus muelas del juicio final activaban la estruendosa fusión chamánika. Todo se juntó El imposible se volvía trío de mujeres en una conexión cuántika ke modificaba el nuevo orden mundial y la meteorología.
Y escuchábamos las sicofonías, las órdenes del Yonos, del koraxón del universo presente en sus fluidos, ríos de vibraciones, corrientes de electricidad atómica. En aquella tarde de París, yo moría para resucitar con las sombras de los unicornios entre las abstracciones de la selva modeladas en el taller del pintor y escultor Alfonso y París se enloquecía en el deseo selvático de los instintos satisfechos de las ninfas del aire, agua, tierra conectadas al “fuego eterno”…Yo era el que soy y seré en París, la ciudad apabullada por la belleza carcomida, la beldad cancerígena con el río medrando royendo el alma de sus “enfants de la patrie”… Allí el Sena, allí París personalizada en sus palacios cagados por los seres del aire en la mirada de los millones de visitantes que admiran la estética y la alegría en ruinas que es la misma cara de muchísimos parisinos...
Hay pavor en las entrañas oculares de París, pero yo estoy lamiendo tú vulva celestial París, París, para Isis en esta noche invencible de los tiempos, el chamán de ninguna parte, tal vez sueco también, o argentino o bosniaco, ruso o chileno, londinense o amazónico o nadie. París ámate sin perfumes y sin Dior, “il castrato, porque he lamido tu Sacré-Coeur en la colina de la lujuria Montmartre como París, diosa. Yo deshacía con mi verbo, con mi lengua las extrañas entrañas suecas de la noche de Arcueil Cachon y gracias al señor secreto de mi Yagé, también cabalgaba la de ninguna parte Yemayak en lo profundo en medio de alaridos y percusión de tormenta que asaltaba París, y reía Nostradamus, tal vez yo mismo, porque sabía que mi mano sobre esos montículos carnales, prolongaría mi vida y los ventarrones llevarían un mensaje de dicha frondosa a las aguas y tierras, a las arboledas despejando las tinieblas.
La cuántica valida el chamanismo, origen del Todo, del conocimiento humano, que ahora eran uno solo en el Yo chamán operador ingrediente en esas divinas mujeres del mundo. La fusión del cronotopo “eje-monikón” se ejecutaba en cada penetración a sus agujeros negros, principio y fín para retirar el eje y desbocar Europa entera El parto del tiempo sacudía las ciudades con solo penetrar su vulva, su culo, su boca, sus narices, sus oídos donde se escuchaba el resbalar de los edificios hacia los abismos, los orificios de la tierra, a esa vulva enorme y profunda y temblareis oh ciudades y Yemayak, la primera mujer en nacer, después de millones de años aquí estaba, aquí en París salvaje, más relinchona que un reactor nuclear en todas las geometrías carnales desgeometrizaba el París salvaje París selva, que llovía y llovía para siempre? Moriría París desmembrada en el ciclón de los minutos perpetuando las caricias de Mae? Ellas seguían, Mae Yemaya y ZiGira idolatrando mi santa verga entre rojo rayo y trueno, ella adentro, como si la gran verga Tour Eiffel hubiese derrotado y penetrado el Arc de Triomphe y luego ese pene[R1] metálico, esa Tour Eiffel, desgarrará los himeneos de la catedral de Montmartre y derrumbado las puertas de Chartres, penetrándolas y lamiendo sus altares, frotando y mordiendo el clítoris del rosetón gótico en el laberíntico suelo, dejando masturbados los íconos y las vírgenes tantos y millones de veces invocados, idolatrados. ¡Llueve París! Porque no estoy dispuesto a morir en este planeta. ¡llueve París! Pues toda tu belleza tiene el “semento” de la sangre de las tribus de la tierra pero que vivan tus rebeldes, a los lujos y miserias, ellos son pocos, pero déjalos vivir; París salvaje, ellos son el polen, que te cambiará la piel de tu historia, y en lugar de encontrar en tus monumentos: "Aux enfants qui sont morts pour la patrie", otra leyenda que diga: "Aquí nació el francés de Martínika, Koribo, el rey de la konga. Su música y su risa hicieron bailar y reír a millones de personas ".

Y la selva nos sonorizaba, el jaguar rugía en mis dientes sabor sueko, sabor Yemayak bebible, con la lentitud sinuosa de la anakonda, allí mismo enrrollándose y desenrollándose tomando mis manos para repasar sus glúteos y detenerse en su agujero matrix y el dedo-poder chupe que chupado por Nika o Yemayak que su vulva geiser ofrecía y su vulva penetraba radiante de belleza chorreando lava-baba por todos los costados, arde que arde, ahora en cuatro patas Y Mae otra vez pidiendo todas las penetraciones a sus Nordons.
 Tor desesperado, soltaba las masas colosales de vientos, huracanes que azotaban ventanas y árboles , jardines y banderas, todo en París era un bacanal de vientos rayos y truenos y en medio del eco de los tiempos antiguos y sicofónicos otra vez, ella se lleva mi tronco a sus orejas y las repasa escuchando galopes de leopardos y luego lo besa como colegiala desobediente, hundiéndolo en los abismos de la “gangganta” haciendo temblar las fortalezas … y cuando parpadea París se resquebraja, al galope de su grupa, de sus ancas de sus “anches” se rompen los monumentos, en una erección y reacción en cadena, se guillotinan las estatuas en los semen-terios: Mae trota y cae Moliere, Mae trota y cae el tiempo perdido de Proust, Yemayak fornica y cae “de profundis” Oscar Wilde, “el mundo era joven, las montañas verdes y aún la luna no tenía manchas y los ríos y las piedras no tenían nombre”. Isis se ocultaba en Par Isis, la minúscula parís. Si, por Isis y para Isis era París y Yemayak, coronada de estrellas ondula, pendula y se frota y caen “Las once mil vergas de Apollinaire y Mae trota y cae “papá Goriot” Balzac . Mae trota y cae Rossini, Chopin, caen las porras, caen los martillos ZiGira la judía parada en la cabeza, cruzaba las manos sobre sus tetas infieles y rezaba. ZiGira no servía sino para pulverizar is-ael y paralizar toda la genética judía. Cabalga sinuosa Yemayak y cae la soprano María Callas, cae la “vie en rose de Edith Piaff todo, todo cae en el cementerio Pere-Lachaise cuando avanzo por su ano de ciudad =ciudadano culo firme y en ebullición. Paris selva, París salvaje París en efecto domino, cae kae kae cae, total caerrrrrr y las fisuras se abren y la vieja cara de las torres, y los campanarios se derrumban , fornicar se volvió fuerza telúrica en binomio pene-vulva y las viejas piernas de los castillos se contoneaban y las nubes y las noches se confundieron emergieron en argot de Nargothrond en la góndola de Gondolín y toda Europa tiembla y el temblor de la hija de Tor es sismo de placer sobre las ruinas de las runas. Ahora soy todo, soy nada, contento de ser parte de las partículas oxidadas y desintegradas en esta hecatombe del eros y la beldad absoluta. Al sonar las trompetas se destruyen los radares de las metrópolis y se desbordan las playas, tiembla Europa al compás del cataclismo de las nalgas ...Tiembla París en tus volcánicas nalgas Yemayak. He cavado, penetrado hasta los intestinos de Europa? Por medio de la genética de la amada walkiria Sueka, he abierto y penetrado los portones de Isis? Su grupa padece de frenesí y se cuartea al cabalgar con el trote de cien caballos sobre su agujero negro, es el fin oscuro del plan eta, porque el arpa ya no suena, el Mirrormere-espejo madre, vuelto añicos en medio de las cenizas y el total apagoooooooooooooón...
¿Qué era París aquel amanecer del 28 de julio? Solo la fiereza de decrépita Salamandra? París estaba a las puertas de la Bastilla apocalíptica otra vez, decapitada y putrefacta. ¿Final de una pesadilla que nació en las fábricas de armas galas? ¿Célticas? Druídicas? Hoy masónicas? ¿Oui ou non? Si, oui, lo enunció un europeo "el sueño de la razón engendra monstruos" pero a mí no me importa, no soy tan razonable, soy selvático cuántico y la misión de trastocar el orden de la naturaleza se ha logrado mientras la Mae y Yemayak ”top secret” se disimetrizan en ondulaciones y desvaríos… Sumergidas en suspiros de alegre eternidad... y me voy, parto con Yemayak, la original mujer de los tiempos paleolíticos cuyo monumental orgasmo y su ruido polifónico resonaron[R2] en las entrañas de la tierra entre las ruinas de las ciudades hechas añicos escombros, silencio y cenizas.

Luxemburgo 28 abril 2000

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Gerardo Luis Rodríguez, tras haber seguido estudios de filosofía en la Universidad Nacional de Bogotá, vivió en Chile durante el gobierno de Allende. Después del golpe de Estado de Pinochet en 1973, escapó a la persecución policial. Como escritor, publicó seis libros, entre relatos y poemarios. Residió en Francia durante diez años. Participó con un ensayo en el libro colectivo "Alain Laborde, Dix années de pinture (1984-1994)", editado en Pau (Francia). A través de la creación artística, persigue el objetivo ambicioso de sincronizar las fuerzas del Yo con las del universo. Sigue escribiendo para ser fiel a la misión que se ha dado en Europa: fomentar el diálogo entre las culturas.