Arte
02 10 2020
Fabián Sánchez: artífice de las máquinas del alma por Héctor Loaiza
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Ante el asombro que despiertan las esculturas animadas de Fabián Sánchez (Ayacucho, 1934-París 2020), nos preguntamos: ¿Cómo el artista tuvo la idea de concebir esas criaturas que se mueven gracias al dispositivo de motores y poleas? En su infancia, la imaginación del escultor fue marcada por la máquina de coser de su madre. Verla en movimiento en la morada natal le hechizaba tanto que a sus ojos era algo más que una herramienta materna, era un personaje fantástico que devoraba las telas. No pudo controlar el ímpetu para desarmarla y descubrir así los secretos internos de su mecanismo.

Pero antes de descubrir esta veta escultórica, Sánchez atravesó un período crítico en su creación pictórica al comienzo de su vida en París donde, becado por el gobierno francés, se radicó a partir de 1965. Vivió un período de círculo vicioso en cuanto a la temática y el estilo de sus lienzos que eran los mismos que pintaba en Perú. Pasó entonces a realizar esculturas mecánicas que expone por primera vez en el Salón de Mayo de París en 1972. El escritor francés André Pieyre de Mandiargues comentó esa exposición y las posteriores realizadas entre 1974 y 1977 en la galería Le Point Cardinal: “… Mi primera impresión fue ver una creación realmente original tanto en su diseño como en su montaje. Claro está que, desde hace ya algunos años, los escultores modernos se inspiran en la máquina, usan desechos materiales de ésta, componen simulacros de máquinas (…) Nada que ver con los trabajos de Sánchez, que desde el punto de vista espiritual (o filosófico) y sobre el plano de la forma, nos introduce a un campo totalmente nuevo…”

Entonces, ¿cómo nació esa idea en el artista? La imagen de la máquina de coser, identificada con su madre, salió a flote de nuevo en París en 1979, cuando en un depósito encontró una vieja máquina abandonada. “Obedeciendo a una impresión irresistible” escribió el crítico Edouard Jaguer ese instante que el azar le ha brindado a Sánchez, “la llevó a su taller sin ningún interés creativo: simplemente, le era imposible de dejar que ese objeto se perdiera. En efecto, se encontraba en la expectativa, probablemente de un signo del destino, probablemente el que acababa de manifestarse y que cerraba un ciclo. Pero en el mismo momento no se dio cuenta de la importancia…”

A partir de ese encuentro con lo que sería su material privilegiado orientó su obra tal cual se la conoce hasta ahora. Tras haber mantenido un diálogo mudo con el objeto, se puso a crear sus personajes extraños con la ayuda de los destornilladores y del soplete, aprendiendo de una manera autodidacta los secretos de la mecánica y la electrónica.

Algunos críticos franceses consideraron que su obra tenía reminiscencias con el surrealismo, porque evidentemente las esculturas de Sánchez hac?ían pensar a un bestiario onírico y su encaminamiento creativo correspondía de algún modo a la propuesta surrealista de que el artista concretice sus fantasmas en la obra de arte: dar rienda suelta a todo lo acumulado en su inconsciente. Otros se refirieron a la propuesta literaria de Lautréamont que escribió en sus “Cantos de Maldoror”: “Bello como el encuentro fortuito, en una mesa de disección, de una máquina de coser y de un paraguas”. Se afirmó también que la obra del artista peruano tenía correspondencias con la de Marcel Duchamp que creó máquinas y objetos en apariencia absurdos.

¿Cómo Sánchez concibió esas figuras y formas que parecen arrancadas de universos fantásticos? “Mi punto de partida es la observación simple de los objetos” escribió el artista. “Es esa mirada sobre los objetos, la imaginación y la intuición intervienen de manera a que la forma desencadene en el espectador recuerdos infantiles, pulsiones secretas o reprimidas que son la base de la actividad creadora. Al recuperar estos materiales inanimados (formas decorativas o funcionales que los técnicos inventaron) y los desviaron de su función original, yo les infundo cierta apariencia de vida, gestos, actitudes y comportamientos de seres vivientes…”

Se sirvió de las articulaciones internas de las piezas (que el artista llamó órganos) y de sus formas sugestivas para desviar el destino que la tecnología concedió a la máquina: de ser apéndices del ser humano, especies de prótesis para coser vestimentas y terminar en el cementerio de máquinas y que éstas se transformen en obras artísticas. “La máquina de coser es para mí una caja de órganos a estructurar” escribió Sánchez presentando sus esculturas en 1981. Al emplear la palabra “caja” que —según la simbología— representa lo femenino, como una figura del inconsciente y el cuerpo materno. La “caja” contiene un secreto, encierra y aísla del mundo todo lo precioso, frágil y temible. Como en el caso de la “caja de Pandora”, Epimeteo al abrirla disemina en el mundo todos los males. Sólo la esperanza se ha quedado en el fondo al ser cerrada de nuevo por Pandora.

“Dios creó al hombre y el hombre-dios, felizmente insolente” —escribió el artista—, creó la máquina de coser sin pensar que este ingenio retrataría su propia imagen”. En su concepción plástico-mecánica el motor tiene la importancia del corazón en el hombre, pero que, en lugar de bombear sangre, hace que sus criaturas parodien los gestos humanos. “Motor, correas, ejes, articulaciones y contrapesos” explicó en 1992, “exaltan la ronda hierático-sensual de una cierta vibración del espíritu a través de seres negros que viven en el acero frío y brillante.” El color negro elegido por el artista proviene del hecho que desde el comienzo las máquinas de coser fueron pintadas con ese color por los fabricantes, y no corresponde a una intención mágica como lo ha insinuado el crítico Jean Laude en 1974.

Otro aspecto concede ese toque de originalidad a sus obras, es la identificación entre la máquina y lo orgánico. Los diseñadores de las máquinas de coser se preocuparon de que las partes visibles de acero se amoldaran a las manos de los usuarios, lo que se tradujo en que las superficies sean lisas y curvas, y tengan las formas de órganos vitales para una mejor manipulación.

Sus esculturas generan un misterio que las desborda desde todos los ángulos. Los brazos y piernas de sus obras corren y dan vueltas según sus propias leyes. Esas criaturas parecen ser deidades irónicas más que “musas inquietantes”, embajadoras de una dimensión muy lejana a nuestros sentidos. André Pieyre de Mandiargues, recalca en 1977: “Aquellas máquinas que, por las estructuras y la decoración de estilo floral dadas por la moda de hace tres cuartos de siglos, tienen un aspecto de plantas carnívoras, Sánchez las hará pasar del símil-vegetal al zoomorfo y más aún al antropomorfo; en pocas palabras, las pone fuera de servicio y les retira toda utilidad práctica para cambiarlas en objetos o en criaturas de lujo, que no tienen otra función que la de sorprender y gustar…”

Marta Traba señaló la perfección técnica de la obra del artista: “…Fabián Sánchez construye sus nuevos objetos-figuras como un consumado ingeniero. El peso, las terminaciones y articulaciones les dan una consistencia que desplaza por completo la idea artesanal o las locuras de la chatarra. La ingeniosa reinserción de las piezas en otro contexto queda consolidada por ese trabajo. Tal solidez ayuda a fortalecer los contenidos..." El mismo artista explica la concepción técnica de su obra: “La secuencia de movimientos concebidos sobre el principio del equilibrio de las masas es determinada por dos fuerzas dependientes entre ellas que funcionan simultáneamente: — Juego de balanceo estático o desplazamiento de fuerzas, cargas mecánicas. —Juego de poleas multidireccionales de transmisión de la rotación. (…) La obra cobra vida cuando se acciona el botón de funcionamiento.”

Para el crítico francés, Gilbert Lascault, la búsqueda del artista aparentaba no estar sensibilizada por el deseo ni por el gozo erótico, los signos del erotismo vienen después. “Son las relaciones mutuas de estas formas, sus maneras de acariciarse, de frotarse una sobre otra, de desflorarse, de penetrarse que cuentan ante todo para él (…). Eros está en el reflejo de las superficies, en los juegos de las superficies, en los movimientos de la escultura animada, en sus ruidos fuertes y ligeros. La actividad artística consiste, según él, en favorecer las nupcias entre engranajes, pistones, motores…”

Sus obras nos hacen pensar en los vasos comunicantes entre el arte y la tecnología. La frontera entre lo humano y la máquina se difuminó. Era la misma correspondencia entre el individuo y la prótesis; el adelanto de la ciencia y de la técnica le permitió al hombre, en su intención de romper con las limitaciones inherentes a su condición precaria, de recurrir a la máquina y a la prótesis, no sólo para incluirlos en su universo sino para que éstas se mimeticen con lo humano. El crítico Roberto Puntual señaló en 1984: “Lo que Fabián Sánchez buscó desde hace mucho tiempo no era el equilibrio entre el hombre y la máquina, sino la zona de fusión a partir de la cual todo regreso al estado aislado original es impracticable (…): la máquina que se antropomorfiza, lo metálico que se visceraliza, lo sólido que viene a ser viscoso, el design que se encamina hacia lo kitsch, lo utilitario que inutiliza en la estética…”

El mismo artista esbozó las características esenciales de sus obras: “… Serían tomadas como máquinas del alma o robots de nuestro espacio interior, porque el conjunto plástico-mecánico de mis criaturas artificiales se pone en movimiento según el ritmo respiratorio humano, para poner en evidencia las vibraciones de nuestro mundo íntimo.”

La imaginación exuberante de Fabián Sánchez convirtió las máquinas abandonadas en depósitos o cementerios de máquinas en obras artísticas que fascinan y cuestionan al espectador porque están impregnadas de una atmósfera mítica.

 

ACERCA DEL AUTOR

BIO: Fabián Sánchez, Ayacucho (Perú) 1934 – Paris 2020. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima. Vivió en París desde 1965. Durante los 55 años de actividad artística, expuso intensamente en la Ciudad Luz en galerías, museos y otras instituciones culturales. Su obra interesó a reconocidos críticos de arte franceses y a escritores célebres como Pieyre de Mandiargues. Participó en exposiciones individuales y colectivas en Lima, en otras ciudades peruanas, Santiago de Chile, Washington, Venecia, Medellín, Ginebra, Colonia y en el 2000, hubo una retrospectiva de su obra en el Centro Cultural de la Universidad Católica de Lima.