Poesía
04 12 2002
"Ojeda: Ardiente sombra" texto del poeta Hildebrando Pérez*
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l.— Por más de una razón, al redactar estas líneas sobre Juan Ojeda, vienen a nuestra memoria algunos versos que Rubén Darío estampara como un posible retrato de Machado: "Misterioso y silencio / iba una y otra vez. / Su mirada era tan, profunda / que apenas se podía ver". 2.— Pocos días antes de su trágica muerte, Ojeda dejó en nuestras rnanos la última versión de su Epístola dialéctica: ocho páginas copiadas a máquina por él mismo sobre unas hojas de cartulina blanca de 22.50 x 35 cm.

Está dedicada al heroico pueblo chileno y quería enviarlo, adjunto a su Arte de navegar, al Concurso anual de Casa de las Américas.

Pero todo deseo quedó postergado. 3.— Nacido en Chimbote el 27 de marzo de 1944, su linaje lo ataba a mar, a la aventura. Sus estudios de Secundaria los realizó en el Colegio Nacional San Pedro, de aquel puerto.

Llevado por una temprana inquietud social, siendo alumno del quinto año de Secundaria tuvo que escapar de la represión policial que, en su búsqueda incesante. allanó el Colegio, su casa y la de sus vecinos. En 1962, inició sus estudios universitarios en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de San Marcos.

Paralelamente a sus estudios de Filosofia, el poeta llevó varios cursos de pintura y escultura en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En 1965, con el seudónimo de "Dedaluz", presentó al II Concurso del Poeta Joven del Perú su libro Elogio de los navegantes: la obra obtuvo una aleccionadora Mención Honrosa. Conocedor minucioso de algunas regiones del país, inició una delirante y larga travesía por todo nuestro continente: desconcertado preso en Belem do Pará por una supuesta militancia revolucionaria, jubiloso explorador de casi todo el Caribe, soledoso testigo de; la penetración yanqui en Panamá. En 1973, decidió matricularse en la Escuela de Bibliotecarios de Lima.

De los últimos años del poeta, darán fe de su luminosa obra y algunos infatigables compañeros de andanzas y sueños: Cesáreo "Chacho" Martínez, Alfredo Portal, Gregorio Martínez y Benjamín Torres Salcedo. El 11 de noviembre de 1974, a los 30 años de edad, Juan Ruperto Ojeda Ojeda, noveno de once hermanos, fue arrollado violentamente por un automóvil que se dio a la fuga en la cuadra 23 de la Avenida Arequipa.

"Su cadáver estaba lleno de mundo".


Juan Ojeda y el otro poeta peruano, Julio Nelson, en 1964

4.— Patio de Letras de San Marcos: con Juan Ojeda nos reuníamos Danilo Sánchez Lihón, Julio Nelson, Juan Cristóbal, Ricardo Ráez, Andrés Cloud, Ermógenes Janampa, Yando Rios y tantos buenos amigos con quienes hablábamos sobre Vallejo, Neruda, Rimbaud, San Juan de la Cruz, Rilke, Trakl, Machado, Hernández, Kafka, Proust, Brecht y Mariátegui y Marx y Lenin y el escándalo del XX Congreso del PCUS y la ascensión de las juchas campesinas en el Perú y Heraud y, Al final terminábamos abrumados por un tristísimo placer: "tú me lees / yo te leo".

Pero un día resolvimos volcar nuestros sueños y esfuerzos en una revista de poesía: Piélago. 5.— La temprana madurez de su ejercicio poético deviene no sólo, de un riguroso examen de la literatura clásica y contemporánea, sino . también de su lucidez y pasión por cotejar la escritura con nuestra calcinante realidad, que es un reto permanente. Sus ojos atisbaron —en medio del caos y la destrucción— el mundo del mañana, es decir: un orden nuevo que su poesía presagia sin aspavientos ni estridencias. 6.— Quien sabe si por conocer muy de cerca la vida de algunos, poemas, la manera artesanal con que fueron perfeccionándose, la forma en que vieron la luz y porque más de una vez permanecimos absortos por el resplandor de un manuscrito, ahora nos detenemos en la resonancia de un verso o en la transparencia de una imagen que nos llevan.a la remembranza de algún gesto vivo del inolvidable poeta y nos dejamos arrastrar por la irreprimible tristeza de saberlo muerto. Aún no podemos mirar en frío la palabra poética de Ojeda.

Lo confesamos, pues: de otro será la tarea de dilucidar y señalar con precisión las diversas vertientes de su palabra personal, la desgarradora desolación

de su "saber oscuro", la legitimidad de su quehacer en el tiempo y en la historia que nos ha tocado transitar, el fascinante vuelo lírico de sus versos, la dialéctica de un poeta que con inteligencia y fervor hizo de su obra uno de los testimonios más lúcidos y conmovedores de la vida humana. 7.— Nunca imaginamos que haríamos una presentación póstuma de la. poesía de Juan Ojeda.

Jamás entrevimos aquel oscuro privilegio de sabernos sobrevivientes de un auténtico hacedor de poesía.

Envueltos por la congoja y el aturdimiento sólo nos queda, pues, reparar en la luz que brota de su palabra herida. 8.— Porque conversar con Juan Ojeda era enriquecer nuestra íntima visión del mundo; porque con su generoso trato cotidiano se disipaban muchos nubarrones que pendían sobre nuestra frente; porque su vocación, inquebrantable por la poesía y el socialismo nos reconfortaba y no sé todavía bien por qué ya nos enorgullecía; porque a diario extrañamos su palabra cálida y detonante, y por muchas lluvias rotas e inacabables brindis y una que otra promesa por cumplir es que nos hemos atrevido a consignar algunas palabras de ¿presentación? sobre alguien cuyo nombre es desde ya un hito insoslayable en la historia de la literatura contemporánea de nuestro país: Juan Ojeda. 9.— El poeta ha muerto. A manera de consuelo nos ha legado una obra de arte que permanece "anegándonos de luz / la antigua estancia". * Hildebrando Pérez nació en Lima, 1941. Dirigió "Piélago" (1962-1966).

Codirigió con Héctor Loaiza la revista de narración "Fabla" (1969) e "Hipócrita Lector" (1972-1976).

Es co-autor de la antología "'Taller de Poesía / Creación Colectiva" (1975).

Ha preparado y revisado "Javier Heraud / Poesías Completas" (1973) y "Las-Puertas de la Esperanza" (1970) de Edgardo Tello.

Con su poemario "Aguardiente" obtuvo el Premio Casa de las Américas 1978.

Ejerce la docencia en la Universidad de San Marcos.