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Literatura
02 02 2007
Fernando Silva Santisteban, un historiador peruano de ancestro, por Maynor Freyre
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Fernando Silva Santisteban

Por parte de su madre se ubican entronques en Cajamarca con los Iglesias y con los Santolaya; una referencia aun más lejana es la del piloto apellidado Bernal venido al Perú con los conquistadores, pero hasta allí no había hurgado Fernando. Para terminar con la genealogía, citaba como hombre ilustre de la familia a José Silva Santisteban, autor de varios libros, de los cuales nos muestra Caso de práctica forense; este personaje fue diplomático, Presidente del Congreso de la República y uno de los fundadores del departamento de Cajamarca. Marcando algunos hitos biográficos Silva Santisteban Bernal realizó sus estudios primarios, como muchos niños de su época, en una escuela tradicional de su localidad: la de la profesora Carmen Luz Requejo, la misma que educara a diversas generaciones de cajamarquinos. Su padre, procedente de una familia de liberales, abogados y escribanos en su mayoría, ya era un hombre mayor cuando nació Fernando. Su madre, segunda esposa del padre, quien había enviudado de sus primeras nupcias, perteneció a una familia de mineros y hacendados; no obstante la abuela de madre casó con un médico italiano amigo del sabio Antonio Raimondi, el que llegó a Cajamarca a curar a la señora María Iglesias, hermana del general, y no sólo la curo sino la desposó siendo ella viuda de Santolaya. Se trata del doctor Benedetto Fusconi, introductor de la medicina moderna en Cajamarca, la misma que alternara con la minería. Llega a ser director del Hospital de Belén, siendo una de sus enfermeras doña Yolanda Bernal Fusconi, su nieta y madre de nuestro desaparecido historiador. Inmediatamente surge otro personaje en la genealogía, Ricardo Bernal, su abuelo, quien con sus tres hermanos combate contra los invasores chilenos en la batalla de San Pablo. Inclusive una calle limeña lleva el nombre de uno de los hermanos, Joaquín Bernal. Sucedía que con un historiador de calidad como Fernando era difícil alejarse de la documentación. Pero debemos volver a su propia biografía y lo ubicamos estudiando secundaria en el Colegio Nacional de San Ramón, el más antiguo del norte peruano, fundado como Colegio Central de Artes y Ciencias de Cajamarca el 11 de noviembre de 1829, tomando el nombre de San Ramón después de la revolución departamentalista. Buscando las raíces de su vocación de historiador, recuerda el arribo a Cajamarca de dos importantes arqueólogos. Uno de ellos fue nada menos que Julio C. Tello que descubre Cumbemayo y a quien el pequeño Fernando gracias a un tío suyo que formaba parte de la comitiva. Su padre le explica quién es Tello. Es el año 1937 y él apenas si ha cumplido ocho y cursa la educación primaria. Surge de la memoria de Fernando un recuerdo curioso: Julio C. Tello llevando sus botas para que las arregle el zapatero. Cuando cursaba el 4º año de secundaria, llega a Cajamarca Henri Reichlen, famoso arqueólogo franco-suizo del Museo del Hombre de París. Reichlen estableció la primera secuencia arqueológica de la región. Fernando lo acompaña a realizar sus trabajos algunas veces durante el día y por las noches asiste las tertulias con el sabio. Nos confesó que fue a partir de estas gratas experiencias que empezó a querer y a entender a su tierra. La universidad, Trujillo y Lima Termina secundaria en 1948, pero como la familia ingresó a una mala época, se ve obligado a entrar al negocio de la compra de cebada con un amigo. El año 1950 ya está en Trujillo estudiando pre derecho en la universidad, pero otra vez la situación económica lo obliga a retornar a su lar cajamarquino, esta vez para comprar ganado en pie y trasladarlo hasta la costa. Eso fue en 1951. Para el 52 se viene a Lima y se matricula en el segundo año de Letras en San Marcos. Conoce entonces a profesores como Alberto Tauro del Pino —de grata recordación en su vida—, Ella Dumbar Temple, Mariano Iberico, Raúl Porras Barrenechea, Luis E. Valcárcel y Jorge Basadre, entre otros. Tiene como compañeros de estudios a Carlos Araníbar (“el más brillante de nosotros”, aseguraba), Pablo Macera, Aníbal Quijano y Federico Kauffman. A Hugo Neira, un poco menor, lo conocerá luego en la Biblioteca Nacional. Sigue después Derecho, con profesores como José León Barandiarán, Mario Alzamora Valdez y Carlos Rodríguez Pastor, éste con 75 años de docencia. En ese mismo año de 1952 conoce a quien sería luego su compadre, padrino de su hijo Ricardo: en el Museo de la Cultura Peruana se encuentra con José María Arguedas. Otro amigo de la época es el también desaparecido historiador Juan José Vega Bello. Con Arguedas se reencontrarían en Ayacucho. Llega a terminar el 4º año de Derecho y paralelamente sigue Letras en el Instituto de Historia, bajo la dirección de Luis E: Valcárcel, conociendo allí a José Matos Mar, a su esposa Rosalía, a Julio Cótler. Son las amistades las que lo empujan al instituto, concretando así su vocación histórica, especialmente luego de escuchar a Luis E. Valcárcel, A porras, Dumbar Temple. Otro detalle que marca su vocación, es que a instancias de Alberto Tauro entra a trabajar en la Biblioteca Nacional (“Tauro es el más destacado bibliógrafo nacional y uno de los más brillantes intelectuales del Perú; buen hombre, generoso, siempre dispuesto a dar información sin tasa ni medida”, manifestaba). Tauro significó un ejemplo a seguir para Silva Santisteban, al igual que Mariano Iberico y Arguedas, a quienes siempre admiró. El director de la biblioteca era un cajamarquino, Cristóbal de Losada y Puga, gran matemático, hombre muy culto; él ayuda a Fernando en su formación intelectual, tal como lo haría con un buen grupo de cajamarquinos. En la biblioteca labora en la Sala de Investigación Bibliográfica clasificando manuscritos, viéndose obligado a estudiar paleografía bajo la enseñanza de Raúl Rivera Cerna, uno de sus grandes amigos. En dicho ambiente conoce a muchos investigadores, como Lewis Hanke y Robert Stevenson, de quienes llegó a mostrarnos algun0os libros dedicados. Tom Zuidema, John Rowe también vistan

la sala. Empieza a escribir entonces su tesis Contribución al estudio de la archivología peruana, la cual sustenta para graduarse de bachiller, recomendándose su publicación en la revista Fénix Nº 12 en 1956. En el 59 se gradúa de doctor en historia con Los obrajes en el virreinato del Perú, trabajo con el que se hace merecedor al Premio Nacional de Historia “Inca Garcilaso de la Vega”. El pago lo recibirá en bonos, pues no había liquidez. México, Huamanga y el INC Ese mismo año 59 viaja a México becado por la OEA, estudiando primero en la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma y luego en el Instituto de Antropología, donde conoce a connotados antropólogos como Carlos Martínez del Río, Pedro Bosch y otros. Permanece dos años en el país azteca y recorre por todo su territorio aprendiendo a entender el mundo aborigen mexicano. El 61 retorna al Perú y se va a la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga como profesor de historia y antropología, a donde es convocado por el rector Fernando Romero Pintado y por el Dr. Efraín Morote Best. Son tres años en Ayacucho, como director de la biblioteca, del archivo y de publicaciones. Son años de intensa lectura, de profundos estudios. Conoce a Lumbreras, a Bonavía, a Luis Alberto Ratto. Intenta aprender el quechua y entender más a fondo el mundo andino a través de trabajos de campo, sobre todo los que realiza con Luis Guillermo Lumbreras y Morote Best. Ya en Lima en 1964 se reencuentra con Arguedas y éste le pide que se haga cargo del Museo Nacional de Historia de Pueblo Libre, al que remoza gracias a la ayuda particular, a donativos. Luego el Ministro de Educación, Francisco Miró Quesada,, lo nombra director de la Casa de la Cultura, donde permanece durante cuatro años, fundando hasta ocho Casas de la Cultura departamentales, mientras dirige la Revista Peruana de Cultura y Cultura y Pueblo. Deja la Casa de la Cultura y se va un año a Cajamarca, donde recoge material para Historia de Cajamarca, publicada en cuatro tomos, junto con Waldemar Espinoza y Roger Ravines. A principios de los 70 contrae su segundo compromiso con Teresa Guedes, mujer y artista que a su propio decir le dará estabilidad y cariño. A su vez empieza a enseñar en la Universidad de Lima, donde bregará para la formación de la Facultad de Humanidades hasta su reconocimiento el año 90, siendo su decano al principio, el año 82, con voz pero sin voto en el Consejo Universitario. Los setentas son de publicación de artículos y conferencias, hasta que el 80 coordina la Historia del Perú en 12 tomos que le encarga Juan Mejía Baca, quien no quería morirse sin editarla. La dirección de la obra implica tratar con 40 autores. Luego escribirá los tres tomos de su propia Historia del Perú y el 85 asumirá otra vez la dirección del Instituto Nacional de Cultura. Muchas obras más y conferencias en el Perú y en el extranjero siguieron en su vida, fuente inagotable como para hacer la ¨Historia de nuestro tiempo. Pues Fernando fue un hombre que pensó profundamente al Perú.

 

ACERCA DEL AUTOR

Maynor Freyre nació en Lima en 1941. Egresó de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Perú en 1963 y estuvo becado en un curso de periodismo por el Instituto de Cultura Hispánica en Madrid (año 1964). Licenciado en periodismo, fue editor de cuatro importantes diarios peruanos y dos suplementos dominicales, y director de seis revistas. Conferencista en las universidades de Pau y Burdeos (Francia), y en Caracas. Tiene publicados 13 libros: una novela experimental, tres poemarios, dos libros de artículos periodísticos y cinco de cuentos. En 2006, publicó su último libro de cuentos “36 estampas sin bendecir”, Ediciones Horizonte, Lima. Sus cuentos y poemas figuran en cuatro antologías de narrativa corta y en una de poesía.

 

 

 

 

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