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Teatro
02 04 2007
Piel (fragmento de drama) de Tere Marichal
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Una actriz se sienta y comienza a dialogar con su piel.Hay espejos y muchos envases,lapices de labios,estuches con sombras,cepillos…la actriz esta en una silla de ruedas.no puede mover sus piernas. La mujer se esta lavando la piel con una esponja. Tiene una palangana llena de agua. Se lava los brazos,el cuello, los senos. Luego se seca y comienza a maquillarse., mas tarde se peina. LAVARSE Mujer que está allí: (se lava con agua y esponja) Aquí estoy desnuda frente a mi piel. Mantarraya sedosa que se escapa entre mis dedos buscando entre recuerdos. Piel mutilada de escasos sentidos. Sensibilidad ya atrofiada por el uso continúo del jabón con olor a paliza. Piel restregada como plato sucio de tres días. Piel como manta fría y gastada. Te raspas con fuerza, una y otra vez porque tienes que sacarte ese maldito recuerdo de esta superficie que dejó de ser suave y deseada. Cambiarte de piel, eso es lo que quisieras. Quisiera mudar la piel como culebra en época de transformación, pero mis huesos la amarran al igual que lo hacen con mi útero y mis riñones, mi hígado y mi esófago que se alarga como una flauta sin sonido.

Una vez me acostaron sobre la tierra húmeda. Mi vientre fue colocado dentro de una fosa para que a mi hijo no le pasara nada. Esa pieza que se vendería a buen precio, tenía que ser protegida. Mi espalda fue dibujada con largos y profundos caminos de sangre. El tun-tun de los tambores había sido silenciado y solo se escuchaba el zas zas zas de aquel látigo sobre mi piel mil veces marcada y mis gritos. El sol y la sal te cierran nuevamente ese mapa lleno de caminos que no puedes ver. Eso fui yo hace mas de cien recuerdos. Mi piel tiene otro color, pero sigo siendo esa mujer y aquella otra, por eso me raspo la piel, para intentar olvidar que cargo con esa memoria colectiva repleta de gritos y colas de cuero.

Soy una Malinche maldita, buscando en el río las manos abiertas de los que una vez fueron parte de mi carne traicionada. El agua me purifica. Quiero embarrarme en mi propia saliva para realizar este ritual, pero mi boca esta seca. Mis campos están áridos y mi útero reventado. Piel alargada y blanda. Piel como estola de un ayer que vive en el ahora, siempre filoso, arremetiendo impunemente contra los cuerpos que cargan senos y matrices y ovarios milenarios. Piel como escudo, como uniforme manchado. Como experimento, abierta mil veces, cosida, quemada, cortada, abierta, cerrada, maldita. Piel de miel y de hiel,cubierta con trapos pesados y colores oscuros. Piel vestida, completamente cubierta, sin dedos ni codos. Piel que parece un bulto caminando silenciosamente detrás de otra piel que determina tu existencia. Piel que no emite sonidos, ni piensa, ni respira con fuerza. Todo prohibido. Te tapan hasta los ojos porque tu cuerpo es tu propia cárcel, mira que malditos son, por eso no le canto a ningún dios hombre. Reniego a tu dios masculino y no llamo al padre. ¿Cual fue el dios hombre que quiso verte cubierta con paños y mantas y velos infinitos? Soy esa piel que es enclaustrada como estatua intocable, por eso el agua. Piel que se corta entre tus piernas y es arrancada de forma violenta, frente a todos, porque la pureza se vende con sangre. Piel de grito que no termina. Piel cosida y rota. Piel violada, mordida, saqueada como las tumbas que una vez guardaron todos los secretos. Cargo esa piel dentro de cada poro que hoy limpio con fuerza.

De nuevo a la calle. Como si salir fuera cosa fácil. Un simple: vete de aquí que ya es hora de sacudirte el polvo que tienes encima. Piel llena de escamas y manchas de vejez. Piel seca, curtida, oscura y delicada. Transparente, como si el tiempo te arrebatara la grasa que una vez te protegió. Salir a la calle es como entrar en la plaza llena de gladiadores que arremeten contra cualquier piel con sus filosas espadas de ojos y pestañas. Porque salir de aquí es atreverse a ser mirado minuciosamente por todos aquellos que abren su boca y respiran, como lo haces tú. Como los leones esperando el momento en que podrán atacar, morderán con ganas y deseo, rasgando esa piel que ya no vale nada. Aquellos esclavos son los mismos de hoy. Pertenecen a la gran parada del circo, a la risa loca, al grito humillante, a la ceguera colectiva. Allí la piel es como la mía, algo que se fue estirando rellena de huesos, mucosidad, nervios,

tejidos, tendones estirados y sangre bonita. Esta piel alargada fue una vez piel quemada. Ese olor

te hace abrir los ojos y

miras el panorama que te regalan las autoridades. La venganza es dueña y señora del paisaje. Los úteros están desgarrados. Están llenos de aceite que hierve y tú no puedes hacer nada porque la cólera camina con su manto de reina candente. Úteros abiertos como lenguas picadas por la mitad. La multitud se reúne y contempla con las manos atadas y las bocas hinchadas de gritos el espectáculo religioso que demuestra al mundo, una vez más, que nada puede detener el ritmo acelerado del estado, personaje que se alimenta con más piel rellena de huesos y miradas oscuras. Allí hay sogas enroscadas a los cuerpos y llamas gigantescas poseyendo como buen amante ese bulto excomulgado y maldito. Colgado excomulgado ex mulgo ex. Ese cuerpo satánico de bruja endemoniada que estaba marcada con los mordiscos elocuentes y pasionales de los que se dejaban poseer en las largas noches de luna roja cuando llegaba el insomnio. ¿Cuantas veces han quemado esta piel en hogueras y hornos? ¿Cuanto coraje ha quedado desparramado como vino amargo?

Mi piel, esa manta que ya dejó de crecer ahora cuelga como racimos de uvas, esperando a ser recogida y aplastada, una vez mas. Aquí sin tregua, me miro con la marca que el carimbo me dejó en esta isla de sal y caña. Así es mi piel, como documento fiel y verídico de lo que ha sido este largo caminar arrastrando aquel o este color de piel y es por ella, la maldita, que se derrumbaron templos y se realizaron grandes conquistas y matanzas. Esta piel que hoy yo sacudo como si fuera melena salvaje, tiene impregnada una larga historia de gritos y miseria. Hago pues mi último ritual frente a este espejo donde la verdad te grita como drogadicto adicto ago droga dicto ego en silencio lo que fui y me preparo para salir nuevamente a buscar. No guardaré silencio. Debes salir impecable. Que nadie note que ya no estas viva. Que no se te note , teno se te no tenote sete note,lo que realmente sucede. Una vez más puedes ponerte de rodillas e implorar, porque ya está requetedicho lo que verdaderamente tienes que hacer. Está nítidamente mecanografiado con letra azul. Times New Roman es la letra aceptada y el espacio entre las oraciones ya está determinado por el tiempo que ya no sabe que mas hacer con ese pantalón de plástico que despierta a todos con su sonido enloquecedor. El tiempo vestido de plástico intenta sacudir este presente, pero ya nada puede hacer y yo intento arroparlo con mi manta de carne legendaria pero es de noche y no veo nada. No veo, solo escucho. Me encuentro una vez más, con ese ser yo que de más esta decir que se va esfumando y se resiste a dejar solo un poco de olor. Intentando borrar estas arrugas que me regaló la vida. Medallitas de los siempre días viviendo sin tregua. Trofeos adquiridos de una guerra inventada. Me los gané por cargar más carne dentro de mi misma. Carne que iba creciendo con pelos, ojos y orejas que escuchaban mi fuerte respiración de loba frenética. Cuerpos creciendo dentro de mi misma, chupando mis células y mí sangre. Heredando mis genes como goma de mascar. Comiendo de mí ser como gusanos de tumba fría. Más carne dentro de mi carne flotando en un inmenso océano de líquidos químicos y tejidos mucosos.

Calentándose con mi sangre como vampiros bendecidos por ese extraño conjuro. Cuerpos dentro de mi propio cuerpo. Solitarios ellos, como el mio. Ambos en esa soledad acompañada que te llega cuando dan la hora y decides seguir con vida. Ellos alargándose dentro de mí. Poseyendo mis sueños y pateándome sin descanso, para que no me olvidara ni por un momento que cuando la piel se expande de esa manera, es que la vida pide a gritos más carne. Y ella creciendo y cargando su propio corazón. Esa carne que empuja y va abriéndote las caderas y todo tu cuerpo se estremece y construyes tu propia cueva por donde mas carne saldrá en alfombra roja de vida. Y la posees porque eres tú misma naciendo de ti misma como extensión de ese pasado que nunca termina. Cordón de carne le dejas de herencia y de momento alguien viene y sin decir nada te arrancan a ese ser que una vez creció allá adentro y te lo desaparecen dejándote con ramas secas como brazos

y las bolsas de los ojos se hinchan porque no dejas de llorar. Buscas sin tregua, esa carne preciada que una vez fue tan tuya como la que cargas ahora con dificultad, pero nadie sabe nada y te das cuenta que desaparecer es algo muy sencillo.

Entonces te niegas a seguir pariendo,

¿Para que?

¿Para que venga un desgraciado y te arranque parte de tus tejidos y los tire a lo profundo del mar? Las mujeres no pariremos más. Tenemos que negarnos a seguir pariendo más carne para los buitres vestidos de militar. Que no nazca ni un niño más en esta tierra maldita donde el genocidio se perdona. No más partos. No más fecundación sin sentido. Soy Demeter rabiosa, Demeter llena de venganza, de ira. Demeter sin descanso. Demeter con las piernas cerradas, apagando el deseo de sacudirme sobre un colchón lleno de carne hambrienta. Me niego a seguir pariendo. Me muerdo la matriz y me acuerdo de esa piel que una vez me arrebataron sin piedad. Se que la torturaron y luego desaparecieron su esqueleto, esa osamenta bendita que una vez creció dentro de mi cuerpo. Esa fue mi carne durante un tiempo. Pronto me iré a la plaza o a la comisaría para seguir buscando. Esta es la historia de la carne. De esa que pesa y se paga con la vida. Hoy quiero ponerme el pañuelo blanco. Hoy seré la de siempre. La que desató tormentas y atormentó con su voz de caoba. Hoy soy esa, la que da vueltas buscando como loba herida. Olfateando las huellas que la arena del desierto intento borrar. Buscando. Me bautizo nuevamente. Yo sacerdotisa. Yo diosa de mi misma, abandonando a ese dios hombre y negándome a servirle y suplicarle. [...]

 

ACERCA DEL AUTOR

Tere Marichal Lugo, Ponce, Puerto Rico. Dramaturga, titiritera, libretista y productora de televisión. Estudia escenografía en el Instituto de Teatro de Barcelona y en la Universidad de Puerto Rico. Cuenta con dos antologías de cuentos "Penélope, mujeres que esperan" ,"Ojo de sirena". Han representado más de veinte de sus obras, entre las cuales: "Pista de Circo", "Las horas de los dioses nocturnos" (Premio René Marquez) "Isla Antillana", "Rejum", "Cortaron a Elena". Publicó recientemente dos antologías de cuentos infantiles. Actualmente escribe y produce un programa de televisión para niños: "La casa de María Chuzema" que se transmite en Puerto Rico y EE.UU.