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Cine y Televisión
04 06 2007
Diálogo imaginado por Fernando Arrabal para el filme “La posibilidad de una isla” de Michel Houellebecq
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Arielle Domsbale

Eloísa (Arielle Domsbale), filósofa, es la delegada mejicana de la secta. Macedonio (Juan Carlos Varela), biólogo molecular, es el delegado argentino. Conversan, transportados por el lirismo del discurso del ‘profeta de los Elohim’ y del poema sinfónico de Richard Strauss ‘Also sprach Zarathustra’ (‘Así habló Zaratustra’). La grabación de la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan es de pésima calidad y llena de crujidos. Eloísa (feliz y trascendente). —La inmortalidad ya está al alcance de la mano. Macedonio (enamorado y científico). —Anuncia el nuevo milenio. Eloísa. —Me entran ganas de llorar. De felicidad también. Qué bien representan las escenas de las diversas edades del hombre (¡y de sus masacres! ¡y de sus antropófagos!) estas vitrinas en la penumbra que ha imaginado el profeta.

Macedonio. —Ha conseguido que, sumidos en la oscuridad de esta galería, nos sintamos

como si estuviéramos en el cine. Eloísa. —También, sentada sola en la butaca de un cine ¡cuantas veces he llorado! Macedonio. —Sonríeme por favor; de tus labios se cuelgan ¡tantos luceros!

Eloísa. —Qué impresionante y significativo es ver cómo en la prehistoria un oso devora al recién nacido. O los lobos a una cierva. Macedonio. —Para mí es más espeluznante el paralelo que sugiere el profeta con la mujer vieja de hoy volviendo de la compra con un paquetito de galletas y su perro.

Eloísa. —He observado que las viejas salen del supermercado siempre con galletas. Macedonio. —Es el reflejo de la corrupción y del canibalismo contemporáneos.

Eloísa.— Pero ¿por qué lloro contemplando esta corrupción de la misma manera que contemplando una obra de arte?

Macedonio. —La lágrima es una gota de rocío o de orín producida por la glándula lagrimal y la autocompasión. Protege la cornea y el sentimiento trágico de la vida.

Eloísa. —Pero mis entrañas ignoran el condicional, el imperativo y el llanto.


Escena filmada por Michel Houellebecq el 4/06/07 en París

Macedonio. —En esta vitrina Buda —que nunca llora— medita bajo un árbol

Eloísa. —Hubiera querido detener el ciclo de reencarnaciones y por lo tanto de predadores. Macedonio. —La ciudad del futuro será dominada por los predadores y los caníbales. Lo ocuparán todo. Imagino una gigantesca Méjico de nombre E383B27. El gran caos. Eloísa. —Vivimos más que una historia un generador de historia. Es el nuevo milenio. Macedonio. —Pero tú sientes el doloroso placer de llorar. Eloísa. —El crecimiento canceroso del control moral sobre la producción artística provoca el llanto del artista. Macedonio. —Incluso el mío contemplando la “peoplemanía” global. Eloísa. —Tan global que los dos criterios para determinar la calidad artística son ya la fama y la riqueza. Macedonio. —Por eso ya no hay censura de estado: los nuevos censores condenan armados de emoción y de los medios de comunicación. Y en especial de Internet. Eloísa. —El libro resiste a Internet. Macedonio. —Únicamente hasta que haya un libro que se pueda imprimir con buena calidad en el ordenador.

Eloísa. —La edición ¿desaparecerá realmente el día en que podamos leer y escribir sin necesidad de pantalla? Macedonio. —Se puede prever que nuestros antiguos criados o criadas serán substituidos por empleados domésticos capaces de evitarnos el contacto con la pantalla del ordenador.

Eloísa. —El objeto-libro está aún santificado. Como su autor.

Macedonio. —Pero el blog, no.

Eloísa. —Su autor es únicamente un mártir. Macedonio. —Y, sin embargo, la instrumentación de los documentos y de las escenas genera la verdad histórica. Hecha de historias diferentes; ‘blogistas’. Eloísa. —La confusión existió hasta que llegó el profeta. Entre Orión y Sirius, en el firmamento, no ladra ningún ‘corgi Galés Cárdigan’.

Macedonio. —La historia de las excepciones concluyó con la revelación de nuestro profeta Eloísa. —Y el milenio pudo comenzar con la caída de las ‘Twin Towers’. Macedonio. —Este accidente es insuficiente para considerarle como el inicio del Milenio.

Eloísa. —Es verdad, tiene que anunciarlo algo más determinante para el género humano que la destrucción de las torres Macedonio. —El comienzo será efectivo cuando el primer hombre artificial, el primer clon humano, sea realmente producido en laboratorio.

Eloísa. —Tiene razón, como siempre, el profeta. Macedonio. —Clonar ratones es un paso. Pero cuando el propio hombre sea capaz de crear vida, sin necesidad de sus órganos o de sus substancias, estaremos en otro milenio. Eloísa. —El profeta nos da algo mejor que la esperanza: las decisiones.


Michel Houellebecq y Fernando Arrabal

 

ACERCA DEL AUTOR

Fernando Arrabal nació en Melilla (Marruecos Español) en 1932, de padre republicano y madre franquista. Su padre era oficial del ejército español. Desde 1954 reside en París. Algunos títulos de sus dramas: "El cementerio de automóviles", "La comunión solemne", "El arquitecto y el Emperador de Asiria"... Sus películas: “Viva la muerte", en la que describe su infancia, atormentada por la desaparición de su padre durante la guerra civil española y la dictadura franquista. Además es poeta y pintor, como lo muestra el voluminoso libro de arte, "Arrabal espace", editado en francés en 1993 por Ante Glibota, y que presenta su obra literaria, dramatúrgica, cinematográfica y artística. Recibió en España el Premio Nacional de Teatro 2001, el Premio Nacional de Literatura Dramática 2003 y en 2006 le concedieron la Legión de Honor francesa.