Martes 20 | Febrero de 2024
Director: Héctor Loaiza
7.025.015 Visitas
Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
resonancias.org logo
157
Arte
1 2 2012
Una lectura católica de Courbet por Jean Luc Chalumeau


El Museo de Orsay de París acaba de reorganizar a fondo sus plataformas destacadas: excelente ocasión para volver a ver una de las obras maestras absolutas del siglo XIX, El taller de Gustave Courbet (1), donde el artista expuso su visión de la pintura. La célebre “alegoría realista que determina una fase de siete años de mi vida artística” está mejor iluminada. Como siempre, nos sorprende bastante: en 1855, un artista revolucionario era capaz de hacer “arte vivo” por medio de una formidable síntesis de su observación de la realidad y de su conocimiento de los maestros españoles, flamencos y venecianos del siglo XVII. Yo creía saber todo sobre este lienzo, especialmente gracias a la erudita reseña de Laurence des Cars, conservadora del Museo de Orsay, publicada en el catálogo de la gran exposición de 2008, de la cual era una de las curadoras: identidad de cada una de las numerosas figuras repartidas en dos mundos opuestos y, sobre todo, la ambición del cuadro a través del cual “Courbet inventaba un estilo inédito para pintar un artista en sociedad y dentro de la sociedad. Así, la obra reivindica también en filigrana el mensaje complejo de Velásquez de Las meninas, el de un pintor invitándose en el centro de la representación política”. He ahí lo que semejaba pasar en revista la cuestión.

Y, ¡no sabíamos todo! He aquí que aparece un excelente libro de Denis Coutagne, conservador jefe del patrimonio que fue durante mucho tiempo responsable del Museo Granet de Aix en Provence. Con el título Cézanne – abstracción hecha (2) el autor desarrolla una verdadera historia de la pintura de Enguerrand Quarton a Georges Rouault desarrollando detenidamente el caso Courbet con una interpretación que se puede calificar como “católica” de El taller. El artista de Ornans ¿acaso no califica su obra de “alegoría realista”? Se podría desde luego pedir a la alegoría de ser ella misma la representación de la realidad considerándose al mismo tiempo como alegoría. “Courbet quiere así suprimir la distancia tradicional entre la «palabra» y la «cosa», entre la imagen como modo de representación y la realidad así representada. De cierta manera Courbet retoma la naturaleza sacramentada de la Eucaristía para aplicarla a la pintura” (p. 94). Denis Coutagne evoca que, en la última cena, Cristo, al decir: “esto es mi cuerpo, esto es mi sangre” sentará las bases de la teología católica que reconoce en el pan y el vino consagrados la “presencia real” de Jesús en su muerte y resurrección. “¡Ninguna alegoría no podía ser más realista que aquella!”

He aquí el lienzo convertido de cierto modo en un sacramento que no cumple, por cierto, la transubstanciación de una realidad carnal en realidad divina, “pero de una realidad humana (el pintor en el ejercicio de su oficio) en realidad pictórica devenida su sentido oculto, el de expresar por consiguiente la verdad”. Y, de hecho, ningún comentario antes de Denis Coutagne no supo a mi conocimiento descubrir la presencia, detrás del cuadro de un paisaje que el artista pinta, de una figura evidentemente crística: “un hombre desnudo está como suspendido a un poste en una actitud que parece ser la de un crucificado. A sus pies, ¡un cráneo como se ve en todas las representaciones del Gólgota!” Sigue una reflexión apasionante en la cual el autor aplica al cuadro su interpretación católica sin, por supuesto, pretender que el ateo Courbet sea un maestro del arte sagrado. Lo que no le impide afirmar: “el artista, escenificándose, significa que su gesto tiene valor «crístico»: la verdad de la pintura es indisociable de la salvación social y política. Aun más, la cumple… metafóricamente.” ¿Interesante, no? En todo caso, es una justificación para hacer otra visita al Museo de Orsay.

(1) Gustave Courbet (Ornans 1819 – Vevey 1877). Se instaló en París en 1839 para consagrarse a la pintura. Desde el principio, al exponer sus obras provocó escándalos. Personaje de ideas revolucionarios participó en la Comuna de París en 1871. Sus obras más conocidas son “El entierro en Ornans” y “Las señoritas en las orillas del Sena”.
(2) Cézanne – abstraction faite, por Denis Coutagne, Editions du Cerf, collection “Images et beaux libres”, París, 2011.
acerca del autor
Jean-Luc

Jean Luc Chalumeau, crítico de arte francés, vive en París. Es profesor en el Instituto Superior de Carreras Artísticas (ICART). Enseñó en la Escuela Nacional de Administración (ENA) y en Ciencias Políticas de La Sorbona. Fue director de la revista “Opus International” desde 1981 hasta 1995 y es director de la revista “Verso Arts et Lettres”, publicada por la Editorial Cercle d’Art. Se desempeña en la misma editorial como director de la colección “Decouvrons l’art” (Descubramos el arte) que ha publicado monografías sobre Dubuffet, Modigliani, Tapies y Zao Wou-Ki. Ha publicado “Una introducción al arte de hoy” y «La Nueva figuración, una historia de 1953 a nuestros días», Éditions Cercle d’Art, París, 2003.