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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Poesía
2 5 2014
Utopía Menor, de José Antonio Cedrón

*

a Carlos Díaz, Caíto

Aquella plaza con sus monumentos,
sus árboles, sus sombras,
todo fue desplazado por el tiempo, destruido, perdido.
Y la suerte corrida por los próceres
casi desconocidos que la habitaban
–ese enigma tan vago–
se ha quedado en las piedras
de esos días. Y porque ya no existe, quizás,
es sólo tuya.
La inquietante nostalgia que demoran
los sueños, como las viejas tumbas
de parientes que sólo conociste
por enorme retratos ovalados,
te pertenece ahora
que recorres el gesto para verlos,
levantando la vista
por arriba del hombro de tus vidas.
Mirarás ese cuerpo de una mujer
     de entonces
como a una mapa del mundo
tal cual era
cuando el amor le daba movimiento
y su boca era un juego
de intimidad dormida
que movía la noche.
Estarás junto a ellos, detrás, al lado,
en ellos.
En un desconocido recogerán tus ojos
la edad de aquel que fuiste
en el umbral de mármol
–antes de entrar al mar y regresar
     hasta hoy–
con la pena confusa del mismo desamparo.
Y te querrás en él
con los sobrentendidos de la ausencia.
La historia intransferible que esos cielos
     dejaron en tus manos,
te devuelve al anillo del primer inmigrante
     que pronunció tu tierra
y no vio estas miradas.
Con todo lo ignorado de esas muertes    
     reales
construyes el pasado que te anuncias.
El tiempo sobrevive reteniendo
     en sus manos
lo que desordenamos con las nuestras.


*
Entre los jeroglíficos hallados en tu almohada
enfrentarás la mueca de los días.
La distancia idealiza.
El sueño solamente demora esa costumbre.
Las miradas de entonces
no quieren saber nada.
La mano que aún extrañas acostumbró su piel
al paso de tu ausencia.


*

Mis muertos no son dioses
cambian con el peso de los años
me levantan de noche a caminar con ellos
me hablan del futuro, entre cenizas
piden un vaso de agua a mitad del camino
alzan la voz las manos la mirada
furiosamente
discuten con la vida
no son dioses.
Mis muertos se llevaron la cordura
apretada en el pecho

y la respiración empedernida
su rostro lentamente de la mesa
una impotencia extraña entre los dedos.
Mis muertos no son dioses
no cargan con mi vida ahora ni nunca
pero viajan en todo mi equipaje
son una certidumbre, no una carga.
Mis muertos no son dioses.


*
Fue de noche, tan frío, entre columnas anchas
después de habernos dado en la boca
en los dientes
como un temblor nos vimos,
había tanto y poco como en este presente
pasado sin saber.
Recogimos vestido para el viaje,
resistente vitualla, zapatos que duraran
la pasión del camino, días y noches semejantes.
Nos llevamos las cartas, los planos, embarcamos
y nunca imaginamos que aquellas pertenencias
fundarían ciudades, darían hijos, vientos,
estaciones de lluvia.
Aquello que era apenas una ilusión formada
a orillas de tu cama –donde pasan los ríos de un país–
crearía un delirio jamás domesticado.
Nunca pensé que fueras un espesor de sombras
que turbara los ojos,
el matiz de una ausencia que no puede escribirse.
Pasamos turbulencias, el azar intrigaba
yo tenía gitanas en mis manos
cruzaban por sus líneas
y eran como el olvido
que venía a buscarnos
y nunca supo nada de nosotros.

Puerto de Veracruz, México


*
UTOPÍA MENOR

El silencio en sus voces dicta cartas que nadie
escribirá/ mientras se besan ellos/
se murmuran se enjugan se acarician
el mundo espera afuera –en otro mundo–
como niños que miran su aspiración
los amantes no saben su tamaño/ sólo se
homenajean engrandecen celebran
cruzan ríos colinas se dan tregua se beben
se deshacen de cuerpos que tuvieron pasado
entre sus cuerpos
izan sus manos nuevas liberan territorio
centímetro a centímetro
pero nunca se expropian ni se toman rehenes
ni conspiran ni endeudan
y con líneas ya libres de fronteras
se dibujan, dibujan y dibujan
y se iluminan tanto que hasta se transparentan
como una hoja mirada por el sol.


*
Desconfía del que ama: tiene hambre,
no quiere más que devorar.
Busca la compañía de los hartos.
Ésos son los que dan.
Rosario Castellanos

Amaré a esa mujer por la impureza
que descubren sus pájaros salvajes
por los desordenados colores
que ella trae a este mundo, blanco y negro.
Su poesía corrige mis lugares comunes
me pone en evidencia a cada línea.
Apenas la conozco después de tantos siglos
de lavarnos la frente y de juntar las manos:
aquel rigor de látigo obediente que penetró
la carne y dio nombre al pecado y a la culpa.
Los custodios que nombro son piedras
de los templos, la quiebra de los justos.
Ella enseña otra historia, intraducible aún
a esa mitad que un día creyó saberla entera.
Y no hay resurrección ni costumbre que pueda
una vez que vio el fondo de las sombras opuestas.
La salvación no quiero, ese chantaje,
quiero sólo la vida de esa mujer que parte
las mitades que faltan del silencio.
La amaré con justeza de asombro milenario
de misterio reciente, poco a poco,
su libertad y la mía descubiertas
para que sea ella, y yo sea yo.


*
No hubo lucha de clases cuando dimos batalla
sólo daños menores en la mampostería
cuyos antecedentes no pueden atribuirnos
fallas de construcción en el armado del cielo
incontrolables nubes y neblina constante
durante el acarreo de la luz.
Rasguños en la piel también menores
cansancio en la energía de los astros
que dieron de morder.
Sí algo de lava y polvo que escaparon
por las escaleras de emergencia
que no sería honesto negar aquí.    
Caricias que acabaron despertando combate.
El roce de la carne con los filos del tiempo.
Me deslicé en tu cuerpo como por esos pueblos
que después de sus calles el desierto.
No te besé la espalda ni las piernas
para que la tormenta
no entrara en tu equipaje.
Ahora, con más calma, mirando
por los ojos de huellas y testigos
¿qué margen le darías a este temblor
en la escala de Richter?


*
DESHORAS

Haces mal en llegar improvisadamente.
Tus ojos son inquietos, dibujan geografías
y hace un tiempo difícil, y abunda la maleza.
Juguemos a las cartas
no hay nada que apostar.
Los monumentos lloran de vergüenza
se quieren despedir
firmarían sin más trámite su olvido.
Podríamos armar un mundo de papel
tamaño oficio, donde entraran
tus peces de colores y mi resignación
pero no tengo planes.
Mi pecado es sincero
no deberías confiar en un oso polar
lo dije en otro libro
tienen cuentas pendientes todo el tiempo
duermen del lado opuesto al corazón
para que el aire silbe
y sobre el frágil hilo de la noche
pronuncian algún nombre de canción o país.
Esta casa es pequeña, la gente se incomoda
las palabras me roban muchas horas
y me extravío en ellas como un borracho ciego
arrojado en un bosque.
Si vivieras aquí no tendrías teléfono, sol,
canario flauta.
Los golpes de reloj sobre la pobre suerte
dan pavor.
Tus ojos son inquietos, seamos francos
la realidad ha crecido de peso como un muerto
si me pasara algo ni testamento dejo
libros, perro, macetas no interesan a nadie.
Podría cerrar tus planes con un beso de miedo
y oscurecer también.
Podrían suceder muchas más cosas
qué pasaría después.
Es un tiempo difícil, te lo digo
se iría el presupuesto en aspirinas.

acerca del autor
José Antonio

José Antonio Cedrón nació en Buenos Aires, Argentina, donde comenzó a publicar en la década de los años 70, e integró la mesa directiva de la Agrupación Gremial de Escritores Argentinos. Vivió durante una década exiliado en diversos países de Latinoamérica. Posteriormente, en los años 90, en la Ciudad de México, fue coordinador de Ediciones del diario unomásuno y se desempeñó como editor de la revista Este País. Publicó los poemarios La tierra sin segundos, De este lado y del otro, Actas, Vidario. Y el reportaje novelado El Negocio de la Fe. Parte de su obra fue traducida al francés, inglés, portugués, italiano y catalán. Obtuvo el II Premio Concurso Cincuentenario del Periódico Alberdi, en Buenos Aires. Trabajos suyos fueron musicalizados en Argentina, México, España, Nicaragua y Costa Rica. Como docente, impartió en el Diplomado de Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), y tuvo a su cargo la cátedra Lengua y Comunicación para maestros que cursan Docencia en Artes en el Centro Morelense de las Artes (CMA) de la Ciudad de Cuernavaca, Morelos.