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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Literatura
2 1 2015
Movimiento Kloaka: Escribir en tiempos de guerra por Patricia de Souza

En este momento en que la política ocupa todos los espacios y cuestiona el rol de la literatura como expresión aislada de su contexto, es importante hablar del movimiento vanguardista Kloaka en Perú. Este grupo integrado por mujeres y hombres que escriben poesía y novela, por artistas y músicos en los años ochenta, previos a la oleada violenta que desató Sendero Luminoso posee elementos que pueden ayudar a entender mejor ciertos momentos históricos. De hecho, ha habido en Perú varios movimientos que han buscado la renovación del idioma, romper moldes sociales, oxigenar el espacio público, el caso de Hora Zero es importante, pero sucede que Kloaka aparece justo después, cuando Lima es cada vez más una metrópoli cruel, durante el primer Gobierno de Alan García y en plena crisis económica. Las ciudades más grandes se parecen mucho a la atmósfera de Todas las sangres, de José María Arguedas, lugares de enfrentamientos sociales y vejaciones, donde el lenguaje reproduce los cortes sociales, la división entre ricos y pobres, sobre todo el racismo y el desprecio por las clases populares (mayormente andinas), ahora llamadas emergentes. Las ciudades y la población han crecido y en ellas sobreviven comunidades semifeudales, domina el modelo de la modernidad occidental, tapa de una suerte de olla a presión.
De ahí sale Kloaka. El nombre hace metástasis con la ciudad que se divide en espacios baldíos, inhumanos (una cloaca), que reflejan una crisis de valores, pero también una ausencia de modelo de país. Según Roger Santiváñez, uno de los fundadores del grupo, fue una revuelta poética que empieza en un café de Lima, el Wony, durante una conversación con Mariela Dreyfus, “un estado de ánimo, una utopía”, precisa ella, surgido del deterioro de la democracia parlamentaria que abrió paso a la irrupción de grupos armados como Sendero Luminoso Revolucionario Mariateguista, tanto como a “la guerra sucia” que siguió en esos años. De hecho, la crisis del lenguaje empezaría ahí, en ese instante en que una gran parte de la creación literaria se encuentra frente al dilema de no saber cómo situarse frente a un hecho sangriento, donde la radicalización y la fragmentación de la sociedad convirtió a las personas en perseguidoras de sí mismas, cada persona era un policía.
Otro aspecto interesante de este movimiento fue incluir artistas plásticos, Fernando Bryce, Enrique Polanco, y crear una “ola expansiva” en la que participaron otros autores como Domingo de Ramos, de una poesía oral que habla desde el mundo marginal de la pobreza, de lenguaje lumpen, chicha, achorado . O mujeres que pudieron liberarse de los lastres de la dominación simbólica atacando mitos femeninos, Mariela Dreyfus y Dalmacia Ruiz Rosas y el mundo andino y quebrado de Mary Soto, además de los adherentes de diferentes partes del país como Rodrigo Quijano, Bruno Mendizábal o Rafael Dávila. Entra también el rock en su versión andina, chicha, fusión de rock y música del ande de Los del pueblo y Kola rock . Nótese la nomenclatura, chicha, andesground, achorado, lumpen, Kloaka, con el fonema quechua “k”. La desenvoltura es obvia y no renuncia a la política, a Marx, a Mariátegui, al tiempo que hereda posturas del dadaísmo y el surrealismo. Sin embargo, la taxonomía es inclemente en una sociedad que mantiene privilegios y que ha fosilizado a la esfera política. Sendero Luminoso terminará por asfixiar y marcar el apoliticismo de los años que siguen, la entrada de Fujimori etcétera. La imagen más intensa es la frustración de una generación frente a la historia de ese joven de Huancayo que baja a Lima para hacer música y desilusionado se vuelve a la sierra para enrolarse en las filas de Sendero. La necesidad de dar sentido a ese tiempo de la historia suena como el sonido intenso de la zampoña en los Andes.