Sábado 13 | April de 2024
Director: Héctor Loaiza
7.195.027 Visitas
Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
resonancias.org logo
157
Literatura
23 5 2018
Un fragmento del último diario de Alejandra Pizarnik

Ayudar a lo que en mí quiere destruirse. Esta vez sin placer. O no. Los rostros de los demás, en mí, adquieren una hostilidad de fantasmas vengativos. Cómo ayudarlos a exterminarme. Cómo darles la razón. Sexo y muerte. Mi madre y su prohibición tácita de mi suicidio. Suicidarme para desobedecer a mi madre. Para abolir lo que ella tal vez desea tanto que lo llama amor. O mi miedo por su tácita prohibición de que yo muera pudiera ser mi deseo de que esa prohibición exista.

Lo que pasó con C. es mi pretexto definitivo para suicidarme. Provienede lo que no pasó con M. J. (que tal vez representa a M. L.). Me enfurece dejarle «el puesto libre». Además, desde ayer, descubro las miserables personalidades de mis amigos –también la mía, naturalmente–. ¿Por qué C. me hizo tanto daño? Por literatura mala, por exceso de conversaciones pseudometafísicas. Pero yo le dije que me iba a herir. Yo quise. ¿Lo quise yo? No puedo creer que quiera herirme, que nadie se tome la pena y el trabajo de herirme si no es por omisión de no herirme; por ausencia (M. J. y M. L.). En cuanto a L., mi presencia perturba su voluntad de paz, de flores, pastos, animales, dulzura del aire y del viento… Yo le recuerdo lo imposible. Testigo de la imposibilidad de vivir. Otra cosa: actúo como alguien extranjero a este mundo (decir lo que no se debe, hacer lo que nadie hace) para luego dolerme de las consecuencias de una manera filistea y miserable. Ahora, ayudo a lo que en mí quiere reventar definitivamente. Pero mi madre y su reacción ante mi suicidio… Antagonismos. Imposibilidad de continuar un contenido mental, exceptuando [tachado] Necesito del éxtasis. Miroir morne. Del éxtasis y del testigo. Peligro de la soledad: alienación, transformarse en el propio testigo admirado u horrorizado. Dije éxtasis. Más bien diré: orgía sexual perpetua. Culpa posterior. El miedo a quedar encinta. Quedarme preñada es sinónimo de muerte. Es un sonido de alarma. Algo que me dice: Se cerró el cielo. Anillo perfecto. Escribo esto en pleno terror. Si C. me embarazó no podré suicidarme. No se trata de abortar o tener un hijo. No me asusta. Aunque esperar un hijo sería quedarse encerrada en un ascensor entre dos pisos, en plena zona de asfixia. Abortar no me da miedo ni culpa. Sí, me da miedo de recibir un castigo no menos asfixiante: prisión a perpetuidad. No podré vivir un solo día con un hijo, con algo creciendo y alimentándose de mí. Así lo habrá sentido mi madre cuando yo me anuncié. Al menos, así me lo hizo sentir años después. De manera que tal vez me queden algunas semanas de vida. ¿Lamentarlo? Sí. Me duele dejarle el «puesto libre» a C., que tal vez se acostó conmigo porque yo, en cierto modo, represento a M. J. Esto enloquece de hastío: repite lo de M. M. Haberme acostado con C. «presionada» por M. J., que no quiere quererme. O no puede de la manera que yo necesito que me quiera. Exilio de M. J. Como si me hubiera expulsado. Si me expulsó yo tenía que actuar como una puta. Pero ¿por qué C. no supo cuidarme? O no quiso. O no pudo. O estaba tan ebrio como yo. Este suicidio es una venganza. Entre otras cosas… También está el irremediable absurdo de mi vida y de toda vida. Lo absurdo es el límite. Tal vez M. J. me quiere o quiso amarme esa noche y tuvo miedo de pretendidos límites «naturales». Pero también: hice lo «posible» para que M. J. se negara, dificulté la realización de lo que en otras «condiciones» tal vez hubiera aceptado.

acerca del autor
Alejandra

Alejandra Pizarnik, Buenos Aires, 1936. Obtuvo su título en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires y posteriormente viajó a París hasta 1964 cuando estudió Literatura Francesa en La Sorbona y trabajó en el campo literario colaborando en varios diarios y revistas con sus poemas y traducciones de Artaud y Aimé Cesaire, entre otros. Es una de las voces más representativas de la generación del sesenta y es considerada una de las poetas líricas y surrealistas más importantes de Argentina. Su obra poética está representada en “La tierra más ajena”, 1955; “La última inocencia”, 1956; “Las aventuras perdidas”, 1958; “Árbol de Diana”, 1962; “Los trabajos y las noches”, 1965; “Extracción de la piedra de locura”, 1968; “El infierno musical”, 1971 y “Textos de sombra y últimos poemas”, publicación póstuma, 1982. Muere en París en 1972.