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Desde 2001, difunde la literatura y el arte — ISSN 1961-974X
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Arte
23 3 2008
Wifredo Lam, surrealismo afrocubano en el Miami Art Museum (MAM), por Carlos M. Luis
Debido a que Lam fue un artista afrocubano (con ancestros chinos), la tentación de encerrarlo en formulismos relacionados con las creencias religiosas de los negros de su país natal, se convierte en parte socorrida de cualquier interpretación que se haga de su pintura. Pero esto sólo nos brinda una explicación parcial de su mundo, que es mucho más complejo. La historiadora Dawn Ades, una de las contribuyentes al catálogo de la muestra, comienza su ensayo afirmando que "las relaciones de Lam con el surrealismo han sido minimizadas en años recientes a favor del contexto afrocubano de su obra". Creo que tiene la razón. Habría que advertir, partiendo de este principio, que desde sus primeros pasos en la Academia de San Alejandro hasta su estancia en Madrid donde arribó en 1923, la pintura de Lam no ofrece trazos de una iconografía afrocubana. Por el contrario, su pintura, que va desde un academicismo formal, hasta la adopción de un estilo más propio que le toma prestado colores y ornamentos a Henri Matisse, se encuentra anclada en la tradición europea, y en la misma permaneció durante toda su vida aunque con las variantes que le brindaron diversas influencias de culturas llamadas primitivas.

Por otra parte un ambiente proclive a asimilar las artes provenientes de esas culturas, sobre todo la Africana, que desde bien temprano en el siglo XX habían adoptado los cubistas y expresionistas, no podía haberle sido indiferente. En este caso tanto las máscaras e ídolos africanos que viera en Madrid como más tarde ya instalado en París en 1938, su encuentro con Picasso, le proporcionaron los ingredientes necesarios para que su pintura adoptara su estilo definitivo. A su vez el maestro malagueño lo conduce al círculo de los surrealistas y en especial a André Breton, quien percibió en el joven pintor cubano el potencial poético de una raza que iba reafirmando cada vez más su presencia en la cultura occidental. Eran los momentos en que los surrealistas comenzaban a inclinarse hacia la búsqueda de otras fuentes donde habitara lo maravilloso. Francia estaba al punto de colapsar ante el ímpetu del ejército alemán provocando una diáspora de intelectuales y artistas hacia el Nuevo Mundo. Lam fue uno de los que se marchó junto con los surrealistas a Marsella en espera de su traslado a la América. Fue allí que Breton lo invitó a que ilustrara uno de sus poemas más bellos: Fata Morgana, y además a que le confeccionara las imágenes para dos de las láminas del Tarot creado por los surrealistas. De esa forma una estrecha colaboración entre el poeta y el pintor comenzó a formarse, al punto que cuando al fin ambos alcanzaron tierras americanas, fue el autor de Nadja quien titulara los cuadros que el cubano le enviara para una muestra en la galería de Pierre Matisse en 1944.

Poco antes, sin embargo, tanto Lam como Breton y André Masson llegaron a la Martinica a su salida de Marsella y allí se encontraron con el poeta Aimé Césaire quien había terminado su gran poema Cahier d\'un Retour au Pays Natal. Ese encuentro fue esencial para todos ellos, produciéndose en Lam otra eclosión que habría de expresarse en Cuba: aquella de la negritud cantada por el poeta martiniquense. En Cuba Lydia Cabrera tradujo de inmediato el poema al español y es a Lam a quien le pide las ilustraciones. Todo esto quiere decir que teniendo como punto de partida el sustrato de la tradición pictórica europea (como lo viera Breton en su ensayo sobre Lam) se produjo en su pintura una integración de diversas fuentes culturales (la "transculturación" que Fernando Ortiz acuñara en sus trabajos de etnología), donde aparecen desde los símbolos de la religión afrocubana hasta diversas imágenes relacionadas con el esoterismo y la demonología europea, como podemos observar en sus cuadros La Boda (1947) y Belial emperador de las moscas (1948).

La exposición del MAM cubre distintos períodos de la carrera de Lam, poniendo énfasis en las décadas de los cuarenta y cincuenta, o sea, sus mejores décadas. Existen naturalmente obras importantes realizadas posteriormente. Por ejemplo, su obra gráfica más valiosa como Apostroph\' Apocalypse o Le Regard Vertical, realizadas respectivamente en 1967 y 1973, pueden ser vistas en la galería Latin Art Core, donde se encuentran expuestas como parte de la colección de Beatriz Peña.

Hacia tiempo que Miami le debía a Lam un homenaje y al fin el MAM ha cumplido con ese deber cultural. La obra de este pintor continuará dando ocasión a opiniones diversas acerca de las fuentes últimas de su inspiración. Mientras tanto una visita al MAM nos facilitará abrirnos a un mundo pictórico cuya riqueza dista mucho de mostrar signos de agotamiento, como lo demuestran los ensayos publicados en el catálogo de la exposición.
acerca del autor

Nacido en Baguala Grande (Cuba) en 1902, estudió en la Academia de San Alejandro de la Habana y después en la Academia de San Fernando de Madrid (1923) donde conoció a Picasso. En París, se relacionó con los surrealistas. Lam expuso en 1939 en la galería Pierre Loeb y trabajó en el estudio de Picasso. Ante la ocupación alemana de París, regresó a Cuba para consagrarse a la pintura. En sus viajes por el Caribe se interesó en los rituales del vudú haitiano y de la santería cubana incorporándolos a su imaginería pictórica. Expuso en 1947 en Nueva York. En 1951 Lam volvió a París, residió también en Italia, y falleció en la ciudad luz en 1982.